¿PRI transmilenario o parteaguas <br>hi

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Este domingo se decidió en las urnas la Presidencia de la República. Cualquiera que haya sido el resultado, se perfiló el nuevo rostro de México. No ya la palidez monocromática, sino el mosaico complejo, mutante, contradictorio, pleno de claroscuros...

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Cualquiera que haya sido el resultado (¿prevaleció el aparato o venció el hartazgo con el viejo régimen?), se afirmó el implante de la diversidad, el “no” rotundo al país de la certidumbre (electoral) y de las unanimidades automáticas. Pero los saldos traducen algo más: la exigencia de repensar a México y de avanzar en las tareas pendientes de la transición. En lo social, atender las distintas formas de violencia apenas encubiertas. En lo político, acompasar el andamiaje jurídico, las instituciones y los usos, al nuevo tiempo.

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El resultado expresa la nueva radiografía social. Si ganaron Labastida y el viejo PRI (el único existente), el corolario no puede ser el engreído “¿no qué no?” y, mucho menos, la posposición del cambio. Si vencieron Fox y sus cuates, sería frustrante la restauración del presidencialismo providencial, del salvador de la patria.

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El triunfador y los vencidos tienen por delante tareas cruciales: detener los reflejos e inercias de una cultura política premoderna; resistir la tentación del madruguete: ganar en las calles y en la plaza pública lo que aún no se habría definido en las urnas.

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Todavía están ahí el impasse en Chiapas y los focos guerrilleros en Oaxaca, Guerrero y otras entidades. En la UNAM, en las normales rurales y en otras instituciones públicas de educación, persisten las condiciones estructurales que alimentan los conflictos: la ausencia de destino para cientos de miles de jóvenes. Permanece exultante, impune, la inseguridad pública impuesta por una delincuencia coludida y confundida con la autoridad encargada de perseguirla.

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Chalco —que fuera el espacio emblemático de la política social del salinismo— se muestra real, con toda la virulencia de las imágenes televisivas, inundado de aguas negras.

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Los saldos de las urnas no modifican sino subrayan el mapa contradictorio de México en el cambio de siglo. Frente al asomo democrático, el retroceso social... Detrás del pequeño país de los triunfadores, un subcontinente que se extiende como una enorme mancha por toda nuestra geografía: el México de los excluidos... El país habitado por mexicanos que no viven, sobreviven.

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Un escenario contradictorio, de una fragilidad inquietante, donde se oculta el México bronco. Ése es el espacio en el que se ubica el primer gobierno del nuevo milenio.

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