¿Qué rumbo tomará Celanese?

Las piezas del ajedrez químico mundial siguen moviéndose. Celanese Mexicana es una de ellas. ¿dó
Ulises Hernandez

Los ejecutivos de Celanese Mexicana nunca habían vivido tiempos tan agitados desde que la compañía se fundó hace 55 años.

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Desde finales de 1998, los directivos han experimentado prácticamente de todo: ventas de activos estratégicos, cambios de régimen de propiedad y de directores, mudanzas de oficinas corporativas.  Y el ajetreo todavía no termina. “Lo único constante que hemos tenido es el cambio”, comenta Dolores Labrador, una de las gerentes de esta firma. Líder en la producción de químicos industriales, como el ácido acético y el acetato de vinilo, Celanese Mexicana –adquirida recientemente en su totalidad por el grupo farmacéutico alemán Hoechst AG– padece los efectos de la fusión entre este gigante germano y su contraparte francés, Rhône-Poulenc. Ambos grupos europeos decidieron meter a fondo el acelerador para fusionar sus divisiones de ciencias de la vida y crear un coloso denominado Aventis, que se ubicaría como la segunda firma más importante en su ramo en el mundo.

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Pero, para concretar esta fusión –considerada una de las más grandes de Europa– tanto Hoechst como Rhône-Poulenc prometieron dejar de lado el resto de sus negocios industriales. A fin de cumplir con ese compromiso, el poderoso grupo alemán adquirió 100% de Celanese Mexicana, para integrarla a Celanese AG, su división mundial de negocios químicos; aunque este es un paso intermedio, pues luego procederán a su desincorporación, lo que ocurrirá en el transcurso de este año. Para entonces ya será una compañía independiente de Hoechst.

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Desde hace meses, los alemanes pensaron en un esquema de escisión o separación para desincorporar a Celanese AG. El proyecto, acordado en principio el pasado 11 de mayo, deberá ser aprobado en una asamblea internacional de accionistas de Hoechst, a mediados del mes entrante. Celanese Mexicana enfrenta estos cambios en medio de un panorama difícil para la industria química mundial: los precios se encuentran deprimidos debido a una sobreoferta de productos –situación agudizada por la crisis asiática de 1997, que abatió la demanda esperada en la región–.

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La vida después de Saba
Hasta 1998, Celanese Mexicana conservaba intacta la estructura con la que venía operando desde hace años: 51% de su capital accionario era propiedad de Hoechst, cerca de 47% pertenecía a inversionistas mexicanos –a Isaac Saba Raffoul (30%) y a Carlos Slim Helú (17%)– y el resto se cotizaba en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV). La firma tenía dos grandes ramas de negocios: la división de fibras, que comprendía la fabricación de poliéster y de envases de resina PET, y la de químicos, que agrupaba la producción de ácidos, solventes, películas y plastificantes. Más de la mitad de sus ingresos eran aportados por la división de fibras.

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Pero la fiebre de fusiones cambió radicalmente las cosas el año pasado. Con miras a la creación de Aventis, Hoechst dio el primer paso al vender Trevira, su grupo mundial de negocios de poliéster; el paquete incluía los negocios de fibras y PET de Celanese Mexicana. Los compradores fueron Saba y el empresario estadounidense Robert Koch, de Koch Industries, quienes crearon un consorcio denominado KOSA para adquirir 100% de Trevira, en una operación cuyo monto no ha sido revelado pero que los expertos ubican en $3,000 millones de dólares.

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En contraparte, en diciembre pasado Isaac Saba vendió a Hoechst su participación accionaria en Celanese Mexicana y dejó la presidencia de la compañía. Conforme a su plan de consolidar a Celanese AG, la firma alemana adquirió también las acciones de Carlos Slim y cerca de 3% que estaba en manos de inversionistas institucionales; es así como Celanese Mexicana dejó de cotizar en la BMV y se convirtió en una empresa completamente privada en manos de Hoechst.

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Junto con los negocios de poliéster y PET, Saba y Koch se quedaron con 5,000 empleados y con una planta en Toluca. También se llevaron una parte importante del flujo de ventas de Celanese, que en 1997 facturó $9,619 millones de pesos, ingresos que en más de 65% fueron generados por los negocios de poliéster y PET.

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Como consecuencia de la venta de estos activos, la empresa ha concentrado sus actividades en la producción de químicos básicos y ha redefinido sus estrategias. La desincorporación de Trevira “nos deja más especializados, nuestro alcance es más cerrado, pero nos deja siendo una compañía líder en lo que hacemos”, explica Francisco Puente, director general de Celanese Mexicana. Más de dos terceras partes de la producción –esto es, 67%– corresponde a químicos, 21% a celulósicos (conocidos también como acetatos), 9% a películas de polipropileno BOPP y 3% a otras especialidades químicas.

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Celanese Mexicana emplea hoy a 2,200 personas y su facturación es del orden de $500 millones de dólares. Según Puente, los negocios químicos de Celanese crecieron alrededor de 50% en los últimos cinco años, a un ritmo cercano a 10% anual. “Nos quedamos con negocios con crecimiento, tanto en el mercado doméstico como de exportación”, afirma.

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El único inconveniente es que no se ha reactivado el ciclo de la industria química. Tan sólo en 1998, el precio internacional de los químicos registró una caída promedio de 20%, y, aunque comienzan a presentarse indicios de recuperación en los precios de algunos precursores químicos, la situación sigue siendo desfavorable. La adversidad del entorno ha despertado dudas sobre la supervivencia de las empresas químicas. Pero ese no parece ser el caso de Celanese. “A pesar de que estamos en una situación del mercado mundial de químicos muy precaria, todavía somos un negocio viable. Hay compañías que con estas condiciones de precios ya quedaron fuera, pero nosotros seguimos siendo competitivos”, asegura Puente.

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Si han podido enfrentar las contingencias es gracias a que lograron mayor eficiencia en la fabricación de materias primas que algunos de sus competidores y a que consiguieron mantener bajos los costos de producción. El alto nivel de exportaciones también ha contribuido a su buen desempeño. Del total de su producción, 45% se exporta a 27 países; el resto se queda en el mercado local.

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Celanese Mexicana seguirá siendo un pilar de la industria química, coinciden analistas del sector. “Su posición en México es bastante sólida. Gran parte de la cadena de especialidades químicas en el país depende de los productos básicos fabricados por Celanese”, señala Héctor Gutiérrez, analista y director de la firma regiomontana Gutiérrez Consultores. La firma es líder en la producción de celulósicos, como la llamada “mecha de cigarro” –el material con el que se fabrican los filtros– y el filamento de acetato, fibra utilizada en la fabricación de textiles, como los bodies (prendas interiores) femeninos y los forros para sacos de vestir. La empresa también ostenta el liderazgo en la producción de químicos básicos como el ácido acético, que sirve a su vez como materia prima para producir acetato de vinilo y acetato de etilo; ambas sustancias son utilizadas en la elaboración de pinturas. Y es, asimismo, el productor más importante de acrilatos, materia prima para la elaboración de fibras acrílicas y polímeros absorbentes que se emplean en la fabricación de pañales desechables.

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Por si eso no bastara, la firma ocupa la primera posición en la producción de películas, como el propileno biorientado o BOPP, que se utiliza en la producción de envolturas para botanas y cajetillas de cigarros.

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La ruta hacia Aventis
La importancia de Celanese Mexicana rebasa las fronteras nacionales, pues la posición de liderazgo de algunos de sus productos se extiende a América Latina. De hecho, es demasiado importante como para que los alemanes quisieran desligarla de Celanese AG y venderla en forma separada; por sí misma, es un competidor de cuidado. A ello se debe que su suerte esté directamente ligada al destino de Celanese AG.

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Después de varios meses de intensas negociaciones entre los ejecutivos alemanes de Hoechst y sus colegas franceses de Rhône-Poulenc, ambas compañías acordaron el pasado 11 de mayo acelerar su proceso de fusión para crear Aventis que, después de Novartis, será la segunda mayor empresa del mundo enfocada a ciencias de la vida.

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Prevista originalmente para el año 2001, la fusión fue adelantada dos años y ahora deberá concretarse en noviembre de este 1999. Se espera que Aventis, que tendrá su sede en Estrasburgo, Francia, alcance ventas por $20,000 millones de dólares y tenga una nómina de 100,000 empleados. El proyecto de fusión establece que 53% de las acciones de Aventis serán propiedad de Hoechst, en tanto que Rhône-Poulenc se quedará con 47% restante.

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El mismo 11 de mayo Hoechst resolvió la fórmula mediante la cual pretende desincorporar a Celanese AG. El camino sería similar al que se utilizó para crear la firma Zeneca: una escisión. Bajo este esquema, los tenedores de acciones de Hoechst recibirían una acción de Celanese AG –empresa pública creada ex profeso para facilitar su escisión– por cada 10 títulos que detenten del gigante farmacéutico alemán.

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Los accionistas de Hoechst serían inicialmente dueños de ambas compañías, pero la intención es que las acciones de Celanese AG salgan a la bolsa mediante una oferta pública primaria –aún no determinada– y se vayan diluyendo en el mercado; el lanzamiento de la oferta ocurriría en los mercados de Frankfurt, Alemania y Nueva York, Estados Unidos, en octubre de este año. De esta forma, Celanese AG dejaría de ser una subsidiaria de Hoechst y se convertiría en una compañía independiente. El proyecto de escisión contempla que Celanese AG asumiría una deuda corporativa de aproximadamente $1,000 millones de dólares.

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La operación deberá ser aprobada por los accionistas internacionales de Hoechst en una asamblea extraordinaria programada para mediados de julio. Entre tanto, la compañía alemana sigue adelante con la consolidación de Celanese AG, lo que le permitirá afinar el proyecto de escisión. El pasado 20 de mayo, Hoechst ofreció $306 millones de dólares para adquirir el resto de las acciones que aún no poseía de Celanese Canadá. Actualmente, Celanese AG tiene ventas del orden de $5,600 millones de dólares, una plantilla de 15,000 empleados y plantas industriales en 16 países.

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Según Puente, la separación de Celanese AG y Hoechst no tendría por qué afectar la operación de Celanese Mexicana. En todo caso, explica, los cambios que se avecinan ocurrirán en el renglón accionario (de inversión), mas no en el manejo industrial. “Las estructuras industriales básicas no cambian”, asegura.

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De hecho, algunos analistas piensan que las  modificaciones serán positivas. “El que Celanese vuelva a ser una compañía química independiente la hará más competitiva. Pienso que es benéfico que Celanese se reestructure y se concentre en los negocios químicos”, comenta Héctor Gutiérrez.

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Mientras tanto, a unas semanas de la asamblea de accionistas en Alemania, el ajetreo en las oficinas mexicanas continúa.

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