¿Que hacemos con Pemex?

Blanco de constantes críticas y cuestionamientos a lo largo de su historia, la paraestatal sigue ev
Gerardo Moncada

En torno a Petróleos Mexicanos (Pemex) se gesta la madre de todas las polémicas. La vertiginosa caída de los precios internacionales del crudo no sólo agrió los festejos por el 60° aniversario de la paraestatal, además puso nuevamente en evidencia las debilidades de la política petrolera nacional, e incluso la fragilidad del modelo económico, apoyado en exceso sobre los hombros de Pemex. Con renovados bríos, diversos sectores están lanzando sus dardos contra los conceptos y prácticas que consideran causantes de la problemática actual. Reprochan o defienden que se vea a Pemex como “caja chica del gobierno”, “símbolo de la soberanía”, “nido de corrupción”, “palanca de un desarrollo autónomo”, “modelo de ineficiencia”, “última carta fuerte para impulsar la industrialización”, “vaca ordeñable”, “agencia de exportación”...

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A decir de Joaquín Peón Escalante, consultor de la paraestatal por varios años, la empresa es una suerte de - aleph nacional: “Pemex es un microcosmos del México total”, con sus vicios y sus virtudes.

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La discusión apenas empieza, pero este fuego cruzado deja ver las anomalías que persisten en la empresa que, pese a todo, se mantiene como una de las 10 petroleras más importantes del mundo y la 3a. compañía latinoamericana con mayores ingresos, después de Petrobras y Petróleos de Venezuela.

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¿CORRUPTA? ¿INEFICIENTE?
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La imagen más socorrida de Pemex es esa: un organismo infectado por toda clase de vicios y, por lo tanto, con altos grados de ineficiencia. Esa es la visión ruda, que algo tiene de cierto. Pero no es la única causa de los problemas que aquejan a la paraestatal. Analistas y consultores estiman que el origen de los males está en el régimen fiscal a que está sujeta. Como secretario de Energía, en julio de 1996, Jesús Reyes Heroles admitió lo anterior al señalar que la forma de mejorar la eficiencia era “contar con una nueva ley impositiva y tarifaría que le permita crecer a un ritmo adecuado”.

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Un año después, Adrián Lajous Vargas, director general de Pemex, retomó el tema: “El régimen fiscal es inapropiado, no conduce a una mayor eficiencia dentro de la industria petrolera y, en las actuales condiciones económicas, no guarda congruencia con los objetivos de la empresa ni con los de la autoridad. El tema de fondo es el tipo de impuestos que se aplica a la industria petrolera.”

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Y es que al grito de “el petróleo es para los mexicanos”, los sucesivos gobiernos han sangrado las finanzas de la paraestatal. En 1945 se le retenía la mitad de sus ganancias. Luego, 75%. Actualmente es 93%. “En tales condiciones podemos decir que funciona bastante bien”, comentan asesores de Pemex cuyos nombres prefieren guardar en el anonimato. Víctor García Solís, vocero del sindicato de trabajadores petroleros coincide: “En 1982 había 280,000 trabajadores; con motivo de la modernización se redujo la plantilla laboral. Hoy no son más de 75,000; sin embargo, se produce más petróleo y gasolina. Los índices de productividad por obrero son altísimos. Nosotros creemos que es una empresa muy eficiente.”

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Pero no se puede tensar la cuerda en forma ilimitada. Miguel García Reyes, investigador de El Colegio de México, cuya tesis de doctorado versó sobre la modernización de Pemex, apunta: “Una empresa multinacional reinvierte 40% de sus ingresos anuales en modernización, mantenimiento, entrenamiento de personal, etcétera”, opción que no se le da a Pemex. En su opinión, se está asfixiando a la gallina de los huevos de oro. “Es necesario buscar un nuevo régimen fiscal y que las grandes empresas paguen lo que es debido, para bajarle la presión a Pemex y permitir que se modernice.”

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Para colmo, agrega Ernesto O’Farrill, director de Bursamétrica, “la empresa está sobrerregulada, tiene muy poca autonomía”. Hechos recientes confirman lo anterior. Para muestra, un botón: la Secretaría de Contraloría y Desarrollo Administrativo (Secodam) designa a los titulares de los órganos de control interno de Pemex. Otro botón: con discursos opuestos, fueron las secretarías de Energía y de Hacienda las que anunciaron la estrategia que Pemex seguiría para capotear la actual crisis financiera. Uno más: a fines de enero pasado, el secretario de Energía designó como subsecretario de Política y Desarrollo de Energéticos a Jorge Chávez Presa, cuya experiencia en el sector público se remite a la Secretaría de Hacienda, en las áreas de deuda pública, planeación hacendaria y control presupuestal. 20 días después, Chávez fue nombrado secretario del Consejo de Administración de Pemex.

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HISTORIAS DE REHENES
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Por muchos años, Pemex fue rehén de su sindicato. (Alrededor de los líderes sindicales se han tejido algunas de las más siniestras historias de prepotencia y despilfarro.) Para los analistas, esa circunstancia prevalece, sólo que ahora el captor es el Estado.

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A decir de Sergio Osorio, presidente de la Comisión de Energéticos de la Cámara de Diputados, “la política petrolera de exportación es presa de la incapacidad para recaudar más. Ese es un problema del modelo económico que tiene un cuello de botella fundamental: el gobierno mexicano no logra rebasar una recaudación equivalente a entre 8 y 10% del PIB. Está estancado, a pesar de que los reportes indican que la economía crece a niveles superiores a 3%. Que no crezcan los recursos fiscales en esas condiciones podría ser un indicador de que en realidad la economía está decreciendo; en esa situación, el petróleo es el único recurso para mantener los ingresos gubernamentales”.

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De hecho, el repunte en la cotización del crudo, que en promedio anual pasó de $13.90 (1994) a $15.70 (1995), $18.90 (1996) y $16.50 dólares (1997), fue una bocanada de aire fresco para las maltrechas finanzas públicas. Las ventas petroleras que en 1994 reportaron $6,073 millones de dólares, saltaron a $7,196 millones (1995) y $9,966 millones (1996), para registrar al año siguiente un ligero declive: $8,680 millones de dólares.

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Aparte de las divisas, Pemex debe pagar al Estado contribuciones por sus aprovechamientos. Cada uno de sus organismos subsidiarios –Pemex Exploración y Producción, Pemex Gas y Petroquímica Básica, Pemex Refinación, Pemex Petroquímica– entrega 34% de sus ingresos. El monto total de beneficios significa para el gobierno federal 38% de sus ingresos anuales (algunos analistas hablan de 42%). Pese a ello, el gobierno afirma que la economía mexicana ya no está “petrolizada”.

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A finales de febrero, durante la reunión anual de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana, el secretario de Comercio y Fomento Industrial (Secofi), Herminio Blanco, vaticinó que las ventas al exterior en 1998 sumarán alrededor de $120,000 millones de dólares, de los cuales menos de 10% corresponderá a ventas petroleras.

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Sin embargo, tras revisar las cifras oficiales de exportaciones en 1997, Alejandro Nadal, investigador de El Colegio de México, encontró que en el rubro de maquiladoras se contabilizó el costo total de las mercancías sin descontar los insumos traídos del extranjero, lo cual infló el resultado final. El ajuste indica que las exportaciones de petróleo siguen representando más de 15% de las ventas externas.

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El peso de los hidrocarburos sobre la economía nacional quedó claro a principios de año, cuando la caída de las cotizaciones internacionales provocó un recorte de $15,273 millones de pesos en el presupuesto de 1998. Pero eso no fue todo. El oscuro panorama que se vislumbra en el mercado petrolero hace suponer riesgos inflacionarios y devaluatorios. Por ello, los líderes empresariales alzaron la voz. “Solamente fortaleciendo la industria se dejará de ser vulnerable a las bajas en el precio del petróleo”, dijo Jorge Marín Santillán, presidente de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin). Para ello, en opinión del diputado Osorio, hace falta definir una política nacional.

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ALGO QUEDA
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Si bien el Estado se lleva la parte del león de las ganancias que genera la industria petrolera, algo deja. Este año, con todo y un recorte de 6%, Pemex cuenta con un presupuesto de $8,400 millones de dólares. Aunque tales recursos resultan insuficientes para las dimensiones de la paraestatal, son de vida o muerte para una extensa gama de industrias, contratistas y prestadores de servicios.

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Entre las empresas que podrán respirar hondo están Comisa, Tribasa, Protexa y algunas otras. La primera, Corporación Mexicana de Mantenimiento Integral, está conformada por Brown & Root Energy Services y Grupo R (subsidiaria de Halliburton); ganó la licitación para efectuar labores en Cantarell (Campeche) por $600 millones de dólares. Tribasa obtuvo la licitación para remodelar la refinería de Tula (Hidalgo), obra valuada en $15 millones de dólares. Protexa consiguió un contrato por $90 millones de dólares para perforar 38 pozos gaseros en la Cuenca de Burgos (abarca parte de Nuevo León y Tamaulipas). En la misma región, lograron contratos de perforación Schlumberger, Compañía Perforadora de Campeche y Halliburton.

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En el lado opuesto, Sergio Espinoza, dirigente de la Cámara Nacional de la Industria del Hierro y el Acero, admitió estar preocupado por el recorte presupuestal en Pemex, pues afectará la demanda de tubería.

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Por su importancia para la supervivencia de algunos sectores, los contratos de Pemex han sido el blanco de múltiples críticas. Por décadas, su otorgamiento fue oscuro y discrecional.

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“Se ha hecho mucho por reducir eso –comenta Peón Escalante–, pero está muy arraigado en la forma de ser de la empresa. Desde su nacimiento hubo gente que le sacó enormes ventajas para su bolsillo. Es como un árbol que está lleno de parásitos, si quieren quitarle todos esos organismos acaban matando la planta. Esos parásitos se han chupado la sangre y la vida de Pemex. Eliminarlos es un proyecto prioritario para el país, ya no podemos darnos el lujo de tener una empresa llena de clientelismo y corrupción.”

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Directivos y sindicalistas solían formar empresas a las que otorgaban jugosos contratos. Ex trabajadores recuerdan haber visto toda clase de irregularidades, como arquitectos dirigiendo obras de exploración geofísica.

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El vocero del sindicato asegura que eso ya no existe. “Desapareció totalmente en 1989, cuando se eliminaron la Comisión de Obras Sociales y la de Contratos. Ahora, cuando el sindicato quiere una obra tiene que concursar y si presenta la mejor opción se la dan, pero ya no por obligación, como era antes”.

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Aunque hay salvedades. “Por cláusula 1, la empresa tiene la obligación de darle el mantenimiento al sindicato, porque los trabajadores saben mejor de qué se trata. Hemos insistido en esto y en que eviten meter contratistas, porque ellos llegan, arreglan, pintan y así lo dejan. En la mayor parte de los casos, el trabajador tiene que terminar la obra o poner en operación la maquinaria, con los riesgos que eso implica.”

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Empleados administrativos confiesan que la licitación no es ninguna garantía. “No siempre gana quien es debido. Sigue habiendo amiguismo, pero ahora entre los altos niveles administrativos. Ahora son ellos los que forman empresas a las que entregan importantes contratos.”

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Esto coincide con la denuncia que efectuó el 5 de febrero pasado Felipe de Jesús Cantú, secretario de la Comisión de Vigilancia de la Contaduría Mayor de Hacienda en la Cámara de Diputados. El legislador señaló que más de 90% de las contrataciones realizadas por Pemex en 1996 para excavación, mantenimiento y exploración resultaron irregulares. En la mayoría de los casos se trata de pagos superiores a lo establecido en la licitación. “Esto nos hace pensar que los concursos están viciados o se manejan de manera turbia, porque el contrato se le otorga a la empresa que supuestamente ofrece precios accesibles, pero después cobra mucho más de lo presupuestado”, explicó Cantú.

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¿DE QUIÉN ES PEMEX?
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La Concamin está de acuerdo en que la derrama de recursos de Pemex beneficie a algunos sectores de la industria, pero considera necesaria una estrategia más amplia, a fin de contrarrestar el veleidoso comportamiento de los mercados petroleros. En su opinión se requiere restaurar las cadenas productivas que se han roto, el fomento industrial, la modernización y un mayor valor agregado nacional en los productos, así como continuar con la diversificación de los mercados.

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Muy cercano a esa idea, el diputado Osorio advierte: “Si producimos a $2.50 dólares el barril de petróleo podemos hacer una distribución de la renta petrolera entre todos los actores de la economía nacional, para que ellos generen todo un proceso de inversión y riqueza que nos beneficie.”

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Y se extiende: “El petróleo para nosotros no es un bien como cualquier otro. Es el origen, o debería ser, de todo un proyecto de política industrial. No podemos simplemente convertir a Pemex en un exportador de materia prima no procesada. En primer lugar, porque estamos en un proceso de transición energética a nivel mundial y el país debería irse encaminando también en esa dirección, utilizando de manera muy racional sus recursos no renovables. El diferencial entre el costo de extracción ($2.50 dólares) y el precio de venta ($10.10, en la segunda semana de marzo) nos da una ventaja inmensa, pero no la estaremos aprovechando de manera eficiente si solamente vendemos crudo al exterior. Allá se hace la transformación y luego tenemos una importación masiva de petroquímicos y gasolinas. Estos dos rubros se han incrementado de manera importante. En opinión de Canacintra, por ejemplo, podemos ir avanzando en un déficit importante en la balanza comercial de petroquímicos.”

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Un argumento quizá impregnado de un rancio nacionalismo, pero cercano a la mística que prevalece entre las bases, gracias a la cual Pemex se ha mantenido a flote: ingenieros y trabajadores petroleros que laboran turnos de hasta 12 horas, sin los recursos adecuados, con bajas remuneraciones. Peón Escalante lo recuerda con claridad: “El interés de esta gente era tan sencillo como producir algo que el país necesita y lo hacían con un esfuerzo diario, fuerte, difícil, a veces en condiciones complicadas y con riesgos de seguridad, como son las de muchas zonas de Pemex. Es nacionalismo y amor al país, pero también una ética interna. En contraste con esto, lo peor que vi de Pemex estaba en las oficinas corporativas en Marina Nacional. Había toda la burocracia, todo el faraonismo; gente que tenía séquitos de ayudantes y que se dedicaban a sus grillas y no a ver el proceso productivo de la empresa.”

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García rompe con cualquier vínculo emotivo. “Petróleo tenemos mucho, no veo por qué razón debemos fundamentar nuestra soberanía o nuestro desarrollo económico en él. Es un argumento tercermundista. El hidrocarburo es un recurso natural, algún día se va a acabar o van a llegar otras fuentes de energía, por eso hay que sacarlo, venderlo y aprovecharlo, no venerarlo. Los rusos, por ejemplo, no necesitan petróleo (lo tienen de sobra), sino capitales y tecnología para reindustrializar su economía. Para eso están usando el petróleo.”

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El investigador comparte la propuesta de Adrián Lajous, en el sentido de que se despolitice la problemática de Pemex. Y el diputado Osorio también está de acuerdo: “Cuando digo que debemos modificar el régimen fiscal de Pemex estoy apuntando justamente en esa dirección.”

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LA COYUNTURA
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La situación actual no podía ser más compleja. Un mercado mundial saturado de petróleo y una reducción en el consumo a causa de un invierno boreal cálido y la parálisis de las economías asiáticas. En este contexto se desató una guerra comercial en diciembre pasado.

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Los países petroleros mantuvieron sus tasas de producción, no obstante la abrupta caída de los precios del barril de crudo (la mezcla mexicana pasó de $20.52 dólares, en enero de 1997, a $11.70, un año después).

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Más aún, Irak recibió hace un mes la autorización de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para duplicar su producción; Venezuela, considerado el principal violador de las cuotas de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), advirtió que no recortará su extracción “ni en un solo barril”; varias naciones más, como Qatar y Nigeria, mantienen una sobreoferta. En Rusia, decidieron fusionarse las empresas Yukos y Sibnieft, que en conjunto agrupan 22% de las extracciones rusas. Yuksi, la nueva compañía, comenzará a operar en 1999, será el tercer consorcio petrolero del mundo y su meta es aumentar la extracción y refinado de crudo.

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La Secretaría de Energía pensó primero en impulsar una diplomacia petrolera entre los países que no pertenecen a la OPEP. Más tarde prefirió aumentar la producción de petróleo en un millón de barriles, idea que debió matizar ante la oleada de críticas que recibió.

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Entre quienes apoyan esa estrategia está García. “Es válido cuando se trata de sobrevivir”, dice. “Todos los países están sacando mucho petróleo, especialmente los de Asia, por mercado legal o ‘informal’ vía Amsterdam. Aquí la ventaja de Pemex es que cuenta con la infraestructura suficiente y adecuada para poder elevar su plataforma de producción y exportación, que anda en los 3.3 millones de barriles diarios. Pemex tiene capacidad para aumentar hasta cinco millones. Si hay un comprador dispuesto a pagar, debemos hacerlo mientras sea rentable.”

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Refiere que hay un crecimiento explosivo de las reservas petroleras. “Simplemente la ‘donita’ (región ubicada en el mar patrimonial de México que Estados Unidos reclama como suya) que estaba en disputa en el Golfo de México, Pemex piensa que ahí puede haber hasta 50,000 millones de barriles, que se sumarían a las reservas actuales. Aunque se requiere tecnología para sacarlo de ocho kilómetros de profundidad, se estima que en cinco años será posible extraer ese petróleo. En China, en la cuenca de Tarim, podría haber 100,000 millones de barriles. En el Mar Caspio se cree que habrá una guerra por el petróleo entre iraníes, turcos, rusos y azerbaijanos, por 200,000 millones de barriles. En las islas Pratley se calcula que hay 250,000 millones de barriles que se pelearán China, Vietnam, Filipinas e Indonesia. Son yacimientos que no estaban contabilizados en los años 80. Aunque sea barato, si no lo sacamos se nos va a quedar aquí.”

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Un analista de Pemex difiere: “Es cierto que nos podemos quedar con el petróleo, por eso debemos transformarlo. Así le sacaríamos mayor valor. Por eso habría que fortalecer la industria petroquímica, así seríamos exportadores de productos.”

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En cuanto a las reservas, el grupo de ingenieros Pemex-Constitución del 17 advirtió recientemente que la nueva metodología para medir yacimientos da un reporte muy por debajo de las cifras oficiales. Según este método, los 60,900 millones de barriles de petróleo que Pemex asegura yacen en el subsuelo podrían ser sólo 31,000 millones de barriles. De ahí que la expectativa de duración, originalmente estimada en 43 años, se acortaría a la mitad. Con sorpresa, la propia paraestatal ya está utilizando este sistema de medición, según el grupo.

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EL LARGO PLAZO
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Un panorama para el año 2010: Gerardo Aranda Orozco, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), anhela ver Pemex en manos privadas. “El monopolio, sea público o privado, es un cáncer de la economía”, dijo. En la misma línea se coloca Ernesto O’Farrill, pero “que la adquieran tres o cuatro empresas nacionales, que a su vez estén en muchísimas manos, incluso con participación estatal. Empresas serias, que se planteen competir en el mercado interno y externo. El usufructo para los mexicanos se mantendría, pero más positivo. El Estado seguiría cobrando 35% sobre las utilidades en impuestos a las exportaciones, la producción y venta de gasolinas”.

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García pregunta: “¿Usted cree que el gobierno lo va a privatizar sabiendo que 40% de sus ingresos viene de ahí? ¿Qué otra cosa tenemos? ¿Maquiladoras, turismo, industria textil? Lo que sí estaría de acuerdo es en permitir la entrada de capital extranjero en ciertas áreas donde, de plano, Pemex no puede, como exploración. Porque estamos compitiendo a nivel global, eso es lo que debemos entender. Los rusos están diseñando un sistema de transporte de petróleo y gas por el estrecho de Bering, para sacar su petróleo de Siberia oriental y mandarlo a Estados Unidos a través de Alaska; petróleo barato y abundante. Si Pemex no se moderniza y comienza a pensar como empresa del primer mundo, puede quedar fuera del mercado.”

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El académico desea que continúe la desincorporación de Pemex, cosa que no es del agrado del sindicato. A decir de su vocero, “otras empresas, como la venezolana, han demostrado que lo mejor es integrar los procesos productivos. Como estaba antes Pemex”. Admite que con la desincorporación se ha logrado mayor control sobre las decisiones, pero “han surgido muchísimos problemas administrativos y se ha dado un desfase entre las formas operacionales de cada subsidiaria”.

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A Osorio le preocupa el endeudamiento en que está cayendo la paraestatal ($8,000 millones de dólares, actualmente) y el abandono de ciertas áreas, como la petroquímica. “Una parte importante de inversión se está realizando a través de Pidiregas, que son programas de financiamiento privado (si se requiere una obra puede contratarse una empresa y Pemex paga posteriormente el costo de la obra). En la medida en que los Pidiregas son la base de la inversión en Pemex, estamos posponiendo esa deuda. En Pemex-Exploración y Producción, en 1997 los Pidiregas sumaron alrededor de 22% de los recursos presupuestales totales; pero para 1998 saltaron a 48%. Con el recorte, seguramente están ya por encima de 50%, que es una proporción considerable para cualquier empresa que busque un ejercicio sano. El gobierno está actuando con una política de mayor endeudamiento. Este asunto es muy delicado, con toda seguridad para el año 2000 provocará dificultades.”

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Con respecto al año 2010, Osorio agrega: “Yo pensaría que pudiéramos tener una empresa integrada, muy eficiente, dueña de sus recursos y que tuviera una relación con los poderes públicos nacionales en función de grandes objetivos. Una empresa, entonces, que tuviera toda la flexibilidad para poder participar en este ámbito internacional que es sumamente agresivo y que al mismo tiempo fuera una empresa fundamental para el desarrollo tecnológico y económico del país.”

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