¿Quién cuida tu salud?

Suena atractivo comprar un producto cuyo precio es 90% menor a otro parecido. Pero cuando se trata d
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El frío de invierno tiene entre sus principales víctimas a los niños. Silvia Martínez, empleada de intendencia en una escuela, lo sabe ahora que cuatro de sus cinco hijos tienen una enfermedad respiratoria.

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Ella también tiene algunas molestias, pero le preocupa otro padecimiento: el de su bolsillo.

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Silvia confía en que puede matar dos pájaros de un tiro acudiendo a una Farmacia de Similares. “Nos atiende un doctor que cobra $15 pesos y receta medicinas baratas que compro aquí mismo”, dice.

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Cada día hay más personas que buscan cuidar su salud sin descuidar la de su economía, pero pocas veces se cuestionan la efectividad de los productos que compran. Hay tres grupos de medicamentos: los de patente, los genéricos intercambiables y los productos que venden en las Farmacias de Similares.

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La Secretaría de Salud (SS) dice que legalmente sólo existen los dos primeros, pero autoriza que algunos laboratorios fabriquen y vendan medicamentos “similares”.

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Todos los fármacos cuentan con las mismas sustancias activas y en la misma dosis, pero los similares se combinan con otras sustancias que según Federico Bonilla, presidente del Consejo Nacional de Medicina General, provoca que su efecto dure menos tiempo en el organismo, o en el caso extremo, actúen en forma brusca.

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El que un medicamento se diluya más pronto de lo previsto podría no ser tan dramático en algunos padecimientos como una simple gripe, pero hay enfermedades que se complicarían con este fenómeno, como el control de la presión arterial o la diabetes.

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Rafael Mijares, del Centro de Control de Medicamentos de la SS, asegura que las autoridades vigilan todas las medicinas que se ofrecen en las farmacias. Explica que si detectan que alguna de ellas causa un problema grave, la retiran del mercado.

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Para Bonilla, el funcionamiento de los “similares” no es tan claro. Se le preguntó qué efecto tendrían este tipo de medicinas, en el peor de los casos, y respondió: “es impredecible”.

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Hasta el momento, Profeco no tiene noticias de que un producto “similar” haya provocado problemas en algún paciente. La diferencia más evidente para los consumidores de estos medicamentos es su precio. Hay genéricos o “similares” que cuestan una décima parte de la medicina de patente, para el mismo padecimiento.

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Mientras las versiones a favor y en contra se siguen escuchando, no hay que caer en la tentación de ahorrarse unos cuantos pesos a cambio de la salud. Más vale hacer caso al médico, y no guiarse por la publicidad.

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Una vez tomada la decisión se recomienda tener en cuenta: antes de administrarse cualquier medicamento consulte al especialista que, por cierto, debe mostrar su cédula profesional para que le dé confianza. Pídale al médico que le informe acerca de las opciones más baratas de medicamentos. No permita que el farmacéutico le recete. Exija que le entreguen exactamente la misma medicina que aparece en su receta.

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En caso de que tenga un malestar que se alargue más de lo normal, suspenda el medicamento y consulta a su doctor.

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Si compra un producto “similar”, pregunte al especialista sobre alguna experiencia previa con dicho fármaco y sus posibles efectos colaterales. Por último, recuerde que nunca hay que aceptar consultas de médicos que no hacen una exploración de su historial clínico.

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