¿Quién se atreve a equivocarse?

Con una humildad poco usual, los anteriores propietarios de Benavides reconocen sus errores y aprend

¿Cuántos empresarios están dispuestos a decir que se equivocaron alguna vez? Jaime Benavides, uno de los propietarios de la gran cadena de farmacias que lleva su apellido, sí lo está. Admite, por ejemplo, que su firma se enfocó en competir con los supermercados, cuando su fortaleza estaba en el conocimiento del nada fácil sector farmacéutico. La compañía creyó que sólo necesitaba “una manita” de capital, como dice él, y se resistió a tomar decisiones rápidas para conquistar su mercado natural. El resultado, como se cuenta en el artículo de portada de este número, es que prácticamente fue rescatada por la organización chilena Farmacias Ahumada.

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La sencillez poco usual del hombre de negocios refleja su disposición a aprender de sus errores. Revela también que un empresario está casi obligado a cometerlos, en lugar de quedarse inmóvil, paralizado por la excesiva precaución. Como él mismo lo confiesa, tal vez uno de los yerros del Grupo que controlaba, que llegó a ser la mayor organización de su ramo en el país, fue no haber actuado a tiempo y contratado a un profesional para que la dirigiera. Las lecciones que recibió este líder pueden ser aplicables también a otros casos de negocios familiares que dudan en aclarar la manera en que se manejan.

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Pero como también subraya Benavides, ya todo eso es historia. Lo importante, agrega, es que gracias a la inyección de capital chileno la agrupación tiene un futuro prometedor. Con la operación, la compradora, Farmacias Ahumada, encabezada por José Codner, se convierte en la empresa de su tipo más grande de América Latina. Y hablando de riesgos, él sí que toma uno. Al sumar la compañía mexicana, la cadena sudamericana duplica de un plumazo el número de sucursales y entra a un mercado nuevo. Además, se enfrenta a reglas del juego muy diferentes, impuestas por jugadores cuya fuerza es desconocida en Chile: Wal-Mart, que domina en los supermercados nacionales; Farmacias del Ahorro, que por su estrategia de precios bajos tiene conquistada a las clases media y media baja de la capital y el sur del país; y Farmacias Guadalajara, casi hegemónica en el occidente del territorio. Eso si se cuentan sólo los competidores, porque el consorcio también llega a negociar con proveedores que saben imponer sus condiciones, como Casa Saba y Nadro, los líderes en la distribución de productos farmacéuticos.

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Los nuevos propietarios de Benavides llegan al país dispuestos a arriesgarse. Aunque no lo digan, tal vez también están dispuestos a equivocarse. Ese es el precio de actuar. ¿Podría ser esa una lección para un país que cumple un año más esperando pacientemente que algo suceda? Es decir, para un gobierno cuyos diferentes poderes –Ejecutivo, Legislativo y Judicial– están esperando que el otro actúe con el fin de no ser el primero en equivocarse. La pregunta también es válida para una sociedad que tampoco se ha atrevido a asumir muchas de sus responsabilidades con la expectativa de lograr un cambio más profundo, que incluya erradicar la corrupción y un mayor esfuerzo por preparar a las nuevas generaciones.

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–Los editores

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