¿Quo vadis, señor Fox?

¿Hacia dónde vamos?, pregunta la comunidad empresarial, cada vez más fastidiada ante la indefinic

Es como si México entero se hubiera tomado un somnífero y todos siguiéramos anestesiados. Sabíamos que sería difícil para el nuevo gobierno alcanzar acuerdos para llevar a cabo reformas y programas con repercusión en el crecimiento económico, pero ni el más pesimista hubiese pensado que la sobrevendida Foxilandia se convertiría más bien en el País de Nunca Jamás.

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Es triste. La suma de la inexperiencia gubernamental, la subsistencia de lo peor del PRI –que imposibilita cualquier acuerdo– y el complejo marco internacional mantienen a la nación en un aletargamiento que parece insuperable. Los costos de la indefinición y de la ausencia de decisiones son mucho mayores de lo que hoy alcanzamos a ver, sobre todo porque válvulas de escape como la migración hacia Estados Unidos y la economía informal mitigan la aguda problemática: deterioro de la competitividad, financiamiento insuficiente e inalcanzable, pérdida sistemática de empleos, improductividad, inseguridad… en fin.

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¿Hacia dónde vamos, señor Fox?, se preguntan los empresarios. ¿Hacia dónde?, preguntan incluso CEOS internacionales de la talla de Jeffrey Immelt (General Electric) y Carlos Goshn (Nissan), quienes hablaron del lobo chino en la tierra de los corderitos mexicanos y pusieron el dedo en la llaga de las reformas ausentes y la improductividad imperante. No es poca cosa, sobre todo cuando directivos de tal importancia suelen ser más diplomáticos que embajadores y cónsules. Ni hablar ya de voces exigentes como la de Carlos Slim u otros hombres de negocios nacionales, que insisten en la búsqueda de soluciones y en la claridad de un proyecto. De cualquier modo, en las esferas oficiales parecen estar blindados contra cualquier crítica, al responder que México recibirá en 2004 alrededor de $12,000 millones de dólares de inversión extranjera directa. ¿Acaso no han visto cómo crece esta cifra en las cuentas del gigante asiático, ese que está ganándonos todas las batallas posibles en el escenario internacional?

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¿Quo vadis, señor Fox? ¿Nos quedamos satisfechos con su felicitación a Luiz Inácio Lula da Silva porque él sí ha logrado cuajar reformas en Brasil, mientras que a usted no se lo ha permitido el inoperante Congreso mexicano? ¿No habría que intentar otros caminos cuando alguno se encuentra bloqueado? ¿Es demasiada ingenuidad aspirar a que nuestro Presidente tenga algunos desplantes de estadista, de vez en cuando? ¿De verdad no existe un proyecto de nación?

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La indefinición es hoy nuestro peor enemigo.

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–Los editores

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