¿Se puede confiar en México?

En un año, casi todo cambió en los negocios... Pero no por los atentados terroristas sino por una

Hace 12 meses apareció en la portada de Expansión un planeta puesto de cabeza. Después de los ataques terroristas a Estados Unidos era difícil imaginar la realidad de otro modo. Un año después, el mundo empresarial está patas arriba, pero por motivos completamente diferentes a las agresiones contra Nueva York y Washington.

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El terror, y la guerra que le siguió, también han tenido efectos en el grado de seguridad con que se hacen los negocios en el mundo. Sin embargo, fueron mayores las consecuencias de la crisis de confianza desatada por los abusos cometidos en grandes corporaciones como Enron y WorldCom. Los inversionistas engañados claman ahora con el fin de obtener más seguridad para su dinero. Si ésta se afectó, ahora quieren muchas más garantías.

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La buena noticia es que gran parte de las firmas mexicanas ya empiezan a tomar medidas para demostrar que son dignas de confianza. Han comprendido la lección: si los mercados que son importantes para ellas fueron engañados alguna vez, ahora habrá que dejar claro que se trabaja con honestidad. Un artículo de Harvard Business Review que aparece en esta edición pinta muy claro el panorama: desde septiembre del año pasado, la paranoia se ha convertido en un elemento natural en el mundo corporativo. El que no recela no triunfa. Sin embargo, la confianza seguirá siendo la base del capitalismo. Sólo con ella se puede trabajar en equipo y sin imposiciones. Es la condición indispensable para que funcione la mano invisible del mercado.

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Grandes compañías nacionales ya adoptaron una serie de nuevas prácticas para enfrentar una nueva realidad, de las que se habla en el artículo principal de esta edición. Ahora las organizaciones escogen con más cuidado quién les dará el servicio de auditoría para sus números, hacen más clara la responsabilidad de las personas encargadas de elaborar las cifras… hasta definen con precisión cómo se integrarán los premios para los directivos que logran buenos resultados. Tienen una tarea importante: tranquilizar a los inversionistas internacionales y, sobre todo, demostrarles que hay motivos para tener fe en México.

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Mientras que las empresas se ponen a tono con los nuevos tiempos, el Congreso de la Unión entra a un duro examen: en este periodo de sesiones que empieza está obligado a sentar las bases para el progreso futuro del país. No sería lógico pedir que los legisladores olvidaran a los partidos y al electorado que representan. Pero eso no tendría por qué justificar que se rechazaran cambios estructurales tan urgentes como la reforma energética y sí, otra vez, una reforma fiscal. En lo que llegan a algo, la nación guarda el aliento. ¿Será mucho tiempo?

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