¿Se puede tirarle a todo?

Hoy, México es <i>todólogo</i>. Su fortaleza: las maquiladoras. Tal vez ya es tiempo de encontrar
David Anthony*

Este fue el año en que vivimos peligrosamente. La incertidumbre no se disipa, se profundiza ante la creciente evidencia de que los problemas de fondo no van a desaparecer con el cambio de año. El mercado estadounidense, aquejado por un alto grado de endeudamiento personal, mercados financieros debilitados, escándalos corporativos continuos y la amenaza inminente de una guerra con Irak, se avizora  opaco. La persistente incertidumbre no se mantendrá solamente en los frentes financieros. Los agentes económicos, sean individuos o países, son ante todo seres humanos. La inseguridad generada por los ataques terroristas de 2002 en Bali, Rusia, Yemen y Kenia perdurará en 2003, manteniendo el temor y trayendo a flor de piel los instintos conservadores.

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Hay mayor disposición de cambiar la libertad por la seguridad. Esto repercute negativamente en la movilidad laboral y de capitales. La amenaza de una guerra frenará el consumo y la inversión en algunos de los principales miembros de la OCDE. La posibilidad de que suba el precio del petróleo debido a restricciones de distribución generará cautela. ¿Cómo encaja México en este panorama global? En algún lugar en medio, según mi opinión.

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Geográficamente
El país se encuentra entre Sudamérica –perturbada por las dudas sobre el modelo neoliberal y la izquierda resucitada– y Estados Unidos, amenazado por otros ataques y mercados financieros deprimidos. México está entre el Pacífico y Atlántico. Peligros y oportunidades pueden emerger de cualquiera de los dos, como se muestra en la competencia de China por el mercado de la unión americana y de países de Europa Central.

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Demográficamente
La población es joven y permanecerá así,  pero el crecimiento ha declinado en años recientes. La proporción de edad avanzada se incrementa. El norte es el corazón de la actividad industrial, en drástico contraste con el empobrecido sur.

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Económicamente
México es el único país latinoamericano miembro de la OCDE y el único en la región que exporta bienes y no sólo materias primas. Se ha ubicado en una posición envidiable en grado de inversión según las calificadoras más importantes; actualmente tiene bajas tasas de interés en términos reales y durante los últimos cinco años su moneda ha sido una de las más estables del mundo. Sin embargo, sólo disfruta de un PIB per cápita de $6,000 dólares –comparado con un promedio de $22,000 dólares para los miembros de la OCDE– y ocupó la posición 54 (de 162 países analizados) del índice de desarrollo humano de la ONU en 2001. Persiste una economía dual con ingresos altos y mal reparto de riqueza.

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Políticamente
Aunque es parte del TLCAN, México tiene un estilo propio en sus políticas exteriores: la de no intervención en los asuntos domésticos de otras naciones. Ahora, bajo el régimen de Vicente Fox, busca tener un mayor impacto en la política internacional. A pesar de que su enfoque será mejorar sus relaciones con Estados Unidos, no siempre coincidirá con los intereses del vecino país del norte, creando un potencial para desacuerdos esporádicos.

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Democráticamente
La elección de Vicente Fox introdujo una era de democracia plural, pero México hace sus pininos en este nuevo marco. Con experiencia limitada en   gobiernos minoritarios y legislaturas fragmentadas, el país tiene que reconciliarse con políticas de consenso y cooperación. Tal transición tiene un costo: la instrumentación de reformas estructurales en 2002 fue lenta y amenaza con seguir igual este año. Difícilmente el Presidente podrá introducir sus reformas –en particular debido a que los partidos políticos se concentrarán en las elecciones legislativas de julio de 2003–. En cuanto a mejorar la eficiencia de la burocracia mexicana, la lucha contra la corrupción, el fortalecimiento del sistema de justicia y eliminación de problemas regionales, el progreso ha sido limitado hasta ahora.

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¿Dependiente…
El auge económico de Estados Unidos durante el final de los 90 dio ímpetu a un rápido crecimiento en México; las ganancias de las exportaciones a la unión americana junto con una prudente administración de las finanzas públicas, así como abundante inversión extranjera representaron los pilares de la estabilidad económica. Sin embargo, casi imperceptiblemente la dependencia de la economía mexicana respecto a su vecino del norte se intensificó.

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Ello subordina los prospectos económicos de México para este año a los de la economía estadounidense. El panorama de ésta en 2003 es incierto. Sus perspectivas marcarán la pauta para la economía global, tanto en países desarrollados como emergentes, retrasando un rebote en el crecimiento para la mitad de 2003.

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En muchos de los países más grandes de América Latina hay crecientes dificultades económicas y políticas. México ha salido inmune de estos eventos, pero tiene muchas deficiencias de país latinoamericano: dependencia en el ahorro externo; baja recaudación de impuestos; una democracia plural naciente; infraestructura física pobre; disparidad en ingresos y distribución de riqueza; altos niveles de corrupción, pobreza, crimen y desempleo –problemas que se adjudican al modelo neoliberal–.

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… o todólogo?
¿Por qué describir a México de este modo? En muchos sentidos está en medio de todo –una característica que generalmente conlleva implicaciones positivas–. Sin embargo, es posible que también tenga su lado oscuro. Su involucramiento en muchos proyectos, una de las principales fortalezas, puede ser, irónicamente, su principal debilidad en los próximos 10 años. El país no se especializa en la producción de una clase específica de productos, ni tiene una estrategia de desarrollo industrial a largo plazo. El meollo del asunto es que no tiene una marca distintiva. La naturaleza de su área más dinámica –maquila– es ensamblar una amplia gama de bienes, un sector totalmente todólogo.

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Mientras éste ha sido benéfico para México, no se atrae inversión en producción ligada a la creación de valor. Además, en el futuro la nación enfrentará al todólogo chino, quien está poniendo los ojos en su porción del mercado estadounidense. El gigante asiático tiene la ventaja clave del tamaño, que le permite generar producción de economías de escala y costo, ya que el control estatal ayuda a contener los sueldos. México ya se dio cuenta de la amenaza competitiva que emana no sólo de China, sino de otros países en el sudeste de aquel continente.

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El país intenta diversificar sus mercados de exportaciones, notablemente hacia Europa. Pero el enfoque europeo es hacia el este del continente, particularmente desde que se decidió absorber 10 países más para 2004. A pesar del acuerdo comercial bilateral con México, las ventajas que disfrutarán los países miembros de Europa Central y las naciones bálticas en términos de diversificación y comercialización, probablemente limitarán el potencial de forjar brechas en el mercado de la Unión Europea durante los próximos años.

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El futuro
El panorama para México en el corto plazo es que continuará atravesando su larga transición económica con una parte de la economía  integrándose aún más con Estados Unidos, mientras que la otra parte se mantiene firmemente como un país latinoamericano pobre. Esta dualidad probablemente cause que la falta de igualdad social persista, dejando signos de interrogación sobre qué tan deseable es su ortodoxia económica. Con su suerte atada a la del vecino del norte, se espera que México regrese a un crecimiento económico más acelerado del 2004 en adelante. En la medida en que el país se desarrolla, desempeñará un papel crecientemente importante en la arena internacional, en particular respecto a las negociaciones comerciales y asuntos relacionados con el petróleo, entre otros.

La nación necesita definir sus prioridades para desarrollarse en los próximos 10 o 15 años. El curso que tome depende de cómo la administración, los partidos políticos y el país como un todo enfrenten sus retos. El consenso, actualmente elusivo, necesita construirse para instrumentar los cambios que, aunque dolorosos e inciertos en el corto plazo, tienen el potencial de conllevar a mayor prosperidad a largo plazo. El no hacerlo dejará a México a la misericordia de los eventos externos, su progreso limitado a las restricciones de ser un todólogo dependiente y perder la oportunidad que ofrece estar en medio de todo.

*David Anthony es analista en The Economist Intelligence Unit. Los puntos de vista expresados en este artículo pertenecen a su autor y no necesariamente reflejan las opiniones de la institución a la que pertenece.
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