¿Sumas o restas?

La propuesta de alianza PAN-PRD suena a broma de muy mal gusto
Ricardo Medina Macías

Imagino que los priístas astutos (que los hay) han de estar de plácemes con la idea de que el PAN y el PRD tengan un solo candidato para la presidencia de la República en el año 2000, surgido de una elección primaria.

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En primer lugar, la sola propuesta es el escenario ideal para amarrar navajas entre los dos más fuertes precandidatos de oposición. No sólo es una lucha de egos o vanidades, se trata también de ventilar agravios, escarbar en las historias personales y partidistas y descalificar al adversario. Todo esto durante la campaña para la elección primaria, para después, por arte de magia, convertir al adversario de la noche a la mañana en el “compañero” entrañable al que debe apoyarse en la elección presidencial o en el cuate del alma que se quedó en el camino, pero pide su justa compensación por el sacrificio. Ajá. Sí, cómo no.

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En segundo lugar, se aduce como fundamento para esta propuesta que esa sería la única manera de vencer al PRI. Elogio descomunal que los priístas deben agradecer. Se refuerza el mito de que el PRI es invencible y de que si la gente, un montonal de gente por lo que se ve, sigue votando por el tricolor es porque la gente es muy mensa. Como hay tantos mensos, los políticos responsables de la oposición deben darle su ayudadita a la democracia y contrarrestar con la suma de todos los menos mensos el caudal de votos de los más mensos que siguen votando por el PRI. Suena chistoso, cuando menos, si estamos hablando de consolidar la democracia.

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En tercer lugar, como la gente no es tan mensa, resulta que es difícil hacerle tragar al panista convencido (ese “místico del voto”, Ruiz Cortinez dixit, que ha luchado por el sufragio efectivo desde hace años) que el Cuatemochas presenta la avanzada de la democracia. Y viceversa, convenza usted al militante de izquierda (que tal vez ya desechó a Marta Harnecker pero sigue añorando los escritos de Gramsci), de que lo mejor para la democracia en México es que los mochos y derechosos panistas se hagan cargo del país, y de que el vaquero Fox es algo así como Salvador Allende con botas. Está difícil, ¿no?

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En este sentido, la presunta coalición restaría votos a la oposición más que sumárselos. Haga usted un ejercicio de imaginación: piense en sus amigos o conocidos simpatizantes del pan y en sus amigos o conocidos simpatizantes del PRD. Ahora califíquelos. Casi le puedo apostar que varios de los panistas son más antiperredistas que antipriístas, y que muchos de los perredistas son más antipanistas que antipriístas. Conclusión: más de un voto de la oposición caería en la buchaca del PRI (a regañadientes, pero caería) con la famosa alianza. O, si quiere ser optimista, más de un voto opositor desencantado se convertirá en abstención.

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Tiene razón Federico Reyes Heroles. Esta propuesta suena a recurso desesperado de alguien que ha hecho un mal cálculo. El cálculo realista es que tendremos elecciones muy competidas entre tres candidatos y que cualquiera de los tres partidos que cuentan (PRI, PRD, PAN) puede alzarse con el triunfo por un margen muy pequeño. Además, las inclinaciones de hoy no serán las del verano del año 2000. A lo mejor, Cuauhtémoc Cárdenas nos da la sorpresa y hace una gran jugada política en la capital del país y toma una ventaja insospechada. A lo mejor, el de la sorpresa es Fox y agarra vuelo. O Zedillo, o el PRI, o algún caballo que salga a la pista en el último momento.

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En el fondo, el asunto de esta coalición cuyo único objetivo en común sería sacar de Los Pinos al PRI, no habla muy bien de nuestras convicciones democráticas. Tiene mucho de sortilegio o conjuro, de vil recurso mágico: quiten al PRI y se acabaron los problemas. Otra vez: sí, cómo no.

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“Cualquier cosa en lugar de Somoza”, decían en Nicaragua. Mala cosa. “Cualquier cosa en lugar de Batista”. Mala cosa. ¿Cualquier cosa, de veras, cualquier cosa en lugar del PRI?

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¿Tan poca fe nos tenemos que nuestra mejor ocurrencia es una coalición de “peor es nada”

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