¿Todo bien?

Los indicadores clave de la economía mexicana permiten vislumbrar perspectivas positivas para este

Hagamos un poco de memoria. 1999 se vislumbraba como un año especialmente complejo para la economía mexicana, debido a la anunciada desaceleración estadounidense, a los bajos precios del petróleo y a los graves problemas que aquejaban a Brasil. La realidad, al final, impuso un clima positivo y el optimismo volvió por sus fueros. 1999 fue, sin duda, un buen año para México.

- Vale recordar que, no hace mucho todavía, decenas de voces coreaban al unísono el himno de la crisis sexenal, anticipando un final trágico para la economía nacional en el 2000. Ahora, ante el buen desempeño del último año, son muy pocos ya los que temen la visita del fantasma devaluatorio. Algunos, incluso, subrayan que el primer semestre de un año electoral siempre manifiesta cifras alentadoras, pero que el reto viene después de las elecciones. Así ocurrió en 1994. Y, aunque definitivamente los indicadores clave restan puntos de validez a este argumento, conviene tomarlo en cuenta. Precaución, pues.

- El PIB creció 3.7% en 1999. El número es alentador, sobre todo si se considera que el propio gobierno y los agentes económicos esperaban una cifra menor. Si a eso sumamos el eficaz desempeño de otras variables, no resta más que admitir que el escenario para este año se presenta favorable, con todo y la prueba política del próximo julio. Ahora, insistimos, México requiere crecer a una cifra más espectacular para superar con mayor rapidez los ya ancestrales rezagos. La mejora es notable, pero no es suficiente para caminar más aprisa por el sendero del desarrollo armónico, donde quepan todos los mexicanos. Seguimos siendo, de algún modo, una fábrica de pobres. Dicho de otro modo, las sonrisas de las cifras macro no alcanzan aún para alegrar a la mayor parte de las familias mexicanas. El anhelado bienestar social continúa en la lista de propósitos. Y no hay crecimiento que se pueda sostener si, de entrada, no se desarrolla un mercado con mejor poder adquisitivo.

- ¿Por dónde seguir? Por donde el rezago es alarmante y es, al mismo tiempo, la raíz de muchos de nuestros males: la educación. Si se puede aprender alguna lección a partir del triste conflicto en la UNAM, ojalá que esa sea la de plantearnos si el modelo educativo mexicano tiene los alcances adecuados en cantidad y, sobre todo, en calidad. Las interrogantes clave son: ¿Cómo debemos formar a nuestra gente? ¿A qué país aspiramos con el nivel educativo de nuestra población? ¿Tenemos las herramientas de capital intelectual para competir globalmente?

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- Cuando respondamos eficazmente estas preguntas, estaremos en el camino correcto. Entonces, las positivas cifras macroeconómicas tendrán mucho más que ver con la realidad social mexicana.

- Los editores

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