¿Volverán las oscuras golondrinas?

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En las últimas semanas los mercados financieros de México han sido calentados nuevamente por recursos externos. El país, una vez más, vuelve a ser uno de los destinos predilectos de la inversión extranjera en cartera.

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Luego del colapso financiero de diciembre de 1994, la primera pregunta inevitable es: ¿necesitamos ese dinero? En realidad, sí. Lejos todavía de poder financiar el crecimiento con ahorro interno, resulta casi obvio señalar que la economía necesita flujos constantes de capital para levantar el vuelo. Por eso, la pregunta importante es: ¿sabremos qué hacer con la abundancia de recursos?

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El reciente boom del ingreso de capital extranjero es, en esencia, similar al que se dio durante 1992 y 1993. Esto puede repetir el espejismo de bienestar y confianza en el futuro tan en boga entonces, y embriagar tanto de entusiasmo a nuestras autoridades financieras que se olviden rápidamente del acertado diagnóstico –ellas mismas lo hicieron al borde del abismo– de que buena parte de la crisis se debió al bajísimo nivel de ahorro interno y a la consecuente dependencia del crédito externo.

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Cuestión más de suerte que de sesudos cálculos, la excesiva liquidez mundial ha puesto la mesa para que se lleve a cabo el tristemente célebre ciclo del “preparémonos para administrar la abundancia” –síndrome de cada tercer año de gobierno desde hace cuatro sexenios–, para que al final la sociedad mexicana, en su conjunto, pague los platos rotos de la falta de visión de largo plazo de las autoridades.

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El gobierno de Ernesto Zedillo tiene frente a sí la oportunidad de romper esos ciclos perversos y consolidar los avances logrados a costa de un programa de choque nunca antes experimentado por la economía mexicana, o bien tomar la opción de privilegiar los resultados de corto plazo con fines electoreros.

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¿Valdría la pena recordarle al Presidente que ya en 1996 la balanza comercial –sin maquiladoras– arrojó un ligero déficit de $42.3 millones de dólares? ¿Y que, en este año, el saldo rojo inevitablemente se acentuará?

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Desde luego, el problema no es el déficit, sino la calidad de los recursos con que se está financiando: capitales volátiles. De esa forma, ante la actual sensación de bonanza (que se da exclusivamente en los mercados financieros), el riesgo más severo sería adoptar otra vez el esquema de financiamiento vía recursos extranjeros especulativos. Ello equivaldría a navegar con una brújula que en cualquier momento puede imantarse. Sobra decir que este país ya no resiste otro naufragio.

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