¿Vuelven los &#34descamisados&#34?

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Qué tal si nombramos al Gordo Basurto exégeta oficial para evitar malos entendidos?

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Me explicaré. Hace unos días el presidente Ernesto Zedillo hizo a embajadores y cónsules mexicanos acreditados en el exterior una peculiar invitación. Zedillo fue un poco más allá de la usual excitativa que se hace en algunas empresas: "hay que ponerse la camiseta" y conminó a estos diplomáticos a despojarse de su camisa y lucir orgullosos los bonitos colores de la camiseta mexicana.

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Estoy persuadido de que el Presidente tiene un sentido del humor poco común y trató de concluir su discurso con una nota graciosa. Por desgracia, las crónicas del acto no consignan si el auditorio entendió así la excitativa del presidente Zedillo.

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Hubo quien imaginó que, apenas concluido el discurso presidencial, los miembros del cuerpo diplomático se despojaron de sus sacos, de sus corbatas y de sus camisas y compitieron entre sí para mostrar sus respectivas camisetas nacionales. Más de alguno, podríamos conjeturar, tuvo que reconocer, avergonzado que usa camisetas importadas o, peor aún, que esa prenda no está incluida en su ropa interior.

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Al día siguiente los pertinaces trabajadores de limpia de Tabasco, que ahora son protestantes profesionales, se despojaron no sólo de la camisa y de los pantalones, sino hasta de los calzoncillos en plena cámara de diputados. Dicen los que saben que esta fue una forma de protestar... Es un tanto enrevesado esto del desnudo como forma de protesta, sobre todo en invierno, pero lo que se puede deducir de los barrenderos tabasqueños es muy significativo:

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1. No usan camiseta.

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2. Tienen predilección por las trusas de color rojo chillón; no se sabe si esto obedece a cierta inclinación ideológica, al precio de las trusas rojas, a una moda propia del estado de Tabasco o a una coquetería adicional de la mal llamada clase trabajadora.

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3. Como trabajadores de limpia son muy malos nudistas.

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La mayoría de los espectadores dijo que el espectáculo fue bochornoso y de mal gusto: el desnudo no cosechó aplausos ni extravió las imaginaciones.

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En fin, que esto de las camisetas y de los calzoncillos rojos se presta a muchas interpretaciones. Lo mejor sería que los mexicanos tuviéramos un exégeta (intérprete de señales y signos desconocidos) que difundiera la correcta interpretación de metáforas y gestos de protesta. De lo contrario, corremos el riesgo de que haya interpretaciones descabelladas, como la que hizo la Pilarica, quien dijo que todo se trataba de la "moda Evita Perón" por aquello de "los descamisados" a quienes la demagoga argentina manejaba con maestría. ¿Usted cree?

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