¿Y después?

Bienvenidos al segundo capítulo del nuevo desorden internacional. En el escenario más optimista, l

Al cierre de esta edición había iniciado el tan anunciado ataque a Irak por parte de Estados Unidos, pese al escaso apoyo de la comunidad internacional. Comienza la producción estelar del segundo capítulo del nuevo desorden global (el primero, como es sabido, inició el 11 de septiembre de 2002).

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Si bien es esperable que esta sea una guerra rápida –no se puede suponer otra cosa ante tal desequilibrio de fuerzas–, lo que es impredecible es una respuesta de Irak y de los grupos fundamentalistas musulmanes bajo la forma de ataques terroristas. Por eso es tan difícil saber qué seguirá.

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En el escenario más probable y optimista –Estados Unidos toma un rápido control de Irak y coloca en ese país a un gobierno "cómodo"–, habrá dificultades para México. Sí, de cualquier modo las habrá. No hay más vueltas de hoja: en ese caso se podría vaticinar una disminución, relativamente rápida, de los precios del petróleo, quizás a niveles de $13 o $14 dólares. Baste entonces con asomarse al déficit fiscal de nuestro país para anticipar problemas serios en las finanzas públicas.

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Si la guerra se prolonga y el terrorismo causa daños e incertidumbre en Estados Unidos, el panorama no podría ser más desalentador. Un cuadro de este tipo sólo se traduciría en una recesión de proporciones mayúsculas. Ya hay voces crecientes que vaticinan un posible periodo de deflación radical, por ejemplo, lo que podría repercutir en una depresión. Si bien es una eventualidad todavía remota, conviene ponerse a pensar un poco en ella, porque nadie tiene la experiencia (ninguna empresa o individuo la ha vivido) de una recesión deflacionaria. Expansión entrará a profundidad en este tema en su siguiente edición (abril 16, 2003).

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Nada puede ser descartado en un momento en el que reina la incertidumbre y los mercados, como siempre se ha podido apreciar, responden a los acontecimientos con pasiones desbordadas. Emoción mata razón. Conviene no olvidar esta máxima humana. Y, al mismo tiempo, también hay que intentar acercarse con mayor objetividad a acontecimientos que han sido sobredimensionados, como es el caso de las posibles represalias estadounidenses ante el “no a la guerra” del presidente Vicente Fox.

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Difícilmente los consumidores de nuestro mayor socio comercial levantarán la bandera del “di no a los productos mexicanos” (los precios son quienes reinan al norte del Bravo), además de que las reglas que establece el Tratado de Libre Comercio de América del Norte no facilitan un horizonte de imposición de barreras no arancelarias para castigar el rechazo de un apoyo abierto al presidente George Bush. Por aquí, de verdad, no vendrán los problemas.

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Bienvenidos, nuevamente, al nuevo desorden internacional.

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–Los editores

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