¿Y dónde quedó el piloto?

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Andrés Piedragil Gálvez

La imagen de portada de la edición número 333 de Expansión (febrero 3 de 1982) desborda confianza y entusiasmo: las aerolíneas mexicanas ya despegaron y están listas para derribar a la competencia. “Decremento en el tráfico internacional de pasajeros en muchos países. Y números negros y crecimiento en las dos líneas aéreas nacionales durante 1981”, se decía en las primeras líneas de ese texto, que anunciaba el nacimiento de un gigante con alas. ¡Air France, Iberia, American Airlines, de nada servirá que se oculten entre las nubes. La flota azteca dominará el cielo!

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No obstante, nadie podría acusar a los editores de 1982 de sufrir una sobredosis de entusiasmo. Después de estar al borde de la quiebra, Mexicana de Aviación, bajo la conducción de Manuel Sosa de la Vega, empezaba a registrar cifras importantes de crecimiento. Por su parte, Aeroméxico, en ese momento encabezada por Enrique Loaeza Tovar, dejaba atrás una larga tradición deficitaria e iniciaba la costumbre de recolectar ganancias. Para no ir más lejos: ambas aerolíneas, en 1981, se encontraban en el grupo de las 33 compañías que más pasajeros transportaban a escala mundial.

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Por desgracia hoy, a 21 años de la publicación del texto, la aviación mexicana vive momentos dramáticos. Incluso, algunas aerolíneas del país difícilmente evitarán un aterrizaje trágico. No hay mucho que decir, basta con leer el artículo de portada de la edición que tiene en sus manos. Las mascarillas de emergencia han caído. La turbulencia es real. La industria aerocomercial mexicana necesita mucho talento (y empujoncitos de otra índole) para salir bien librada de la tormenta.

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