¿Y si dejamos de negar la <br>realidad?

Está de moda una afición muy costosa para México: negar la realidad. Así no vamos a llegar muy l

Repite 100 veces la misma mentira y terminará por ser verdad. El presidente Vicente Fox insiste en que no hay averías en la relación con Estados Unidos (pero es prácticamente el único mandatario latinoamericano que no ha hecho escala en Washington en lo que va del año). La Asociación de Banqueros de México hace una feroz campaña en medios sobre la reactivación del crédito (pero las pequeñas y medianas empresas deben empeñar la vida misma como garantía para tener acceso). El secretario de Economía señala que el problema en el campo mexicano se resolverá en cuanto los campesinos adquieran una actitud empresarial (pero no hay quien meta un centavo de inversión en el agro). Manlio Fabio Beltrones se pasea por noticiarios radiofónicos señalando que dimitió a una segunda vuelta en la contienda con Elba Esther Gordillo por el liderazgo priísta en la Cámara baja (pero la unidad en ese partido es intrínsecamente contradictoria). Andrés Manuel López Obrador niega su intención de llegar a la presidencia en el 2006 (pero todas sus acciones apuntan hacia Los Pinos).

En fin, ejemplos van y vienen, en todos los ámbitos de la vida nacional.

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Lástima que de nada nos sirva todo este teatro. Las políticas de la simulación y el engaño sistemático no producen riqueza. Ni oportunidades de inversión. Ni empleos. Sí provocan apatía y hartazgo, como el que se mostró el 6 de julio, con el triunfo arrollador de la abstención. ¿Es tan difícil afrontar la realidad? ¿Es impensable asumir que, en efecto, existe un largo desfile de problemas que exigen atención?

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El primer paso para resolver los mil y un capítulos pendientes de la agenda nacional es reconocer los puntos débiles. No vendría mal un ejercicio de análisis, tipo SWOT (fortalezas, debilidades, oportunidades y riesgos, por sus iniciales en inglés), para mirarnos en el espejo, para crear un auténtico proyecto de nación, con objetivos, estrategias y tácticas transparentes para alcanzar a las metas trazadas.

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Se requiere una mentalidad distinta. Los rodeos, la excesiva diplomacia y la verborrea no son las características de liderazgo que pide el país. La historia de portada de esta edición aborda, justamente, un estilo de dirección distinto que recorre al mundo corporativo mexicano. Bajo el título Jefes Duros, Expansión se asoma a la manera en que un puñado de ejecutivos gobierna sus corporaciones: hombres firmes, agresivos, directos, pragmáticos, efectivos y orientados a resultados. Si bien no serían ganadores de un concurso de popularidad, han conquistado a pulso el respeto (y el temor, de repente) de colaboradores, competidores y observadores. No es suficiente tener una visión y compartirla; es necesario dar seguimiento y jamás perder de vista el objetivo final. Ellos demuestran que sí hay mexicanos con el suficiente talento y decisión para llevar al país a un mejor puerto.

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Y, como dirían los clásicos: quien tenga oídos, que escuche.

-Los Editores
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