¿Y si todo fuese un gran teatro?

&#34¿No serán ustedes los ingenuos? –pregunta Clotilde a sus amigos priístas–, ¿a poco los otr
Ricardo Medina Macías

En su momento hasta el Gordo Basurto se entusiasmó. El PRI por fin abriría su proceso de selección del candidato a la Presidencia, moriría el ominoso “dedazo”. Han pasado los días y hasta el Gordo Basurto, inclinado al candor más que al escepticismo, se ha decepcionado: “Todo es una farsa, la democracia digital (vulgo: dedazo) se ha vuelto más barroca, ha refinado la simulación”, sentencia hoy el Gordo con desencanto.

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Vistas las cosas con frialdad, la culpa de este desengaño es de Clotilde, quien le transmitió al Gordo , en toda su crudeza, las confidencias que le hicieron un par de amigos priístas, viejos zorros (o mapaches, según se vea) en las lides electorales.

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Dichas confidencias siguieron este camino:

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Etapa uno. Clotilde pregunta por qué todo mundo dice que Labastida es el candidato oficial, si es que la elección es abierta y cualquiera puede ganar, desde Roque hasta el pesado de Bartlett.

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Etapa dos. El priísta mayor le contesta a Clotilde que todo mundo dice que Labastida es “el bueno” porque en efecto lo es y porque va a ganar.

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Etapa tres. Clotilde insiste: “Pero la elección es abierta a toda la población...”

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Etapa cuatro. El priísta menor le dice a Clotilde con una amplia sonrisa: “Mi querida amiga, los mecanismos de control siguen intactos y la estrategia se viene cocinando desde 1998; no le puedo dar más detalles, pero considere que el secretario de Gobernación, cargo que en su momento ocupó Labastida, es el jefe virtual de gobernadores y presidentes municipales donde sigue mandando el PRI, en la mayoría de los distritos electorales”.

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Etapa cinco. Clotilde dice que no puede creerlo, que ya quedaron atrás esos tiempos, que... El priísta mayor la interrumpe con una franca pero cariñosa carcajada: “Mi querida Clo, eres ingenua, la primera regla para entender esto se llama ‘síguele la pista al dinero’...”

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Etapa seis. Condescendiente el priísta mayor le hace un recuento a Clotilde: “Averigua a quién le deben el puesto los actuales gobernadores de Campeche, Oaxaca, Quintana Roo, Guerrero, Chiapas, México, Coahuila, Tamaulipas y otros. Pregunta de quién es amigo y compadre el gobernador de Veracruz. Haz las cuentas de cuántos distritos electorales hay en el Estado de México y en Veracruz. Es sencillo, Clo...”

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Etapa siete. Clotilde se aventura: “¿No serán ustedes los ingenuos?, ¿a poco los otros precandidatos se van a dejar? ¿Madrazo, por ejemplo, va a permitir ese fraude?”

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El priísta menor con severidad: “Calma, querida señora, fraude es una palabra muy fuerte. Después de todo estamos hablando de una contienda interna del partido. Además Madrazo hará su luchita por el mismo camino, pero la contienda se definió desde antes. Aunque sí, podría haber ciertas fricciones si Roberto se pone necio...”

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Etapa ocho. El priísta mayor amonesta a su compañero: “Hermano, cómo se ve que eres nuevo; ya lo decía el maestro Reyes Heroles: ‘Lo que resiste, apoya’. Madrazo  le da visos de credibilidad a la contienda. Bienvenidas las escaramuzas propagandísticas”. Y señala un asunto crucial que Clotilde pasó por alto: “No hay sanciones por presuntos fraudes en la elección interna y los vigilantes del proceso serán representantes de cada precandidato en cada casilla”. Un sueño.

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Etapa nueve. Los ojos de Clotilde parecen ahora dos grandes platos: “Entonces, ¿todo es un gran teatro?”

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Etapa diez. El priísta mayor, finísima persona (si las hay), reflexiona: “¿No fue Calderón de la Barca quien habló del gran teatro del mundo?

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O, mejor, amiga Clotilde, te recomiendo una obra contemporánea, de difícil lectura pero muy ilustrativa: Porque parece mentira, la verdad nunca se sabe. El autor, un joven novelista mexicano, Daniel Sada. Si tienes tiempo, ponte a leerla”.

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Gran final. Clotilde le cuenta con lujo de detalles esta conversación al Gordo. Y el Gordo lamenta que algunos distinguidos priístas sean mapaches tan cultos. Porque, en efecto, la novela de Sada es muy recomendable.

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