Y a todo esto, ¿qué es una desacelerac

Recesión sería si retrocediéramos; depresión si el retroceso fuese mayúsculo y por un largo per
Ricardo Medina Macías

La economía no sólo es un saber limitado que se funda en supuestos, también es un conocimiento falible que incurre en generalizaciones. Las historias personales se pierden para los economistas en el océano de los promedios.

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El desencuentro entre lo que dicen los economistas y lo que viven las personas concretas de carne y hueso, que también es irrefutable, se produce cuando Juan Súbitamente Desempleado (JSD) pretende que su historia sea paradigma, mientras que Pedro Economista Avezado (PEA) pretende desdeñar los dramas particulares escudado en el prototipo de los números correctos.

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La economía de Estados Unidos, y con ella la del mundo, sufren una desaceleración. La palabrita describe una abstracción científicamente válida: el crecimiento de la economía (un gran promedio formado de blancos, negros y grises) es menor hoy que ayer. Antes avanzábamos seis, hoy el crecimiento es de tres o de dos.

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Recesión sería si retrocediéramos; depresión si el retroceso fuese mayúsculo y por un largo período.

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Pero estas abstracciones, inevitables si queremos abarcar todo el panorama, ignoran las historias concretas, que son apenas minucias en el mundo de los grandes números, y en la vida cotidiana de quien las sufre lo más importante de lo que se tiene noticia.

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¿Qué piensa JSD cuando pea asegura que no hay crisis? Pueden ser varias cosas: a) que pea miente; b) que pea es un desalmado tecnócrata; c) que pea no sabe de lo que habla.

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Cuando alguien hace buena economía difícilmente hace buena literatura. Al menos parece incapaz de comprender "la verdad de las mentiras", esa materia prima con la que, según Mario Vargas Llosa, se hace la gran novela. Si un literato grandioso, como Dickens, escribe Tiempos difíciles, hace mala economía.

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Erige como paradigma universal una colección de historias particulares. Por si fuera poco –dirá el científico– recurre a la ficción.

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Sin embargo, ambas narraciones –la del economista y la del novelista– son verdaderas. Verdad es la ternura que inopinadamente florece en medio de la miseria, digamos en David Copperfield (quien, ¡por favor!, no es un mago de renombre, sino un personaje inolvidable de Dickens) y verdad es también que la economía mundial, y con ella la de México, sufre una desaceleración, pero no una crisis, no una recesión y mucho menos una depresión.

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Hay que reconciliar a JSD con pea. Hay que leer a Gary Becker, pero también a Dickens.

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Ambos mundos están comunicados. Digamos que el vecino de JSD, que es Martín Empleado Temeroso (MET), siente temor de que también a él, que vivía tan tranquilo y confiado, le pueda suceder lo mismo y pierda el empleo. MET modera sus gastos, pospone compras, rehuye contraer un préstamo. Y la actividad económica baja por algo tan inasible, –para el positivista, que sólo se atiene a lo mensurable– como el temor por empatía.

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Un pasaje de Tiempos difíciles ilustra el drama: la hija del señor Thomas Gradgrind –prototipo del pragmático que sólo se atiene a los hechos– se siente preocupada por su próxima boda y exclama: "Padre, a menudo he pensado que la vida es muy breve."

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Desconcertado, Thomas Gradgrind responde:
-—Sin duda es breve, querida mía. No obstante está demostrado que la duración media de la vida humana ha aumentado en los últimos años. Los cálculos de diversas oficinas de seguros, entre otras cifras que no pueden estar erradas, han confirmado este dato.
-—Hablo de mi propia vida, padre.
-—¿De veras? Aun así, huelga aclararte, Louisa, que tu vida está regida por las mismas leyes que rigen las vidas de la suma total.

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Louisa debería insistir: "Hablo de mi propia vida, padre." Ante eso, la suma total y los promedios son irrelevantes.

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