Y usted, ¿pensó alguna vez en suicidar

Quizá la pregunta le parezca algo dura o atrevida, pero la realidad es que un buen número de perso
Claudia Espinoza Juárez

En México, el suicidio es un problema de salud pública. Según informes de la Secretaría de Salud, entre 1970 y 1998 el fenómeno creció 215% en nuestro país. "En 1999, la tasa de mortalidad [por esta causa] fue de 3.4 por cada 100,000 habitantes; 5.8 para hombres y 1.0 para mujeres, lo que significa casi seis suicidios masculinos por uno femenino", señala Guilherme Guimaraes, investigador de la UAM-Xochimilco, quien encabezó un estudio sobre Epidemiología del suicidio en México durante el periodo 1970-1994.

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¿Las razones de este mal? "Es una pregunta difícil de contestar, sobre todo si partimos de que se trata de un problema multifactorial. Quizá tendríamos que empezar a hablar del estrés que cada día cobra mayor relevancia en la sociedad. Esa enfermedad nos conduce a cierta depresión, misma que en ocasiones nos lleva a la ideación suicida y, en un momento determinado, al hecho", explica Mirna Valle, jefa del Departamento de Psicología del Trabajo de la Facultad de Psicología de la UNAM.

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Existen trabajos cuyas actividades resultan –por sí solas– tensionantes: "Como ejemplo podemos citar aquellos empleados que desempeñan tareas peligrosas o quienes pasan largas temporadas alejados de su familia. Incluso los médicos manejan un mayor nivel de estrés que otros profesionistas por estar en constante contacto con la vida y la muerte."

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La ideación suicida es un entramado cognitivo a través del cual una persona analiza la posibilidad de morir. "Pero ésta, en sí misma, no resulta un gran problema. De hecho, forma parte de la madurez personal el saber que se tiene la opción de quitarse la vida y no tomarla. La dificultad surge cuando esa idea se arraiga. Es decir, se intensifica y permanece en la mente del individuo. El suicidio es una respuesta de enfrentamiento a una situación intolerable, a no saber cómo seguir adelante en esta vida", dice Catalina González, investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría.

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Valle Gómez coincide en que el suicidio es, en el caso de ciertas personas, la mejor salida; único camino que queda a quienes sienten que ya no tienen la fortaleza necesaria para confrontar una situación determinada. "Lo mismo lo vemos con el alto funcionario que no tiene forma de explicar el dinero que se llevó, que con la persona humilde que no sabe cómo darle de comer a su familia", ejemplifica.

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En el centro de trabajo, el suicidio de un colega comúnmente se atribuye a un mala evaluación o pérdida del empleo. Sin embargo, motivos como los anteriores –generalmente– no son la verdadera causa de la autoinmolación de una persona, sino el síntoma de problemas mucho más profundos, ligados en muchos casos a la depresión, la farmacodependencia o trastornos de personalidad, entre otros factores de riesgo. "Sucede, y sobretodo, en el caso de los adolescentes en el que la familia se sorprende de que el chico se haya matado porque era muy buen hijo, estudiante y amigo", asegura González, quien ha conducido varios estudios sobre intento suicida en la población estudiantil del Distrito Federal.

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El trastorno de personalidad con poca tolerancia a la frustración también representa un factor de riesgo, "el problema puede tener un origen genético, neurofisiológico o quizá surge de cierto estilo de crianza, en el que una persona crece con un mínimo contacto afectivo", ilustra el psiquiatra Óscar Benassini. "Aquí la cuestión es que algunos seres humanos poseen recursos psicológicos muy débiles y, al no contar con una gran fortaleza emocional, se vuelven muy vulnerables al entorno", agrega González.

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Varias investigaciones estiman que –cuando menos– 50% de todos los suicidios ocurren en personas con síntomas claros de depresión, por lo que su detección y tratamiento es la contribución más importante que puede hacerse en su prevención. Benassini asevera que "todavía existe una dificultad de tipo cultural muy grande para que el hombre con depresión busque ayuda y la reciba, pues desde pequeño se le inculca ser fuerte y aguantarse porque su queja no es bien vista. De hecho, la mayoría de las veces no es fácil que exteriorice su malestar, de ahí que un gran número de varones en estado depresivo recurra al alcohol como tranquilizante."

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Resulta muy común denominar depresión a estados en los que uno se siente triste o con ganas de llorar, pero la enfermedad va mucho más allá de un sentimiento de tristeza; según su gravedad afecta drásticamente las actividades cotidianas del individuo, su trabajo y sus relaciones interpersonales. Analícelo. Si la llegada de un nuevo día no le produce emoción alguna, si está insatisfecho con su situación laboral, si nada lo motiva y todo comienza a parecerle igualmente fastidioso, quizá esté siendo víctima de este mal.

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Evidentemente no es fácil combinar la vida profesional con el hogar, hijos, pareja, cuidado del cuerpo y deseos personales. Sin embargo, todo tiene un equilibrio y lo aconsejable es buscar ayuda profesional en el momento que uno siente que la situación se le está escapando de las manos. Es más, el concepto médico contemporáneo supera el modelo del paciente pasivo que se limita a seguir el tratamiento sugerido. Ahora la idea es atacar el problema aún antes de que aparezca, pero ello exige una actitud activa: nadie mejor que usted para evaluar el estado de su cuerpo y mente.

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