Ya no hay mezcla

Aunque los programas de privatización de infraestructura pueden darle trabajo a las grandes constru
Jorge A. Monjarás M.

Las grandes empresas constructoras -ICA, Tribasa, Bufete Industrial y Grupo Mexicano de Desarrollo (GMD)- estuvieron entre las que más recurrieron al mercado extranjero de dinero el sexenio pasado. Nada raro: los más de 6,000 kilómetros de carreteras construidos en ese periodo, eminentemente con la participación de capitales privados, necesitaron de incontables cantidades de dólares.

- La promesa, una recuperación en 10 ó 15 años mediante el cobro de cuotas, pronto desapareció. Los plazos se ampliaron a 20 años, dado su escaso aforo, por ejemplo, en la Autopista del Sol. Pero la situación se agravó sobremanera por la devaluación de diciembre. La sola debacle cambiaria causó en conjunto N$1,790 millones de nuevos pesos en pérdidas a estas cuatro empresas. Si bien tal vez esto no les cause suspensiones de pagos, en el caso de GMD provocó una caída de 203.65% en su utilidad neta en 1994.

- El futuro hoy tiene algunos destellos de luz. El gobierno rectificó sus proyectos de inversión en carreteras para este sexenio, volviendo a la meta de 6,000 kilómetros, luego de haberla recortado a 3,000. Aunque se espera que por lo menos 2,000 de ellos corran a cargo del propio Estado (por no ser atractivos para el capital privado), las constructoras tendrán también la expectativa de participar en la remodelación de puertos y aeropuertos, pendiente desde el sexenio pasado, y que podría acelerarse con el aumento de los proyectos de privatización. Del mismo modo, la generación de electricidad y los ferrocarriles serán otras "tablitas" de las que tratarán de tomarse los grandes constructores.

- Pero antes tendrán que resolver el problema de la escasez de dinero: los inversionistas internacionales está claro, serán más recelosos con México, y exigirán mayores tasas a los constructores. Y lo mismo pasará con el crédito interno.

- Proyectos si, dinero no
Las cuatro grandes constructoras en México reportaron que reducirán su personal en 1995. En el caso de ICA, entre septiembre de 1994 y febrero de 1995 la planta se redujo de 32,000 a 23,000 empleados. Por su parte, Tribasa reportó haber dejado ir a 260 de sus huestes de "cuello blanco", sólo como avance de lo que vendrá,

- En sus resultados preliminares a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), GMD retrata la situación. Pese al aumento de 74% en sus ventas totales durante 1994, la constructora registrará pérdidas netas por N$102 millones de nuevos pesos. Todo debido a pérdidas cambiarias por N$522 millones de nuevos pesos. La razón fue lo que ahora parece un craso error, pero que el año pasado era cosa de todos los días: si en 1993 los pasivos en moneda extranjera representaban 7% del total de deudas, para 1994 la proporción se había incrementado a 41.5%. Las utilidades de operación de GMD, en niveles sanos, se vieron nulificadas por ello.

- Lo mismo pasó con Bufete Industrial: su pérdida cambiaria a principios de febrero fue de N$100 millones de nuevos pesos, debido a que 82.6% de sus pasivos están en moneda extranjera. Y Tribasa tendrá un impacto parecido: sus deudas para este año ascienden a $325 millones de dólares en lo externo, y a N$5,300 millones de nuevos pesos en lo total, de los cuales N$300 millones vencerían a principio de año, aunque estaban en renegociación.

- Ante este clima, luego del anuncio de suspensión de pagos de Sidek (después frustrada, dicen, por presiones del gobierno), ICA tuvo que publicar en la prensa su declaración de solvencia absoluta, para hacer frente a deudas por $154 millones de dólares, a vencer en 1995. Su deuda es de N$9,536 millones de nuevos pesos, de $1,000 millones de dólares.

- Al parecer el fantasma de una crisis de pagos ya se alejó de la construcción, pero la disminución de actividades en el sector es un hecho. No por ausencia de proyectos, sino por la ausencia de dinero barato. Los clientes que paguen puntualmente o por adelantado serán los preferidos. ICA reportó que dejará los negocios que no sean estrictamente de construcción, y se enfocará a los proyectos más rentables con análisis en los contratos en el extranjero. Aunque las carreteras no son tan buen negocio, obras como la hidroeléctrica Samalayuca II (en asociación con General Electric) mantendrán funcionando a la empresa.

- Por su parte, Tribasa dio a conocer que tal vez solo emprenderá dos de los 14 contratos que tiene aprobados para 1995, por las mismas razones. Entre los proyectos por terminar en este año, está la carretera Chamapa-Lechería en la ciudad de México, que requiere de mayor financiamiento y que podría quedar atorada en su crecimiento hacia el Colegio Militar, al sur de la ciudad, debido al impacto ecológico en la zona, que aún no ha sido estudiado.

- Bufete Industrial se propone también competir por la privatización de la infraestructura sus contratos futuros son para la iniciativa privada, situación que lo hace menos dependiente de los desastres presupuéstales para 1995. Además, su asociación con la constructora chilena Montajes Ovalle le ha empezado a reportar contratos en el único país de Latinoamérica que sigue creciendo sanamente, y que planea invertir hasta $42,000 millones de dólares en infraestructura en los próximos 10 años.

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- GMD se defiende con sus proyectos de tratamiento de agua y la línea B del Metro capitalino, mientras que sufre por el estancamiento de proyectos como el de Punta Diamante, por cuestiones ecológicas.

- El futuro inmediato de la gran industria de la construcción no es halagueño, pero podrá mantenerse con un adecuado manejo de sus finanzas y la búsqueda de proyectos mis redituables que los de carreteras. Pero sus dolencias dan idea de la negra suerte que correrán las empresas de menor tamaño en el sector, especialmente cuando organismo como el Infonavit disminuyen su capacidad de levantamiento de vivienda y la astringencia de créditos hace del negocio del desarrollo algo poco rentable. Algunos de ellos quisieran dormirse hoy, para despertar en enero de 1996.

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