Yucatán los rezagos del sureste

Nada se salva. Ni la agricultura, ni el comercio, ni la industria, ni el turismo, ni la maquila... E
Dino Rozenberg

Una crisis dentro de otra crisis. Si hubiera que resumirlo en una frase, ese sería el diagnóstico de la economía yucateca.

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Así lo asevera el ingeniero Fernando Ponce García, cabeza de Administración Peninsular Corporativa: "Aparte de la crisis que afecta al país, Yucatán sigue atravesando la de pasar de una economía basada en el monocultivo del henequén a una diversificada que involucre agroindustrias, infraestructura, maquiladoras y otros factores de desarrollo".

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Ponce es un gran conocedor de estas cuestiones puesto que fue secretario de Desarrollo Económico durante la administración de la gobernadora Dulce María Sauri. Además, está al frente -junto con sus hermanos Alberto y José Luis- del poderoso Grupo Peninsular, que maneja la franquicia de Coca-Cola en Yucatán, Campeche y Quintana Roo, con cinco plantas embotelladoras, aparte de las marcas de refrescos, jugos y aguas Cristal, leches de sabores y concentrados. La operación, altamente integrada, incluye plantaciones de limón italiano, pero también fábricas de cajas empaques, refrigeradores, carrocerías para camiones y su propia agencia de publicidad.

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Este empresario reconoce que la crisis económica ha afectado sus negocios, sobre todo el refresquero, pero lo que parece preocuparlo más es que las administraciones transitorias y los "miniperiodos" han interrumpido la continuidad de los gobiernos estatales y perjudicado el desarrollo. Sus esperanzas de estabilidad, al parecer, están puestas ahora en el gobernador Víctor Cervera Pacheco, quien tomó posesión el 1o. de agosto pasado, en medio de las protestas panistas.  "Tenemos un gobierno que empieza con posibilidades de terminar sus seis años, con una persona que conoce mucho el aspecto agrícola de Yucatán, especialmente la zona henequenera y la cuestión campesina", apunta.

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A pesar de su privilegiada posición geográfica, a corta distancia de Estados Unidos, Centroamérica, Cuba y el Caribe, y con un gran potencial productivo y turístico, la economía yucateca presenta demasiados rezagos, y la crisis financiera, sumada al engorroso proceso electoral, no han sido de gran ayuda. A continuación, una visión somera de algunos sectores de la economía estatal.

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El henequén. ¿Qué es eso? Después de décadas de anarquía, abusos y despilfarro, la industria del henequén parece haber entrado en una etapa de estabilidad y es el cuarto producto agrícola más importante del estado, después del maíz, las hortalizas y los cítricos.

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La novedad es que con la venta de los activos de Cordemex, adquiridos por empresarios locales, se terminó la época de los subsidios. Esta liquidación tuvo sus bemoles: algunos conocedores afirman que el gobierno prácticamente regaló las plantas y otros dicen que eran tan obsoletas que nadie hubiera dado nada por ellas. La ventaja es que los contribuyentes ya no pagarán los platos rotos de la ineficiencia y la corrupción.

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La privatización ha abierto nuevos rumbos. Para empezar, según explica Hidalgo Jiménez Ruiz, director general de Hilos Agrícolas de Yucatán, los industriales se han comprometido a comprar toda la producción disponible. "El henequén es una materia prima que se puede almacenar, y de este modo evitaremos que se repita lo que ocurrió el año pasado, cuando tuvimos que importar fibra de Brasil para cumplir con nuestros compromisos."

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También en materia de precios ha llegado la paz. Este año, el kilo de fibra se situó en N$2.75 nuevos pesos, 23% más que el año pasado. "Los productores no se exceden en sus demandas y nosotros les garantizamos el mercado -resume Jiménez-. Si pidieran precios exagerados no podríamos colocar los productos terminados, porque estamos muy presionados por el mercado del yute y del plástico."

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¿Saldrá adelante este negocio? Jiménez tiene esperanzas de que la fibra tome nuevos bríos, porque en todo el mundo existe gran demanda de empaques naturales que sustituyan otros sintéticos difíciles de reciclar o desechar. "Algunos usuarios están regresando a los costales de henequén porque son más económicos que los de plástico. El año pasado colocamos todo el producto, y si no fuera por la crisis de México, este año también lo hubiéramos vendido."

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Los sofocones del comercio. Muchos comerciantes yucatecos están pasando sofocones. A algunos les ha ido tan mal que ni siquiera pueden pagar el aire acondicionado para sacudirse el bochorno.

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"Los comerciantes y prestadores de servicios turísticos no pensamos que el problema fuera a ser tan grave -admite Jorge Torre Loría, presidente de la Cámara de Comercio de Mérida- Mucha gente pensó que los hechos de diciembre sólo complicarían la economía, pero ahora la gente está desesperada." En lo que va del año han cerrado unos 400 comercios (10% de los socios de la Canaco).

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Torre explica que los microempresarios no han sufrido directamente el problema de las altas tasas de interés porque su tamaño no les permitió recurrir al crédito, pero que los más afectados son los que propiciaron el auge de los malls. "Se dice que Mérida, con una población cercana a los 600,000 habitantes, tiene plazas comerciales como para una ciudad de cinco millones. Primero se vendieron Fiesta Plaza y Plaza orada, con más de 100 locales cada una, y el año pasado la Gran Plaza, con algunas dificultades porque las ventas no aumentaban sino se dividían. Muchos de esos comerciantes, que se comprometieron con los bancos, han sido embargados, y otros cierran o devuelven los locales. Hay plazas más pequeñas donde los locatarios no pagan ni el mantenimiento, y han suspendido el servicio de aire acondicionado por no poder afrontarlo."

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Obviamente, también los consumidores yucatecos están asombrados por la dureza de la crisis. Torre explica que durante muchos años las familias con recursos acostumbraban viajar a Miami y a otras ciudades de Estados Unidos, al punto que llegó a haber tres vuelos diarios con esos destinos. "El boleto costaba $120 dólares y era más barato que ir a la ciudad de México. También la entrada de las franquicias fue una locura, y ahora algunas han debido cerrar." Y se lamenta: "Nadie tiene la culpa de esta situación económica: ni los obreros, ni los empresarios ni los banqueros. Sólo sabemos que fue un mal manejo de la economía. El gobierno le apostó mucho a algo que no funcionó, y ahora lo estamos sufriendo nosotros. Por eso es que el gobierno tiene que salvarnos".

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El sector mejor librado del comercio ha sido el de los autoservicios, que en Yucatán ha mostrado un comportamiento curioso e inusual, quizá debido a la lejanía del centro del país y a su relativo aislamiento geográfico. A pesar de la presencia de Comercial Mexicana, Sams Club y Price Club, el liderazgo lo mantienen dos cadenas locales: Super Más y Super San Francisco de Asís, que han saturado el mercado y de alguna manera retrasado el ingreso de las grandes del DF.

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¿Durará para siempre? Es difícil saberlo, pero todo indica que las otras marcas se moverán con cautela. Es el caso de Chedraui, oriunda de Veracruz, y Comercial Mexicana, que abrieron una tienda cada una. Se sabe que K-Mart, Liverpool y Carrefour tienen intenciones de incursionar en estas latitudes, pero los grandes ausentes siguen siendo Aurrerá y Gigante, que no dan señales de vida.

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Turismo de cuartos vacíos. Hotelero de larga tradición, Torre suena melancólico cuando habla del papel pionero que tuvo Mérida en el turismo nacional, en los años 50 y 60, cuando tres veces a la semana recibía un legendario vuelo de Pan American que salía de Nueva Orleáns y seguía a Centro y Sudamérica.

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Esa bonanza no podía competir con la pujanza del vecino Cancún -que hoy cuenta con más de 20,000 habitaciones-, y Yucatán cedió no sin dolor su posición de cabeza de puente del sureste. Pero si perdió la preeminencia, a cambio ganó otras ventajas. Apunta Torre: "Muchos hoteleros decimos que es una bendición tener a Cancún a 300 kilómetros, porque en vez de hacernos daño atrae muchísima gente. No hay otro destino que tenga tan cerca un aeropuerto con tantos vuelos y con tanto tráfico de turistas hacia el extranjero. Y con la nueva supercarretera son escasas tres horas de viaje".

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El problema, como suele ocurrir, es la falta de planeación y promoción. Durante unos 15 años, el Holiday Inn fue el único hotel de lujo de la capital, con una ocupación cercana a 90%. En 1994 se abrió el Hyatt, con 300 cuartos, y este año el Fiesta Americana, con otros 350 cuartos y una inversión estimada en $60 millones de dólares.

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"Aquí quedó demostrado que no es cierto que un destino barato atraiga mucha gente -dice Torre- El turismo no ha aumentado con la devaluación, pese a que los hoteleros no aumentamos las tarifas. Con la entrada de los nuevos hoteles la ocupación bajó hasta en 20%." La combinación de menos ocupación y menores precios no puede ser peor: "Estamos regalando nuestros servicios, lo cual ha desquiciado a la industria hotelera de Mérida".

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Ladrillo sobre ladrillo. Armando Palma Peniche no se anda en obras chicas: en el fraccionamiento Francisco de Montejo, sobre la carretera que lleva de Mérida a Progreso, se propone levantar 12,000 viviendas de interés social. Ya lleva construidas 5,000 y, si no fuera porque la crisis financiera le ha puesto el freno, serían muchas más.

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La iniciativa no dejó de llamar la atención de los críticos, sobre todo en relación al precio que promotora Residencial pagó por los terrenos que, también hay que reconocerlo, corrían el riesgo de perderse en manos de paracaidistas e invasores. Palma dice que buena parte del terreno efectivamente se perdió y que esta mini-ciudad permitirá controlar los asentamientos ilegales y crear una zona habitacional digna y segura.

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Estos cuestionamientos no son cosa nueva en la economía yucateca, donde buena parte de las operaciones empiezan o terminan en alguno de los palacios de gobierno -el estatal o el municipal-. Por lo menos, así es como lo señalan algunos connotados panistas y opositores.

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"La industria de la construcción es potenciadora del empleo y de muchas industrias conexas -dice el empresario-. Aunque es intensiva en mano de obra, es una obligación capacitarla para aumentar su eficiencia y productividad. Sólo así se puede competir y obtener ventajas incluso sobre empresas constructoras industrializadas, que utilizan menos mano de obra. Es lo que nos ha permitido sobrevivir en medio de esta crisis."

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Palma es uno de los pocos constructores que utilizan las herramientas de la mercadotecnia para encauzar el diseño y comercialización de viviendas, y ahora se están rediseñando para abaratarlas y ponerlas al alcance de los potenciales clientes. "El dinero y los materiales cuestan igual en Yucatán que en otras partes del país, pero las posibilidades económicas de este mercado son mucho menores. Para compensar esta desventaja debemos ingeniarnos para ofrecer el producto que la gente pueda comprar."

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Reconoce que está trabajando con márgenes muy reducidos, o aun sin ellos, y que se conforma con conservar la planta productiva y pagar los intereses a los bancos. Incluso dice estar dispuesto a absorber pérdidas ligeras durante un par de años, mientras aparece la famosa luz al final del túnel.

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Porcicultura: menos kilos por cabeza. Serán las crisis o las dietas, pero ya ni la comida es corno antes. Hace unos cuantos años, el consumo per cápita de carne de cerdo del mexicano era de alrededor de 19.5 a 20 kilos anuales. En agosto pasado, con eso del ajuste de cinturones había bajado nueve kilos.

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Las cifras las suministra Raúl Casares, presidente de Corporaciones Interestatal y AgroYucatán empresas dedicadas a la cría intensiva de ganado porcino, que cada semana envían al rastro 13,000 cerdos. “La porcicultura se ha reducido y está ocurriendo un fenómeno de selección que sólo dejará dos alternativas para el abasto: el porcicultor eficiente y la importación; el productor no eficiente tendrá que salirse del mercado”.

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Para muchos ganaderos la advertencia de Casares será tardía. Según Carlos Patrón, director general de la comercializadora Kekén, en agosto pasado se estimaba que el hato porcino se habían reducido en 20% respecto de diciembre. “Aun cuando ahora se recuperarán los precios, a fines de año todavía tendríamos 15% menos cerdos que los que había hace un año.” Kekén es una empresa dedicada a la comercialización de carne de cerdo en el sureste y el Golfo, y constituye una asociación estratégica entre Agro Yucatán y Univasa, esta última una empresa de Grupo Desc.

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Casares señala que a pesar de los aumentos en el precio de la carne, la porcicultura no ha recuperado la pérdida ocasionada por el aumento de los costos de producción, sobre los que han gravitado el precio del alimento, que se cotiza en dólares, y las tasas de interés. Debido a este desajuste, algunas empresas viven en estos días al nivel de subsistencia. "En las tasas se da un caso paradójico –señala-, porque el porcicultor que no estaba apalancado resultó ser el que tenía operaciones más ineficientes. El más eficiente era el más apalancado, porque buscó recursos externos para ampliar su negocio y buscar economías de escala."

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La porcicultura es muy dependiente del precio del grano para alimentación, que se fija en los mercados internacionales porque el mercado mexicano es deficitario y requiere importaciones de Estados Unidos. Además, es conocido que debido a condiciones climatológicas, en los últimos dos ciclos los cereales han sufrido aumentos generales de precios. En noviembre de 1994, el alimento costaba en Yucatán N$750-800 nuevos pesos la tonelada y en agosto ya había pasado de N$1,400 nuevos pesos. En el mismo periodo, la carne de cerdo subió aproximadamente 30%, de N$5 a N$6.70 nuevos pesos el kilo vivo.

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Según Casares, "el precio de venta no recupera siquiera el aumento del precio del alimento y todavía hay que aumentarle el costo de los intereses. En 1994 pagábamos tasas de 14% anual, pero hasta agosto el promedio había subido a 60%. Es un impacto muy violento y pone en riesgo a todo el sector. Aun cuando las tasas bajarán el año venidero a niveles razonables, a algunas empresas las dejó arruinadas y tendrán que salirse del negocio".

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Para este productor, la única solución es la integración de cadenas productivas y las economías de escala. Sobre todo, deben eliminarse los centros de utilidad múltiples, para que el costo y la rentabilidad permitan sostener la producción. Un ejemplo basta para mostrar el esquema: en condiciones sanitarias de excelencia, una hembra produce cada año 20 animales para el rastro. En muchos criaderos ineficientes la cifra no pasa de 10-11 crías por madre. Además, por cada tres kilos de alimento debe obtenerse un kilo de carne. Este es el estándar de los mejores productores a nivel mundial. Si los animales comen más, se enferman o tienen una mortalidad excesiva, la operación deja de ser rentable y puede ser sustituida por productos de importación.

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Orgullosos, Casares y Campos explican que sus hatos están dando 22.5 animales/hembra/año, con un consumo de 2.9 kilos de alimento por kilo de carne. "Estamos dentro del grupo de los mejores productores a nivel mundial, que representan sólo 3% de los hatos existentes."

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¿Quién consumirá esas piernas o lomos tan cuidadosamente producidos? A menos que las cosas cambien en forma muy rápida en México, los consumidores serán los mercados de Estados Unidos, hacia donde se espera iniciar exportaciones el año próximo, una vez que se finiquiten los trámites con las autoridades sanitarias.

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