Tiempos dorados de la incertidumbre

Todos buscan refugiarse en el oro, aunque pocos se atreven a predecir si será el patrón de cambio en el futuro.
Luis Miguel González

El oro es el elemento número 79 en la Tabla Periódica de los Elementos. Allí no tiene privilegios de excepción. No es el más valioso ni el más escaso, sólo una de las 118 piezas que hacen posible explicar el misterio del mundo. Fuera de la tabla de Mendeleyev, el oro es otra cosa: este material está lleno de magia. Mantenemos la creencia medieval de que algo tan bello y raro sólo puede tener efectos benéficos. Hay medicinas alternativas que recomiendan beber el oro y algunos excéntricos utilizan polvo de oro para decorar sus alimentos. La mayoría no hacemos eso, pero sí atribuimos a este metal el poder de otorgarnos una forma de certeza en tiempos de incertidumbre.

El oro se ha convertido en uno de los refugios favoritos de los inversionistas. La demanda por este escaso metal ha crecido exponencialmente, en particular aquella asociada a fines especulativos. Por eso, estamos viviendo una de las rachas alcistas más largas en la historia reciente, sólo comparable al periodo que va de 1970 a 1980, cuando la onza pasó de 37 a 590 dólares.

Al comenzar este siglo, el oro se cotizaba en 270 dólares por onza. Desde entonces ha visto multiplicar su valor por un factor de siete. El rendimiento que otorgó sólo se compara al que otorgaron algunas empresas de excepción, como Google o Groupon. Decir comparable sólo cabe en términos de retorno. La explosión de valor en el precio de estas empresas innovadoras refleja el gran reconocimiento del mercado al talento empresarial y tiene que ver con el optimismo y la confianza en el futuro de los inversionistas.

La escalada de los precios del oro es otra cosa: se nutre del miedo ante las turbulencias económicas y frente a la irrupción de lo desconocido. Las inversiones ‘seguras' han dejado de serlo. El oro permite cubrirse ante los riesgos de pérdida de valor asociados al dólar, el euro, los mercados bursátiles y los instrumentos de deuda pública.

El oro está de regreso y aún no está claro qué significa eso. Se trata de un acontecimiento con enormes repercusiones. La noticia no quiere decir lo mismo para la minería, los mercados financieros y los consumidores. Cerca de 50% de la demanda mundial del oro se relaciona con la joyería; 40% está vinculada a los mercados financieros, y 10% a usos industriales.

El sector minero está de pláceme. Los altos precios hacen rentable la exploración y la explotación de vetas. Este año, habrá inversiones mineras cercanas a 1,000 millones de dólares (mdd) en México, todas relacionadas con el oro. La producción tiene garantizada su venta. Nuestro país se convertirá en uno de los 10 mayores productores del mundo. Cerraremos 2011 con una producción superior a las 70 toneladas. Para ponerlo en perspectiva, basta con decir que en 2002 la producción nacional fue de 20 toneladas.

En este auge, los bancos centrales desempeñan un papel protagónico. Han dejado de ser vendedores y se han convertido en ávidos compradores. El Banco de México adquirió 100 toneladas de oro en el primer trimestre de 2011. Al hacerlo se sumó a una tendencia que incluye a China, Rusia, India, Arabia Saudita, Sudáfrica y Venezuela. Todos ellos están comprando oro en grandes cantidades.

Es muy pronto para dar la razón a quienes auguran el regreso del patrón oro. La compra de 100 toneladas de oro significó para Banxico una plusvalía cercana a los 500 mdd en un semestre. Hay un amplio margen para que los bancos centrales de Asia y América Latina aumenten sus posiciones en oro. China sólo tiene 1.7% del total de las reservas de su banco central en este metal. México, algo más de 4%. Pueden ustedes apostar a que este porcentaje pronto crecerá significativamente.

¿Qué tan alto llegará el oro? Son muchas las voces que vaticinan que pasará la barrera de los 2,000 dólares por onza en algún momento de 2012. Sus pronósticos tienen que ver con el comportamiento reciente de los mercados y, sobre todo, con la certeza de que el precio del oro se alimenta de la incertidumbre, algo que se produce en exceso en nuestros días. Es tanta la incertidumbre en el ambiente, que no podemos dar por hecho que el oro seguirá subiendo. El futuro es más fácil inventarlo que predecirlo, nos advierte el futurólogo japonés Tsujita Haruko.

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El autor es director editorial del periódico El Economista.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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