La crisis que se aproxima

La tormenta económica que sufren Estados Unidos y Europa, inevitablemente, llegará a México. Son varios los sectores que podrían resultar afectados.
1076 picf016  (Foto: Ramón Sánchez Belmont)
Edgar Amador

La economía mundial vuelve a tambalearse y México no saldrá incólume de esta circunstancia. Las señales de recesión son cada vez más manifiestas: Estados Unidos y Europa están al filo del colapso, en tanto los mercados se muestran escépticos con respecto a la capacidad de los gobiernos y de los bancos centrales para sacar la economía global de un campo minado.

Una nueva recesión, por tanto, parece inevitable y, de ser así, engullirá también a México. Los mercados locales ya lo resienten: el peso se adentró en una rápida senda de depreciación, la Bolsa Mexicana de Valores ha registrado severas caídas y los inversionistas, que habían apostado por los bonos locales, salen de México y propician un repunte de las tasas a lo largo de la curva. En la actividad real también se empieza a hacer perceptible el viento en contra: las exportaciones de vehículos se contrajeron en agosto, los principales rubros de ventas a EU se han venido desacelerando y, lo peor, dada la tendencia de los indicadores manufactureros en ese país, todo parece indicar que la situación empeorará en el corto plazo. En medio de todo eso, el petróleo empieza a perder terreno de manera vertiginosa y un nuevo descalabro en su precio, como en 2008, podría desenmascarar a una economía que todavía depende del crudo.

Éste es el mapa de impactos en México de una crisis que viene del exterior.

En franco declive

La desaceleración en Estados Unidos impactará en el crecimiento económico de México y éste se manifestará, en esencia, a través de la actividad industrial, cuya correlación con la manufactura estadounidense es muy estrecha. Para ubicar esto en su justa dimensión, el sector secundario en México representa en torno a 30% del PIB, por lo que una contracción en ese ramo terminará por arrastrar al resto de la economía, como sucedió en 2009. La actividad industrial en México creció 3.2% en julio, y excluyendo la tasa de 1.9% de abril por el tsunami japonés, es la más baja desde diciembre de 2009. El pronóstico, entonces, tiene razón de ser: los datos adelantados de Estados Unidos sugieren que la tendencia a la baja se acentuará en el corto plazo.

La industria automotriz se frena

Las señales de enfriamiento en las exportaciones de México a Estados Unidos empiezan a ser notorias. Las cifras más actualizadas son las referentes a las exportaciones de vehículos que publica la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), en las que se reportó una caída de 3.3% en las exportaciones totales y de 14.5% de las ventas a Estados Unidos, lo cual representa 17,188 autos menos vendidos, frente a agosto del año pasado. En ese contexto, la serie fue muy volátil en el segundo trimestre debido al impacto que se registró por el tsunami/desastre nuclear de Japón en la industria global de autos. Pero, diluido ese impacto, los datos de agosto pueden marcar una nueva tendencia, con inclinación a la baja.

Se contagian otras ramas

Desde mediados del año pasado, las exportaciones no petroleras a Estados Unidos han perdido dinamismo, sobre todo en los rubros de computadoras y productos electrónicos (23% de las exportaciones totales a EU), en equipo eléctrico y electrodomésticos (8%) y en maquinaria, excluyendo transporte (5%). En los últimos cuatro trimestres, el ritmo de expansión de las exportaciones se ha desacelerado y en julio de este año prosiguió esa tendencia: las exportaciones de equipo de cómputo se contrajeron 7.7%, en contraste con una tasa promedio de -0.3% en el segundo trimestre; en equipo eléctrico, la tasa fue de 9.2%, la más baja desde octubre de 2009; y en maquinaria, de 14.3%, en comparación con tasas superiores a 50% hace un año.

Petróleo, bajo amenaza

Otra variable de contagio puede ser el petróleo. Hasta ahora, el descenso del precio del crudo ha sido contenido gracias a la expansión económica de algunos países emergentes con uso intensivo del petróleo, como China, la relativa debilidad del dólar y el exceso de liquidez global. Pero las perspectivas de una menor demanda global de petróleo ante los riesgos de una nueva recesión global y una ralentización de la economía china pueden deprimir los precios energéticos, otro factor de vulnerabilidad para México por su elevada dependencia con el crudo. Recientemente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió, en alusión a los problemas de Rusia, que, en el "peor escenario", el WTI podría caer a 50 dólares.  

Depreciación del peso

La salida de capitales frente a la reciente aversión al riesgo, las expectativas de un menor crecimiento en México y el temor a un declive mayor de los precios del crudo se han traducido en una reciente y marcada depreciación del peso. En la crisis de 2009, con el derrumbe del precio del petróleo, la moneda llegó a cotizarse en torno a 15.5 pesos por dólar, aunque ahora la elevada munición de la que goza el Banco de México en reservas internacionales puede ser usada para amortiguar el declive del peso. En la tercera semana de septiembre, la moneda llegó a cotizarse en los 14 pesos. A su vez, la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) se ha visto sometida a las mismas turbulencias que los mercados bursátiles globales, golpeados por el miedo a una nueva recesión mundial.

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El peso puede salvar las remesas

Una nueva crisis en Estados Unidos reduciría el monto en dólares de las remesas que envían los emigrantes, la segunda fuente de ingresos al país detrás del petróleo. Así pasó en la crisis anterior, cuando el monto en dólares se redujo de 25,138 millones de dólares (MDD) en 2008, a 21,245 MDD en 2009. Lo mismo puede suceder esta ocasión: hasta julio de 2011, el último dato disponible, los ingresos por remesas acumulan 13,060 MDD comparado con los 12,530 MDD que se contabilizaron en el mismo periodo del año pasado. Así, no todo serían malas noticias: la reciente depreciación del peso ayudará al monto de las remesas en pesos en los próximos meses, lo que compensará la posible caída en dólares.

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