Una industria muy rústica

El rumor de que IKEA llegaría a México dejó al descubierto una industria mueblera que necesita renovarse para sobrevivir.
1076 picf018a  (Foto: Adán Gutiérrez)
Elia Baltazar

"¿Qué van a hacer ahora que viene IKEA?", le preguntaron varias personas en Twitter a los hermanos Christian, Patrick y Ernesto Vidal, fundadores de Ingenia Muebles, a fines de julio pasado cuando corrió el rumor de que la mueblera sueca tocaría suelo mexicano.

Los consumidores celebraron la posible llegada de una de las marcas de muebles más atractivas del mercado internacional y cuyo concepto es inspiración de empresarios como los Vidal y de cadenas de tiendas, como Idea Interior, cuyos modelos combinan precio, oferta, variedad y atención a la necesidad del cliente.

Pero el anuncio no causó sobresaltos ni en Ingenia ni en Idea Interior, asegura su director, Uriel Alatriste, pues no es la primera vez que se especula sobre la llegada de IKEA.

Hace tres años, en Guadalajara, se esparció la noticia de que la empresa había alquilado terrenos y bodegas para comenzar sus operaciones locales, pero se dijo que la crisis la había obligado a echar atrás sus planes. Otras versiones dicen que maquiló en México y hasta abrió oficinas.

A través de un correo electrónico, Expansión despejó las dudas. "Contrario a lo que ha sido publicado, por el momento no tenemos planes de abrir tiendas en México", contestó Joseph Roth, responsable de Relaciones Públicas de IKEA en Estados Unidos. Dijo que tampoco lo han intentado antes.

La alarma resultó falsa pero dejó al descubierto una industria de muebles muy sensible a la entrada de nuevos competidores. Se trata de un sector conformado en 98% por micro, pequeñas y medianas empresas (pyme) que funcionan bajo un esquema de negocio familiar, muy conservador y ajeno a las nuevas tecnologías, y que ha ido cuesta abajo debido a la crisis, la competencia china, la falta de financiamiento y de mercado, e, incluso, por sus propias características.

Los años dorados

Desvencijada desde hace más de una década y apolillada por la crisis financiera mundial de hace dos años, la industria mexicana del mueble perdió terreno en el mercado internacional, se desplomó en su crecimiento local y se ha recuperado tímidamente en el último año.

Al cierre de 2010, esta industria reportó un repunte de 4.5% en el empleo, de 8.2% en las ventas y de 4.7% en el valor total del sector (calculado en 1,604 millones de pesos), respecto de 2009, según la Encuesta Mensual de Actividad Económica que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Pero aún está muy lejos de la época dorada que vivió con el mueble rústico en los años 90, con firmas como Segusino. A fines de esa década, México ocupaba el tercer lugar mundial en ventas, sólo después de EU e Italia, comercializaba sus artículos en 70 países y al menos 20,000 empresas aportaban 2.6% del Producto Interno Bruto (PIB) y generaban aproximadamente 150,000 empleos, de acuerdo con el Banco de Comercio Exterior (Bancomext).

En la actualidad, en cambio, el sector de muebles representa 1.3% del PIB, suma 17,000 empresas y genera aproximadamente 129,000 empleos directos que representan sólo 1.8% del total de la industria manufacturera, según cifras de la Secretaría de Economía.

La necesidad de renovación en la industria es urgente. El sector mueblero tiene que remodelar la casa si quiere recuperar su lugar en las exportaciones, competir en los mercados internacionales y fortalecerse para evitar las sorpresas de visitas inesperadas, o al menos los sobresaltos que provoca la posible llegada de empresas globales, como IKEA, cuya red de sucursales está en 39 países, incluida la República Dominicana, el único país de América Latina con su propia tienda.

Asuntos de familia

Negocios entre amigos y familia, cuentas que todavía se llevan en papel o estados financieros en rojo que cierran las puertas al financiamiento de la banca privada son algunas características de la realidad de la industria del mueble en México.

"Todos se conocen entre ellos", dice Pedro Martínez, consultor y director de EFIM Servicios Financieros, una firma dedicada a otorgar herramientas financieras para el sector mueblero. Y los hermanos Vidal suponen que todos intercambiaron llamadas cuando supieron de la posible llegada de IKEA.

Estos emprendedores critican que los muebleros mexicanos han vivido en una zona de confort, ajenos a la competencia y protegidos entre ellos.

Aseguran que es un sector muy conservador que ha cambiado muy poco desde hace 30 años, que se ha resistido a la modernización de sus procesos y a mejorar sus prácticas. Al margen de las tiendas departamentales, las muebleras tradicionales siguen con prácticas muy antiguas. Además, falta innovación en diseño, inversión en tecnología y estrategias de compras para buscar el insumo de mejor calidad y de mejor precio.

"Ni siquiera ha habido una renovación generacional, porque los fabricantes siguen siendo los mismos y no se han preparado para pensar globalmente y enfrentar una competencia de la dimensión de IKEA, por ejemplo", aseguran los dueños de Ingenia.

Pedro Martínez, de EFIM, tiene otra perspectiva. Considera que la industria mueblera nacional todavía tiene el lustre suficiente para enfrentar la competencia y el futuro. Para él, la llegada de IKEA no debió ser motivo de preocupación para la mayoría de los industriales porque es un mercado con productos muy tropicalizados, es decir, adecuados al consumo nacional, que no compiten en el segmento al que se dirige IKEA cuyos productos no serían tan baratos en México como se piensa debido al tipo de cambio.

Las grandes mueblerías mexicanas, como Hermanos Vázquez, Salinas y Rocha, Troncoso, Dico o Viana (ahora propietaria de Frey), tienen un nicho muy identificado que no compite con IKEA por el tipo de producto, según Martínez.

Las pequeñas tampoco parecen estar en riesgo. La competencia es el mercado informal o el carpintero de la zona. Martínez tampoco cree que afectaría a las tiendas departamentales. "El mercado mexicano es muy especial, muy local, y la gente no gasta mucho en muebles", señala. Las familias mexicanas invierten, en promedio, 7% de su ingreso en muebles al año, según la Encuesta Nacional de Gasto en los Hogares, de INEGI.

Los hermanos Vidal, en cambio, consideran que la competencia de IKEA sí afectaría las grandes cadenas. "La curiosidad de la gente la llevaría a pasear los domingos a la nueva tienda y olvidar las viejas mueblerías", dicen. Pero se sienten a salvo, pues en su negocio apostaron por un modelo de bajo costo en producción, distribución y venta, que atiende las necesidades y gustos de su consumidores.

Ingenia Muebles tuvo éxito al dirigirse a un mercado joven de consumo, con precios muy accesibles y diseño de moda. A diferencia de la industria mueblera tradicional, esta empresa aprovecha las nuevas tecnologías. A través de puntos de venta tecnificados saben lo que venden en tiempo real y esto les permite reaccionar más rápido a la demanda de sus consumidores.

Por su propia experiencia, los hermanos Vidal aseguran que la industria del mueble no tiene otra opción que renovarse en el diseño, modernizar su tecnología, dejar atrás el modelo de negocio familiar y arriesgar en nuevas estrategias de inversión y mercado para satisfacer los gustos del cliente y enfrentar la competencia, venga de donde venga.

Reforzar la industria

La industria mueblera enfrenta grandes retos. Lleva cuatro años sin crecimiento real y la inestabilidad del sector ante las tormentas económicas es el peor enemigo de los empresarios muebleros. "Es muy sensible ante los cambios y débil por la falta de financiamiento", dice Pedro Martínez, de EFIM.

Fortalecer esta industria no es tarea fácil. El sector está compuesto en su mayoría por pymes, incapaces de satisfacer demandas de gran volumen por la falta de maquinaria y tecnología, y donde persisten métodos de producción artesanales, como el de la tachuela en la boca, con el que se refieren a la carpintería. Estas características elevan costos y afectan la calidad y la competitividad respecto de la industria global.

Para estas empresas, el acceso a fuentes de financiamiento, tanto comerciales como de banca de desarrollo, es prácticamente imposible. Muchas ni siquiera pueden acceder a Cadenas Productivas, un programa de Nacional Financiera (Nafin) que le resulta efectivo sólo a los proveedores de grandes almacenes, como Liverpool, El Palacio de Hierro o Sears, explica Martínez. "Es un programa de financiamiento muy barato y eficiente, pero, para poder acceder a él, las empresas necesitan mucho volumen de producto", dice.

Otra posibilidad para los proveedores de la industria del mueble son los servicios de fondeo financiero que las cadenas de tiendas como Coppel, FEMSA y Elektra ofrecen a sus propios fabricantes. El problema es que sólo algunas empresas tienen capacidad de producción suficiente para surtir estas cadenas de tiendas.

El financiamiento es muy importante y puede significar la salvación para una compañía "Lo hemos comprobado porque nuestros cerca de 80 clientes, que son en su mayoría pequeñas o medianas empresas, sólo hubo una quiebra de 2008 a la fecha, en la peor parte de la crisis financiera, y se trató de un importador de productos chinos y no de un fabricante", dice Martínez, de EFIM. En menos de una década, China desbancó a México en el mercado estadounidense y en segmentos de fabricación como los muebles rústicos, que fueron la gloria de la producción local.

De acuerdo con Bancomext, la industria mueblera china alcanzó en 2008 un crecimiento anual de 16% y exportaciones por 8,000 MDD anuales sólo a Estados Unidos, colocándose como su segundo proveedor sólo detrás de Canadá. México es el tercero. En el mercado internacional, el país cayó del tercero al séptimo lugar en una década. Hoy sus ventas totales suman 3,760 MDD, según ProMéxico.

En casa, la competencia no ha sido menor. Las importaciones se duplicaron de 2001 a 2008, llegando a 600 MDD. Casi la mitad de los muebles provienen de Estados Unidos (48%), seguido de China (28%), Italia (6%), España y Canadá (4%, respectivamente), Brasil (2%), y Taiwán, Malasia y Vietnam (6% en conjunto).

Pero el argumento de la competencia china en el mercado nacional ha perdido fuerza. "Ya es un mito aquello de que la mano de obra china es barata; se ha encarecido lo mismo que el costo de la transportación. Los muebles son mercancías que ocupan mucho espacio, y desarmados son un riesgo porque si llegan incompletos o defectuosos prácticamente no hay manera de devolverlos", explica Martínez, de EFIM.

Los hermanos Vidal aseguran que 90% de sus insumos son nacionales y sólo recurren al mercado chino cuando el costo lo justifica. Por su parte, Uriel Alatriste asegura que en la primera etapa de Idea Interior, 60% de los productos provenían de importaciones y 40%, del mercado interno, pero ahora la relación se invirtió y con buenos resultados.

"Hay buenos proveedores y nosotros somos una oportunidad para ellos, siempre que estén dispuestos a invertir y desarrollar productos y servicios que se adapten a nuestro modelo", afirma Alatristre.

Franquicias, un mercado sin explotar

Un sector poco explorado hasta ahora en México por la industria del mueble son las franquicias. Hay unas 10 franquicias con 60 puntos de venta (sin contar negocios de decoración ni de colchones o similares), y la mayoría orientadas a un mercado de nivel socioeconómico medio-alto y alto, de acuerdo con César Aranday, director de Aranday & Asociados. Esto abre un área de oportunidad en los niveles medio bajo para las empresas interesadas en expandirse a través de franquicias.

Entre las franquicias mexicanas de la industria mueblera destaca Segusino, una firma asentada en Puebla que incorpora al valor de marca su carácter de empresa socialmente responsable, pues sólo utiliza pino (un árbol que se renueva en cuatro años) o maderas recicladas, explica Ferenz Feher, director de la consultora en franquicias Feher & Feher.

Aranday también destaca a Dico, que es "una especie de franquicia", con 150 unidades de venta, y que se distingue por su infraestructura y su reingeniería de procesos.

Según Aranday, hay tres principales razones que desalientan a muchas empresas del sector a desarrollar sus franquicias. El alto importe de inversión en inventario y su baja rotación, con indicadores de rentabilidad que pueden parecer poco competitivos respecto de las franquicias de otros giros; la complejidad de la logística de distribución y atención de pedidos; y su apego a esquemas tradicionales de distribución, pues muchas empresas se manejan bajo el esquema de distribuidores que prefieren no modificar o convertir a un moderno modelo de franquicia con mayores compromisos, lineamientos y obligaciones de las partes.

Pero hay varias empresas con potencial para convertirse en franquicia. "Tenemos buenas mueblerías, se trata de un mercado con una valoración alta, que tiene futuro, y creo que varias empresas deberían estar franquiciando", dice Feher.

Algunas compañías estadounidenses y españolas han conseguido entrar a México con un modelo de franquicia. Los principales obstáculos para su ingreso son el alto costo de las importaciones de los productos, la volatilidad de la moneda y la dificultad para localizar ubicaciones atractivas en términos de mercado y viables por costo de arrendamiento.

La seguridad también es un impedimento. Un estudio del Sistema de Información Estadística de Jalisco reveló que el sector mueblero identificó la inseguridad y el comercio informal como los principales problemas que afectan su actividad.

"El presidente de la Asociación de Fabricantes de Muebles de Jalisco, Humberto González, dijo que el robo a transporte seguía al alza y les preocupaba mucho el sistema tributario y la paridad peso-dólar", señala Feher.

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Para César Aranday, la entrada de nuevas marcas extranjeras, lejos de perjudicar el sector local, podría reactivarlo hacia muchas direcciones: mercadotecnia, imagen, proveeduría y nuevas formas de hacer negocio.

La llegada de una empresa extranjera podría obligar por la mala, la activación del sector mueblero mexicano. Por la buena, los muebleros pueden empezar desde ya a renovarse.

IKEA, LA GRAN IDEA DE UN JOVEN DE 17 AÑOS
La cadena más grande de muebles funcionales y de bajo precio del mundo nació del ánimo emprendedor de un joven de nombre Ingvar (I) y apellido Kamprad (K), que se crió en una pequeña ciudad sueca de la región de Elmtaryd (E) conocida como Agunnaryd (A). Así surgió ikea y su nombre, en 1943.
• Kamprad tenía entonces 17 años y quería tener una tienda donde vender cosas que la gente siempre necesita, como bolígrafos, billeteras, marcos, relojes, joyería y medias de nylon. Al paso de los años, ese pequeño expendio se convirtió en la cadena de muebles funcionales y de diseño, y de complementos para el hogar, más grande del mundo. Su mayor distintivo es el bajo precio.
• Hoy ikea es una cadena global con sucursales en 39 países, que reciben cada año a 626 millones de clientes y en donde trabajan 127,000 personas.
• Al cierre del año fiscal 2010, las ventas totales de ikea sumaban poco más de 27,000 millones de dólares y sus mejores mercados en el mundo, por volumen de venta, son China (21%), Polonia (17%), Italia (8%), Suecia (6%) y Alemania (6%).
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