El regalo de reyes

La eliminación de aranceles chinos podría ser la última estocada a la industria nacional. ¿A alguna autoridad le importa? Parece que no.
Xavier Ginebra Serrabou

A los múltiples problemas que acosan al país (crimen organizado, violencia, desempleo, crisis económica), el 12 de diciembre, como ‘regalo' guadalupano, puede añadirse uno peor: la eliminación total a los aranceles temporales a los productos chinos, lo que puede implicar el golpe de muerte a la industria nacional.

¿Cuál es la historia del problema? En 2001, cuando China pidió su incorporación a la Organización Mundial de Comercio (OMC), el entonces presidente Fox, de infeliz memoria, condicionó el voto de México (que si hubiera sido negativo hubiera frustrado el intento), a que se impusieran cuotas compensatorias de transición, vigentes hasta 2008, a ciertos productos chinos, en varias  fracciones arancelarias de la tarifa del impuesto general de importación. Entre los productos relevantes destacan fuertes cuotas compensatorias de hasta 500% al calzado, las bicicletas, el vestido, la confección y el acero chinos.

En 2008, el gobierno mexicano negoció, con éxito, una ampliación al plazo de dichas cuotas hasta 2011, mismas que serán eliminadas, según palabras del Secretario de Economía, Bruno Ferrari, doctor en Derecho canónico, para cumplir con los compromisos internacionales asumidos por México sin falta, el próximo 12 de diciembre. No harían mal los industriales en ir a la Villa ese día, a pedir misericordia, si eso sirviese de algo en este caso...

Los industriales han solicitado recurrentemente una ampliación de las cuotas, argumentando las prácticas ilícitas del gobierno chino, al introducir sus productos en condiciones de dumping, sin pagar los aranceles correspondientes, evadir el pago del IVA y triangular las mercancías desde otras naciones.

El cachorro de la apertura internacional, nuestro secretario de Economía, ha respondido con declaraciones retóricas de "amenaza" al gobierno chino de imponer salvaguardias  (que son aranceles temporales que pueden imponer las autoridades para proteger a sus empresarios nacionales ante un aumento súbito de las importaciones), una vez que transcurra el dead line. Además, envió una simbólica carta al ministro de Comercio de China en la que instaba al gobierno del país oriental a eliminar las prácticas desleales de comercio.

Habrá un incremento repentino de las importaciones, que podrá dar el tiro de gracia al calzado, el acero, las bicicletas  y las prendas mexicanas de vestir; 4.5 millones de empleos directos (algunos calculan que por cada empleo directo en manufactura se generan cinco indirectos) podrían verse afectados. 

México tiene una balanza comercial desfavorable de alrededor 42,000 millones de dólares con China, la cual se ha incrementado más de 200% en cinco años; China, pese a la crisis, crece a tasas de 9.5 anual, México sólo lo ha hecho a un promedio inferior a 2% en las dos últimas décadas; la economía mexicana representa 10% de la china; hasta 2007, las siderúrgicas chinas recibieron por lo menos 52,000 mdd en subsidios, que explican parte del desarrollo de este sector en la década pasada (el porcentaje del Fondo Pyme de la Secretaría de Economía rondó en menos de 1,000 mdd el año pasado).

¿Cuánto aguantará la industria? ¿Semanas, meses...? ¿Podrán ser testigos del cambio de gobierno el 1 de diciembre de 2012? Tememos que no, pues nuestros empresarios no poseen una sólida capacidad financiera.

Ya se ha mencionado, con mucho ruido y pocas nueces: firma de convenios con la industria, declaraciones enérgicas contra China en la prensa, amenaza de imponer salvaguardias...

¿Qué deben hacer nuestras empresas? Lo que no han hecho en 25 años de apertura indiscriminada: una posición de mayor enfrentamiento, menos entreguista; exigir al gobierno que cumpla su parte; la determinación de una auténtica política industrial, eficaz y realista;  no es suficiente con la publicación de desplegados enérgicos; como dijimos en alguna parte, debe haber un freno, al menos temporal, al libre comercio desenfrenado de hoy en día.

La actuación gremial de los industriales mexicanos llega, a nuestro juicio, demasiado tarde. El establecimiento de cuotas compensatorias constituye el último salvavidas de las empresas, que el gobierno reiteradamente se ha negado a utilizar en la forma debida. Esperar otra cosa sería insensato o irreal. Ojalá nos equivoquemos.

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El autor es doctor en Derecho de la competencia, profesor investigador de la uaem (Morelos) y responsable del área de competencia del despacho Jalife y Caballero.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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