China al rescate de Europa

El país asiático ya no recurre a los europeos para pedir préstamos. Ahora los papeles han cambiado, y tiene los suficientes recursos para prestarle al mundo.
Luis Miguel González

En noviembre de 1911, los europeos llegaban a China y se encontraban con manos extendidas pidiendo dinero. Una revolución había derrocado al último emperador chino y la recién nacida República de China estaba sin un clavo, desesperada y urgida del capital europeo para sobrevivir.

Cien años después, la historia ha dado un giro espectacular. Los europeos viajan a China en busca de inversiones. Necesitan cientos de miles de millones de dólares ahora para estabilizar sus mercados y reestructurar sus economías. Quieren vender bonos soberanos, participación en empresas emblemáticas y hasta grandes extensiones de terreno.

La automotriz sueca Volvo, el puerto de El Pireo, en Grecia, el viñedo de Château Viaud, en Francia, la inmobiliaria Canary Wharf, en Londres, y una centésima parte del territorio de Islandia ya son propiedad de fondos de inversión de China o de empresarios chinos.

Europa está débil y el dragón  está fuerte. La última vez que esto ocurrió fue en la Edad Media, hace 800 años. Esta vez es diferente, podemos decir parafraseando a Kenneth Rogoff. Europa es una unidad llena de grietas, en vez de una constelación de señoríos feudales. China ha dejado de ser un gigante introspectivo y ahora mira al mundo con curiosidad y ganas de conquistarlo. Tiene reservas por 3.2 billones de dólares. El mejor récord de crecimiento económico del mundo desde hace cinco lustros, y está desarrollando un plan para traducir su potencia manufacturera en algo más.

El dragón es la segunda economía más grande del planeta, pero aún no se encuentra entre los mayores 10 inversionistas. En buena medida, porque este ranking refleja el orden mundial que prevaleció durante los siglos XIX y XX. Estados Unidos, Alemania, Japón, Francia, Inglaterra y Holanda están en el parte más alta de la tabla. China empezó a moverse fuerte en la última década, aunque su área de acción estaba vinculada a la adquisición de materias primas o commodities: madera en Indonesia; bienes agrícolas en África; minerales y metales en América del Sur y energéticos en cualquier parte del orbe.

El escarceo entre Europa y China tiene que ver con otra película. Los historiadores económicos comparan el momento actual con lo ocurrido al final de la Primera Guerra Mundial, cuando Estados Unidos daba sus primeros pasos como gran potencia e Inglaterra empezaba su lento camino de salida del escenario. La crisis que comenzó en 2008 va más allá de las turbulencias y grandes quiebras en los mercados financieros. Es también algo parecido a un cambio de guardia. Estados Unidos y Europa deberán abrirle espacio a China. Esto quiere decir, resignarse a entregar una parte de sus espacios simbólicos (y reales) a este gigante en ascenso.

Estamos en una situación nueva para los países europeos. Ellos llevan décadas acostumbrados a ponderar las ventajas y los riesgos de invertir en naciones plagadas de problemas. "No saben lo que es ser tratados como uno de ellos", dice Sophie Meunier, codirectora del programa sobre la Unión Europea de la Universidad de Princeton. ¿Será China un salvador o un depredador?, se pregunta esta académica.

China busca know-how; marcas reconocidas en el mundo y un mercado que, a pesar de la crisis, sigue siendo enorme. Las exportaciones chinas a la Unión Europea son mayores que a EU. Podría encontrar, también, un aliado crucial en las instancias internacionales que tienen a China bajo la lupa, en cuestiones de derechos humanos y buenas prácticas comerciales, por ejemplo.

Invertir en Europa  es una decisión estratégica que tiene lógica económica y no un acto de solidaridad. A pesar de ello, no es una decisión fácil de instrumentar. La primera dificultad es técnica: cómo valuar los activos y, en última instancia, cómo definir el mejor momento para comprar. Los activos europeos podrían ponerse más baratos en los próximos años.

La política interna es otro tema de importancia creciente. La población china es cada vez más consciente de su posición en el mundo y está aprovechando los pocos espacios que tiene para manifestarse: "Nuestro dinero fue acumulado con sudor y sangre, no debe usarse para rescatar a esos flojos y glotones", dice un post en sina.com.cn, un microblog superpopular, citado por Reuters. "El sueldo promedio de un trabajador chino vale unos pocos dólares, el del trabajador europeo vale miles de euros, debemos rescatarlos", añade otro post.

La Historia se está escribiendo. Estamos en el final de una época y el principio de otra. El ruido que oímos es el parto de un nuevo capítulo. Estamos en el siglo de Asia.

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El autor es director editorial del periódico El Economista.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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