“Es tiempo de austeridad”

La economía podría estancarse más tiempo del esperado, advierte Amadeu Altafaj, portavoz de Asuntos Económicos y Monetarios de la Comisión Europea.
Hanako Taniguchi

La crisis económica europea parece no tener fin. Desde mayo 2010, cuando la economía griega tuvo que ser rescatada por primera vez, el tema no ha dejado de estar en la agenda pública de la Unión Europea. Más de un año después del primer rescate griego, la historia parece repetirse, pero con consecuencias extendidas al terreno político, que se reflejan en múltiples movimientos sociales en varias partes del mundo.

En 2010, fueron Grecia, Irlanda y Portugal los países que tuvieron que ser rescatados. Grecia está a punto de recibir un segundo flujo de capitales a cambio de estrictos ajustes económicos. Italia tuvo que aceptar una serie de reglas para sanar su economía, que el año pasado tuvo apenas un crecimiento de 1%. Como se sabe, tanto en Grecia como en Italia, la Unión Europea ha presionado para realizar cambios políticos, los cuales ya están en proceso.

En la última cumbre de la zona euro celebrada a finales de octubre en Bruselas, se acordó la recapitalización de los bancos por 100,000 millones de euros, un segundo rescate de Grecia equivalente a 130,000 millones de euros, una quita de 50% a los inversionistas sobre la deuda, entre otras medidas.

Amadeu Altafaj, portavoz de Asuntos Económicos y Monetarios de la Comisión Europea, explica en entrevista con Expansión las causas, las consecuencias y el impacto futuro de la crisis que, dice, tuvo sus orígenes en otoño de 2008 con la caída de Lehman Brothers.

Con el fin de evitar estragos como los que se han registrado, se supone que los países miembros firmaron el tratado de Maastricht que, entre otras cosas, busca impedir que los Estados incurran en un déficit tan alto. Sin embargo, de 2008 para acá, las cosas no son así. ¿Qué pasó con los mecanismos de la Unión Europea?

En tiempos de bonanza económica, resultó relativamente asequible cumplir con los criterios de déficit público. Mantener el déficit por debajo de 3%, que es el valor de referencia que está en el llamado pacto de estabilidad. Incluso un país como España se mantuvo en una situación de superávit de las cuentas públicas, durante tres o cuatro años seguidos. Lo que pasa es que las reglas en vigor en la unión económica y monetaria tenían puntos débiles. Es decir, estaban muy focalizadas en los presupuestos y las cuentas públicas, pero muy poco en las políticas macroeconómicas.

Es decir, el desarrollo de un fenómeno como la burbuja inmobiliaria en España no era objeto de una vigilancia estricta o de la burbuja del sistema financiero en Irlanda, que es uno de los países que está bajo rescate. Sí existe una cierta vigilancia, pero era una vigilancia relativa, muy focalizada, como digo, en las cuentas públicas, pero muy poco en las políticas económicas y en los desequilibrios que iban creciendo.

Ésta es una de las lecciones que extrajimos de la crisis actual y hace unas semanas los Estados miembros y el Parlamento Europeo aprobaron una reforma de las reglas de gobernanza económica, que corrige precisamente estos aspectos. Creemos que a finales de diciembre debería de entrar en vigor un paquete de reglas.

La vigilancia que se ejerce no sólo sobre políticas presupuestarias sino también sobre políticas económicas en general y cuando haya una desviación o se incurra en políticas imprudentes, se podrán emitir alertas e, incluso, se puede llegar a sanciones financieras.

¿Estas sanciones qué implicarían?

Las situaciones de deuda excesiva, como la no corrección de una deuda, implicaría la sanción de 0.2% del Producto Interno Bruto (PIB) del país en cuestión, pero es una sanción que se aplica gradualmente. Es decir, se aplica primero de una forma anticipada, cuando se detecta una desviación, incluso antes de que un país presente su presupuesto para el año próximo, si las líneas directrices de ese presupuesto son consideradas por los socios europeos de ese país como un elemento de riesgo, por ejemplo, porque están basadas sobre unas hipótesis de crecimiento económico que no son realistas, o que son excesivamente optimistas, ahí se puede emitir una alerta. Si no hay una corrección se puede sancionar al país congelando el 0.2% del PIB que genera intereses. Si aun así no hay corrección, la próxima vez que se discute sobre ese país, esa cuenta en la que está bloqueado ese 0.2% del PIB con intereses, deja de generar intereses. Es decir, ya hay una pérdida financiera para el país.

¿Qué provocó la situación en Grecia? ¿Las causas que regularmente escuchamos son las únicas?

Tuvimos el primer rescate griego inmediatamente después y, en cuestión de días, en mayo de 2010, tuvimos que poner en marcha todo un sistema de gestión de crisis que abarcara toda la zona euro, porque era evidente que los riesgos iban más allá de un país que representa cerca de 3% del PIB de la zona euro, pero el riesgo, al menos en materia de percepción de los mercados, era mucho mayor.

Se pusieron en marcha los fondos de rescate y luego tuvimos el rescate de Irlanda para el cual en otoño, en octubre de 2010, descubrimos unas cifras astronómicas, en materia presupuestal, ligado a la burbuja financiera y la nacionalización de los bancos, lo cual acarreó un déficit que de 14%, más o menos, repentinamente pasó a 32% del PIB, una cifra jamás vista en un país europeo desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

Evidentemente, es una cifra ligada a la situación de los bancos, pero con un impacto tremendo y hubo que proceder al rescate de Irlanda, un rescate sobre todo a la situación de los bancos, puesto que en Irlanda los elementos fundamentales de la economía siguen siendo sólidos, sanos, es una economía competitiva de por sí y se está reflejando ahora con la evolución de los indicadores en Irlanda que es muy positiva. A veces se olvida que hay otros países que están siendo rescatados. Todo está muy focalizado en Grecia, por supuesto, pero hay experiencias positivas con otros países que están siendo rescatados dentro y fuera del euro. Porque antes de Grecia también habíamos recurrido a rescates de países como Rumania, Hungría y Letonia, que no están en el euro, a través del apoyo a la balanza de pagos. Eso fue incluso antes de Grecia, se tuvo que intervenir con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con el Banco Mundial para apoyar la balanza de pagos. Tuvimos que proceder al rescate de Irlanda y poco después también al de Portugal.

La deuda de la Unión Europea es netamente inferior a la deuda que tiene Estados Unidos y mucho menor que la deuda de un país como Japón, que tiene mucha más importancia, sin embargo, la presión aquí es mucho más fuerte. Un elemento de fragilidad del sistema bancario, tres años después de la crisis financiera, las fragilidades del sector financiero siguen estando sobre la mesa y causando muchos problemas.

Hay poca confianza, los préstamos entre bancos del sistema interbancario de préstamos no funciona, por esta falta de confianza, y es por esto que nuestra respuesta a la crisis y la recapitalización de bancos vuelve a estar sobre la mesa y es un elemento fundamental. Se ha perdido mucha de la confianza que antes existía en el sistema financiero.

Sigue habiendo problemas con países vulnerables, evidentemente Grecia sigue estando en el epicentro de nuestras preocupaciones, pero también países como Italia y España padecen la presión de los mercados en términos del interés que tienen que pagar por sus emisiones de deuda pública y, por tanto, el Banco Central Europeo (BCE) ha tenido que socorrer a estos países a través de operaciones puntuales en los mercados de deuda pública para compensar estos tipos de interés que tiene. La pregunta es si podrá seguir haciendo iniciativas en este sentido.

¿Qué impacto tiene en los bancos?

La recapitalización de los bancos es especialmente importante, es decir, tiene que ser en paralelo porque está todo ligado, y hay más cosas ligadas a esto, por ejemplo, el efecto de contagio, es decir, cómo reaccionarán los mercados con respecto a la deuda soberana de otros países vulnerables, cómo van a reaccionar las agencias de rating, qué impacto va a tener la próxima emisión de deuda por parte de Italia, que es de los países que están ahora un poco más en el ojo del huracán.

Todo está ligado y por eso también tardaron en llegar las decisiones, porque entretanto ha habido contactos muy intensos con el sector privado, con los bancos, a través del IIF (Institute for International Finance), que es un poco la plataforma que representa al sector financiero a nivel internacional. Esto explica, en parte, por qué las ideas tardaron más de lo que muchos esperaban, pero eran muchos los involucrados en una posible solución.

¿Cuál fue el problema con Italia?

Italia ha tomado una serie de medidas adicionales en términos de consolidación presupuestaria para mantener los objetivos de reducción de déficit y de deuda que ha prometido, pero también reformas económicas, porque el gran problema, el talón de Aquiles de la economía italiana, ha sido un crecimiento muy débil, lo cual es paradójico, porque la economía de ese país siempre ha tenido un dinamismo importante, una capacidad de innovación, de exportación muy importante en el sector industria ligera, pero también en bienes manufacturados y en el sector de servicios, y en cambio, un contraste con esta capacidad, ha generado un crecimiento bastante débil, la productividad sigue siendo inferior a la de países como Francia, Alemania, etc., y hay muchos frenos a la actividad económica, a la inversión extranjera.

El sistema judicial, por ejemplo, sigue representando muchas trabas y no facilita el clima para las inversiones, para el desarrollo de empresas. Por ejemplo, en cosas muy prácticas, las pequeñas y medianas empresas tienen muchos problemas para resolver litigios en la justicia y a veces cuando llega la sentencia del tribunal la empresa ha quebrado, porque entretanto no ha podido cobrar las cantidades debidas por todo tipo de trabas. Son este tipo de reformas estructurales, y reformas del mercado laboral, del sistema de pensiones, de los mercados de productos, etc., que impiden que una economía que tiene un potencial muy importante, lo explote de forma más adecuada y pueda crear más empleos de los que en la actualidad existen, sobre todo más empleos entre la gente joven, que es un problema bastante grande en Italia, ante la falta de oportunidades que perciben.

Es lo que los socios europeos de Italia quieren ver también, sobre todo en un contexto de freno de la recuperación económica como ya estamos observando. Incluso durante la recuperación económica de estos meses de este último año, Italia se ha mantenido netamente por debajo de la media europea en materia de crecimiento. Ha tenido crecimientos inferiores a 1%, un crecimiento inferior a 1% es estancamiento y en un contexto de freno, pues puede desembocar en recesión.

Es el tipo de garantía que los socios europeos quieren ver, y medidas presupuestarias concretas con fechas concretas. Es decir, los mercados y los países no tienen suficiente ya con declaraciones políticas o decisiones de consejos de ministros o de debates parlamentarios. Quieren tener medidas concretas con impacto presupuestario estimado para estas medidas. Italia además tiene una economía cuyo volumen no es nada comparable al de Grecia, Irlanda o Portugal, es decir, si tuviéramos que embarcar en una operación de socorro a Italia, las cifras son de otra magnitud, por lo pronto, es un punto muy sensible.

¿Qué soluciones se proponen para combatir el desempleo?

En realidad los desequilibrios en el seno de la Unión Europea se han agrandado en materia de desempleo. Ha habido recuperaciones muy espectaculares, como las de Alemania, que ha generado empleo, que ha generado mucha riqueza, se está frenando también, como todos los demás, pero de una forma relativa. Es un aspecto en el que tenemos que poner atención.

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También en países del sur de Europa, el desempleo ha aumentado enormemente, en el caso de Grecia, por supuesto, a niveles de 15%, pero en Irlanda también está en 13, 14%. En Reino Unido también, además de que hubo una reestructuración del sector público muy importante eliminando muchísimo empleo, por eso decimos que la solución no puede estar basada únicamente en la austeridad.

La austeridad es importante porque las cuentas públicas de los países se han desequilibrado de forma grave, pero la solución pasa también por políticas de reformas económicas que puedan hacer aumentar el potencial de crecimiento económico y el empleo. Si no se va hacia un modelo un poco más sostenible, empleo sostenible, de crecimiento sostenible, menos basado, por decirlo, en burbujas en el sistema financiero, burbujas inmobiliarias, que son elementos artificiales, más pronto o más tarde pueden reventar el crecimiento de un país si no se va a un modelo de crecimiento más basado en por ejemplo la innovación, el desarrollo.

TRABAJAN POR EUROPA
La Unión Económica Monetaria (UEM) ha venido trabajando desde 2008 en diferentes aspectos para sortear la crisis que aqueja a la región, sobre todo en:
Protección del ahorro. De manera coordinada con entidades financieras, la UEM ha tratado de no detener los flujos de crédito para las empresas, pese a la falta de capitalización de las entidades financieras.
Garantías de préstamos. La UEM ha hecho el papel de garante crediticio, con la intención de no detener el flujo de capital, sobre todo entre las empresas fabriles que pueden ofrecer empleo.
Coordinación financiera. Con el propósito de que no haya un mayor desajuste en las tasas de interés, la uem ha buscado una mayor coordinación entre los bancos de la zona, con la intención de que la brecha entre los que pasan por una crisis y los que cuentan con liquidez no sea más amplia.
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