La diferencia que hace una década

Después del 9/11 todo cambió y, a decir verdad, son pocas las salidas que se observan. El pesimismo sólo se podrá vencer con voluntad.
Jean-Pierre Lehmann

El 9/11 fue un evento muy dramático y traumático. El más penoso es el hecho de que, desde esa fecha, hemos entrado en una era de incertidumbre sin precedentes. Lo anterior no se debe únicamente al 9/11, sino a una serie de múltiples discordancias simultáneas. La incertidumbre y el riesgo son dos cosas diferentes. El riesgo puede medirse en un contexto de parámetros conocidos. La incertidumbre no puede medirse, ya que deriva principalmente del hecho de estar en territorios inexplorados.

Aparte de unos cuantos expertos en políticas, nadie había oído de Al-Qaeda o de su fundador, Osama bin Laden. La Guerra Fría había terminado 10 años antes. Existía el ‘dividendo de la paz': el ‘nuevo orden mundial'. El 9/11 no sólo acabó con esa ilusión, sino que también trajo una amenaza paradigmática totalmente nueva: el papel de los actores no gubernamentales en el conflicto geopolítico.

Hasta la noche del 10 de septiembre de 2001, una clara certidumbre era la posición hegemónica mundial de Estados Unidos. La antigua superpotencia rival, la Unión Soviética, había implosionado. La amenaza económica japonesa se había evaporado. Bush lideraba un país triunfante, hegemónico y unilateralista. En 2000, EU tenía un superávit presupuestario de unos 300,000 millones de dólares (MDD), que 10 años más tarde se transformaría en un déficit de 1.3 billones de dólares. Y ¿quién está cubriendo la deuda de EU? ¡Los chinos! Nunca antes en la historia una de las naciones más pobres del mundo (en términos de ingresos per cápita) ha sido el salvador financiero del país más rico del mundo.

Hablando de China: en septiembre de 2001, este país aún no era miembro de la OMC, obtuvo su membresía en la Conferencia Ministerial de la OMC que se llevó a cabo en Doha, Qatar, dos meses después. De ser un actor económico mundial relativamente pequeño, después del 9/11 China superó a Alemania y se ha convertido en la potencia exportadora más importante del mundo y ha superado a Japón como la segunda economía más grande del mundo en términos del PIB.

La revolución de las tecnologías de la información empezó 10 años o más antes del 9/11 -existe el consenso de que la fecha de inicio es 1989, con el lanzamiento de internet-, pero se ha intensificado en gran medida en la última década. El 10 de septiembre de 2001, Google y Wikipedia no eran mucho más que embriones, y Facebook sólo se dejó ver, por poner una fecha, en 2004. No tenemos idea de cuál será el impacto de los medios sociales en diversas áreas, incluyendo por supuesto a la política.

El fenómeno del cambio climático no es nuevo, sino que la concienciación y el debate se han intensificado mucho. Los científicos pueden medir, o al menos calcular, los riesgos en el cambio climático, pero no pueden integrar las incertidumbres del comportamiento humano. No sólo estamos en una zona económica oscura; estamos en una zona climática oscura.

Lo primero es deshacerse de la vieja caja de herramientas del análisis mundial: en especial, de los modelos matemáticos que son los responsables de generar gran parte de la arrogancia que nos metió en un lío mucho peor del que era necesario.  En segundo lugar, reconocer que realmente no sabemos mucho de lo que está pasando y las consecuencias que traerá, pero lo que sí sabemos es que la solución a estos retos, lo que sea que representen, sólo puede surgir en un ambiente de colaboración: necesitamos colaboración no sólo entre las naciones.

Hay muchas razones para temer que el mundo se va a ir al infierno muy rápidamente. También hay muchas razones para creer que si hay voluntad, podemos transformar estos retos en fantásticas oportunidades. Para hacerlo, necesitamos una revolución más, una que no hemos tenido antes, la que traerá el eslabón perdido entre la pesadilla en la que estamos hoy y el sueño del mañana: ¡una revolución cultural y de mentalidad!

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El autor es profesor de Economía Política Internacional en el IMD y director fundador del Evian Group en el IMD.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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