Václav Klaus tenía razón

Quienes soñaron con una Europa unificada y en constante crecimiento parecen estar perdiendo la batalla. La historia le está dando la razón a los pesimistas.
Armando Regil Velasco

El 22 de junio de 2009, el presidente de la República Checa, Václav Klaus, nos recibió en el castillo de Praga. Le entregamos la Legión de la Libertad, premio que otorga el Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora (IPEA), y conversamos con él durante una hora. Además de su responsabilidad como jefe del Estado checo, Václav Klaus ejercía la presidencia en turno de la Unión Europea.

El presidente Klaus es un político poco convencional. Antes de dedicarse al servicio público era un reconocido economista, gran pensador y crítico de la realidad. Uno de los temas más interesantes y controvertidos de aquella conversación fue su perspectiva sobre el futuro de la Unión Europea.

Sus críticos lo acusan de ser antieuropeo. La realidad es que Václav Klaus ha sido injustamente incomprendido, pues para entender el significado de sus palabras es necesario conocer su historia dentro de un régimen totalitario en el que un solo partido decidía arbitrariamente y controlaba todo. No existían mecanismos de ningún tipo para participar en asuntos públicos. Por eso afirma que, si algo le afecta y le preocupa, es cualquier indicio de perder la libertad, ya sea económica, política o de cualquier tipo.

Tradicionalmente, la posición de Václav Klaus ha sido de oponerse a la incorporación de su país a la unión monetaria del euro, pues siempre ha sostenido que la forma en que está estructurado el sistema traería graves problemas. El tiempo le está dando la razón.

Hoy, el futuro del euro es totalmente incierto, ya que las instituciones financieras europeas han mostrado una enorme fragilidad. Esto ha ocurrido por el excesivo endeudamiento de sus economías. Las políticas expansivas en lo fiscal y en lo monetario, sumadas a la enorme irresponsabilidad de los gobiernos que han gastado excesivamente, debilitaron estructuralmente a varias economías en la zona del euro. 

En lugar de cumplir su objetivo, las medidas que se adoptaron para restablecer el crecimiento económico de manera sostenida, aumentaron dramáticamente el problema de deuda generando un efecto dominó. Todo esto lo predijo el presidente checo y nos lo dijo con un tono desesperado por no encontrar, en aquel momento, el respaldo de otros líderes europeos.

Dijo estar convencido de que la fuerza detrás de la unificación monetaria en Europa fue estrictamente política, nunca económica. Esta declaración está respaldada por su propia experiencia basada en numerosas conversaciones con los líderes europeos más influyentes. Los argumentos económicos siempre se mantuvieron al margen y se tocaban muy superficialmente. La ambición política dominó las reuniones en torno al euro, considerado el instrumento más útil para la creación de la unión política europea.

El futuro del euro es incierto, dijo en 2009, pues existen fallas estructurales que no se están corrigiendo debidamente. Si la burbuja sigue creciendo a este ritmo, en algún momento reventará. A unos cuantos días de entregar la presidencia de la Unión Europea a Suecia, después de seis meses de presidirla, nos confesó estar muy preocupado, pues en realidad, dijo, la Unión Europea no es democrática como aparentemente se cree. Hoy el mundo está pagando las consecuencias.

En ese momento, las palabras del presidente Klaus sonaban duras e, incluso, exageradas para muchos. Sin embargo, han pasado apenas dos años y las predicciones del hombre a quien se le ha acusado de pesimista, se hicieron realidad. La burbuja reventó. Hoy, los países en la zona del euro enfrentan el mayor desafío económico de su historia.

Economías emergentes, como México, deben aprender la lección. Un país, o en este caso, una región que se deja secuestrar por el abuso, la ignorancia, la arrogancia o la ambición de unos cuantos, paga muy caro el precio de su liberación. La humildad para aprender de los errores de otros es el mejor antídoto para evitar crisis de esta naturaleza. Vale la pena escuchar a quienes han probado la vida sin libertad y que conocen los problemas a fondo, pueden no estar tan equivocados.

El autor es presidente fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora (IPEA), primer think tank de jóvenes mexicanos.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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