2012 no se parecerá a 2009

Algunos meses del próximo año posiblemente sean de bonanza, resultado del gasto ‘lucidor’ de los gobiernos. Sin embargo, la realidad puede ser trágica.
Luis Miguel González

No existen dos años que sean idénticos entre sí. Cada uno tiene su propia cara y el que confunda uno con otro lo hace bajo su propio riesgo. 2012 no será como 2009, aunque la persistencia de las turbulencias financieras nos haga pensar lo contrario. Estamos frente a dos momentos diferentes de una misma crisis que nunca se resolvió, dice Kenneth Rogoff, historiador y académico de Harvard.

El 2009 fue esculpido a golpes de cincel por la crisis de 2007-2008 que se originó en el mercado inmobiliario de Estados Unidos. Compradores de vivienda superoptimistas fueron atrapados por instituciones crediticias que actuaron con imprudencia y/o prácticas depredatorias. Es una enfermedad que empezó en la base de la pirámide y ascendió hasta lo más alto, gracias al empaquetado de los créditos chatarra y su colocación bursátil. Fue una exportación de Wall Street  hacia el mundo.

El término de moda en 2009 era créditos subprime, ese eufemismo que se usó para enmascarar los préstamos hipotecarios otorgados irresponsablemente. A esa palabra la acompañaban,  muy de cerca, los derivados. "Arma de destrucción financiera masiva", según el millonario Warren Buffett. Fuente de innumerables pesadillas para Comercial Mexicana, Maseca y las autoridades mexicanas. Esas palabras no están en el radar ahora. Estamos hablando de deuda soberana, prima de riesgo y, por supuesto, recortes del gasto público.

La película de 2010-2011 no tiene orígenes tan humildes como el ladrillo o el mortero ni se nutre de las ganas de adquirir una vivienda. Para filmarla, tenemos que desplazar las cámaras hasta las cumbres. Los protagonistas son Angela Merkel y Nicolas Sarkozy. Sus indecisiones han creado un monstruo, ‘Merkozy', una criatura que no puede pensar y actuar en la misma dirección. El papel de los créditos subprime le corresponde a los bonos soberanos de los países del sur de Europa. Tenían riesgo cero en 2008. Cerraron 2011 convertidos en otra cosa. Tienen más carga explosiva que la dinamita.

En 2009, la crisis viajó de Estados Unidos a Europa. Ahora la trayectoria es en sentido contrario. Hace tres años, la pregunta era: ¿cómo afectará a Europa la crisis de Estados Unidos? En 2012, es cómo le pegará la enfermedad europea a Estados Unidos y el mundo.

Portugal, Irlanda, Grecia, España e Italia han pasado del brillo a la oscuridad; de la zona de confort al potro de tortura. Los pronósticos del PIB para estos países son anémicos, pero no pueden usar el gasto público para estimular la economía. En 2009, la inyección de recursos públicos fue la medicina más utilizada contra el mal momento. En 2012 ese remedio está prohibido. Las lecciones de economía keynesiana no sirven para esto. La ortodoxia de Chicago, tampoco... No hay solución a la vista. Quizá por eso están de moda los libros de magia y vampiros.

El 2012 será un año de protestas, quizá más intenso que 2011. El coraje y la frustración no han terminado, sino todo lo contrario. Lo más complicado no es conseguir que los ministros de Finanzas se pongan de acuerdo entre sí y con los banqueros. ¿Cómo vender a millones de personas el equivalente económico a un tratamiento medieval de sanguijuelas en pleno siglo XXI?

Las manifestaciones de protesta como ‘los indignados' y Occupy no contienen una agenda sistemática de cambios, pero están logrando llevar la atención hacia un punto que será tema en 2012: la revisión de los impuestos que pagan los más ricos. Eso no estuvo en 2009 y será un asunto central en el año que empieza.

¿Qué pasará con México?  Nuestro 2012 será muy diferente al 2009 que vivimos en peligro. Hace tres años tuvimos la peor caída del PIB en más de siete décadas, en buena medida porque pagamos el precio de depender en demasía de la economía de Estados Unidos. Ahora el terremoto está en Europa y nos protege la debilidad relativa de nuestros vínculos comerciales con la Unión Europea. Apenas un 12% de nuestras exportaciones van al Viejo Continente.

El 2012 no será como 2009, entre otras cosas, porque tendremos elecciones. Habrá mucho dinero circulando en el primer semestre, porque los tres niveles de gobierno usarán los recursos para hacerse notar de cara a los posibles electores. La gran incógnita es ¿qué pasará en el segundo semestre? La bola de cristal no alcanza a mirar tan lejos.

El autor es director editorial del periódico El Economista.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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