Esperanza y miedo

Los sentimientos de los mexicanos parecen encontrados. Una muestra más de la disparidad en las oportunidades que tienen unos y otros.
Luis Miguel González

Son muchos los que piensan que al mundo sólo lo mueve el dinero, el poder y el sexo.  Dominique Moisi postula algo muy diferente. Sostiene que el mundo del tercer milenio se define a partir de la interacción de tres sentimientos: la esperanza, el miedo y la humillación.

Asia encarna la esperanza. Europa y Estados Unidos, el miedo. Los países árabes, la humillación. A las explicaciones basadas en el concepto del choque de las civilizaciones de Samuel Huntington, el francés Moisi opone intelectualmente el choque de las emociones.

Asia tiene esperanza, entre otras cosas, porque posee el mayor dinamismo demográfico y económico. Las potencias occidentales tradicionales encarnan el miedo de perder su rol como grandes tomadores de decisiones y, además, de sufrir un ataque terrorista. La humillación, en el caso de los países árabes, tiene que ver con la confianza traicionada, ejemplificada por la promesa de progreso que nunca ha terminado de llegar.

Dominique Moisi es un sociólogo vinculado al Instituto Francés de Relaciones Exteriores. Su visión está desarrollada en La geopolítica de las emociones, un libro que apareció hace un par de años y que desde entonces no deja de conquistar lectores. A primera vista, sus argumentos podrían parecer reduccionistas o simplificadores. Su capacidad argumentativa desarma esa crítica. Moisi estudia cómo esas emociones interactúan: el miedo es la ausencia de confianza. La esperanza es la expresión de la confianza. La humillación es la pérdida que deriva de la confianza herida.

Llama la atención que hay vastas regiones que no entran en esta geopolítica de las emociones de Moisi, entre ellas, América Latina. ¿Dónde colocar a México en este mapamundi de los sentimientos? Moisi no despeja la incógnita, pero podemos aventurar una hipótesis: México es un teatro donde desfilan, bailan y se enfrentan las tres emociones: la esperanza, el miedo y la humillación están entre nosotros en cantidades industriales. No hemos realizado ese ideal de ser una sociedad eficiente económicamente, socialmente justa y plena de libertades para los individuos.

La esperanza está viva. Sabemos que podemos aprovechar el vasto potencial que contienen nuestros recursos naturales, humanos y nuestra situación geográfica privilegiada. Podemos hacer una realidad los pronósticos de la profecía BRIC de Goldman Sachs, que proyecta que, en 2050, México será la quinta mayor economía del mundo. Estamos llamados a ser uno de los 10 países más prósperos del orbe. Número nueve en riqueza per cápita, según la correduría que coloca a Brasil como número 11 en este rubro.

La esperanza interactúa con el miedo, ¿quién puede negarlo? Podemos decir miedos, uno por cada demonio que nos acosa. Miedo de que las fuerzas oscuras impongan su ley.  De no ser capaces de resolver mediante los instrumentos del Estado de derecho los desafíos que nos plantea la epidemia de violencia que vivimos. Miedo de que nuestras instituciones no maduren con la velocidad necesaria para hacer frente a los grandes desafíos: las nuevas formas de crimen, el crecimiento demográfico, la inclusión social de los grupos que hasta ahora han sido discriminados, la modificación de los patrones climáticos y la incorporación creativa de las nuevas tendencias tecnológicas, entre otras.

El sentimiento de humillación también está entre nosotros. Humillados y ofendidos son millones de mexicanos. Nadie puede sentirse sorprendido de esto en un país donde la pobreza extrema es casi irreductible, a pesar de la ‘facilidad' con que se producen grandes fortunas. Los más pobres son perjudicados por el poder judicial, manipulados por los programas de atención a la pobreza y explotados por empresas que llegan a la base de la pirámide con precios más elevados por unidad. Aparece en las encuestas que revelan una enorme desconfianza hacia las instituciones. Explota en forma de violencia, que es la peor manera de reclamar agravios.

La esperanza, el miedo y la humillación se expresan en el Presupuesto Federal. Un documento que está lleno de números y racionalizaciones, pero también de sentimientos. La inversión en infraestructura expresa nuestra esperanza. El creciente gasto en seguridad, nuestros miedos. En el gasto social interactúan los tres ‘jinetes' de Moisi. Quizá no podría ser de otro modo. El axolote es nuestro animal totémico, según Roger Bartra. Es la metáfora de que somos un país con una evolución estancada, eternamente joven.

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El autor es director editorial del periódico El Economista.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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