De regulador a banquero

Guillermo Ortiz anuncia el interés de Grupo Banorte de atacar el sector de las microfinanzas ya sea con alianza o con adquisición.
1084 picf014  (Foto: Duilio Rodríguez)
Alberto Bello /

Ha sido todo lo que se puede ser como economista en el sector público. Guillermo Ortiz, de 63 años, economista por la UNAM y doctor por Stanford, fue gobernador del Banco de México entre 1998 y 2009. Antes fue el secretario de Hacienda que gestionó la crisis de 1995 durante el gobierno de Ernesto Zedillo, y quien negoció entonces con el gobierno de Bill Clinton el paquete de rescate de México en su peor crisis económica.

Presidente de Grupo Financiero Banorte desde 2011, Ortiz mantiene en estos momentos de convulsión del sector financiero global ante la crisis europea y la lenta recuperación estadounidense su crítica a la extranjerización de la banca. Ortiz abordó otro de sus mantras, la inclusión de más mexicanos en el sector financiero, en la entrevista que concedió a Expansión en el Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza. Diagnostica el "fracaso" de la banca en este terreno y la importancia de las microfinanzas y de los montes de piedad como entidades que se adelantaron a los grupos financieros. Grupo Financiero Banorte tratará de entrar al segmento de las microfinanzas, anuncia Ortiz, mediante "experimentos o pruebas" a través de entidades "que probablemente cuelguen del Grupo" o, si vieran una oportunidad de adquirir una institución, como una "buena manera de aprender".

Las microfinanzas son hoy un segmento pujante en México. Compartamos Banco tiene ya dos millones de clientes. Aunque el valor de su acción vive horas bajas, con una cotización 43% por debajo de su precio de hace un año, ha mostrado un camino de viabilidad. Según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo del año pasado, México ocupa el noveno lugar por su marco regulatorio para el desarrollo del sector.

Ortiz es célebre por su beligerancia contra la banca extranjera. Grupo Financiero Banorte es hoy el mayor banco de propiedad mexicana y Ortiz aprovecha cada ocasión para criticar que 70% del sector en México está en manos extranjeras. ¿Propaganda interesada y nacionalista o convicción de economista? La tesis no es nueva. Ya la sostuvo como gobernador del Banco de México antes de dejar la institución en 2009, y apareció en numerosas ocasiones como regulador furibundo: la banca mexicana no compite, decía, vive de comisiones demasiado altas, el país no está bancarizando. No presta.

Los peores augurios no se han cumplido. La crisis de 2008 dejó intacto el sector mexicano, mientras que las grandes instituciones financieras del mundo vivían sus peores momentos. Banamex se convirtió en la joya de la corona de su matriz estadounidense Citigroup. Por otro lado, quedó claro que la regulación, en cuya elaboración Ortiz tomó parte, se dio mayor importancia a fortalecer el sistema que a incentivar la toma de riesgos. Este sector financiero bien capitalizado, que cumplirá sin problemas los retos del nuevo marco regulatorio global, Basilea III, llega a muy pocos mexicanos. La penetración del crédito bancario privado no alcanza 13.6% del PIB, muy por debajo de lo que sucede en países como Brasil o Colombia.

Ortiz tiene el reto de walk the talk, liderar con el ejemplo y demostrar que su grupo financiero no cae en los vicios que critica. Grupo Financiero Banorte obtuvo en 2011 una utilidad neta de 8,517 millones de pesos, 27% superior al registrado el año anterior. Logrados los resultados, para empezar, dice Ortiz, Banorte reparte en dividendos sólo 18% de sus utilidades del periodo. El resto se reinvierte. "Tenemos una buena capacidad de generación de utilidades que se están reinvirtiendo, al contrario de lo que está pasando con los bancos extranjeros ubicados en México, que están utilizando los dividendos para capitalizar sus matrices", dice.

Una revisión de las cifras de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores muestra que efectivamente otras instituciones reparten mucho más entre sus accionistas: los españoles Santander y BBVA Bancomer, que viven una convulsión en su país, 51 y 73%, respectivamente; el estadounidense, Banamex, un 228% (hasta el tercer trimestre de 2011). No hay nada ilegal en ello: la ley estipula que los bancos pueden sacar del país todo lo que no supere 25% de su capital básico, y están lejos de esa cifra.

La SHCP ya está empujando una regulación para que los grupos financieros coticen obligatoriamente en la Bolsa Mexicana de Valores, lo que les obligará a ser más transparentes. El presidente de la Comisión Nacional Bancaria, Guillermo Babatz, dijo en enero en entrevista con CNNExpansion.com que la CNBV se está asegurando de que no se esté dando ninguna transferencia de liquidez ni de valores desde las subsidiarias mexicanas. "Aquí, las subsidiarias son entidades mexicanas, con capital mexicano, reservas mexicanas y con fondeo mexicano y tenemos que asegurar que esa fortaleza que se ha logrado no sólo en el sistema, sino en estos bancos en particular, se mantenga".

Realidad bancaria

El hecho es que los altos índices de capitalización de los bancos mexicanos no están generando inclusión financiera y la llegada del crédito a todos los ciudadanos. El reto parte de una gran dificultad: cómo prestar a una población en la que cuatro de cada 10 mexicanos trabajan en el sector informal y no tienen forma de documentar sus ingresos. México va a introducir el tema aprovechando su presidencia del G20, en la cumbre que reunirá en Los Cabos a los jefes de Estado de los 20 países más importantes del mundo los días 18 y 19 de junio.

"Para la banca es mucho más rentable atacar los segmentos de mayores ingresos que la economía informal. Los bancos no sabemos cómo hacerlo. Obviamente, Compartamos está especializado, pero, en general, los otorgamientos de microcrédito, que es en pequeña escala tanto para la producción como para el consumo, requiere de una tecnología distinta a la que tienen los bancos". El hueco ha sido cubierto por las instituciones dedicadas a las microfinanzas por un lado, y por los montes de piedad y prestamistas, por otro. "Estamos conscientes de esto y obviamente queremos enfocarnos al tema de inclusión y de los microcréditos, pero lo tenemos que hacer de una manera inteligente, probando, haciendo experimentos o pruebas, incluso con entidades que no estén directamente relacionadas con el banco, que probablemente cuelguen del Grupo".

¿Está pensando en una adquisición?

Si vemos oportunidad de adquirir una institución financiera que esté especializada en el sector y que esté haciendo bien las cosas, pues es una buena manera de aprender.

Hay un debate sobre la regulación bancaria. En Davos dijo el CEO de Citigroup, Vikarm Pandit, que hay un gran enojo con los bancos; paralelamente en la agenda del gobierno mexicano para el G20 está incluida la regulación bancaria; viene Basilea III. ¿Cómo está leyendo este momento?

Creo que hay una reacción adversa en contra de los bancos a nivel mundial  porque fueron los bancos y el sector financiero los que ocasionaron la crisis de 2008-2009. La reacción es normal. Los excesos que se cometieron en el sector financiero en los años previos a la crisis se reflejaron en un enorme apalancamiento en la banca y en la creación de instrumentos que supuestamente eran producto de la innovación financiera pero que tanto los creadores como los consumidores estaban muy lejos de entender la estructura en primer lugar, y en segundo lugar, de medir adecuadamente los riesgos.

¿Cuál ha sido la reacción de la regulación? Ha cambiado el paradigma. Obviamente, de un paradigma de light regulation (regulación débil) que era sobre todo propuesto por gentes como Greenspan, a un entorno de una injerencia mucho mayor en la parte regulatoria y también en la parte de supervisión, afortunadamente.

Usted cuando estaba en el lado del regulador era partidario de más regulación.

Lo que es importante es entender que no se puede separar la regulación de la supervisión y países como Canadá, que entendieron esta necesidad de vincular ambas, no sufrieron una crisis financiera y hoy tienen un sector financiero y bancario muy sano. Durante la crisis su sector no sufrió problema, y ahora evidentemente que los excesos que se cometieron antes de la crisis están provocando una reacción por parte de los reguladores que buscan evitar que esto vuelva a ocurrir, y una de las maneras como lo están haciendo es reduciendo el tamaño del sector público, sobre todo en los países desarrollados, donde hubo un gran apalancamiento del sector financiero, un exceso de capacidad, el principal objetivo de la regulación que, repito, es evitar las crisis y, consecuentemente, proteger los intereses del público, que son los que acaban pagando los platos rotos.

¿Logrará eso Basilea III?

Es justamente esto, ver de qué manera se evita que los ciudadanos acaben pagando los platos rotos, que las ganancias siempre se privatizan, porque van hacia los banqueros, como ha pasado en todas las crisis financieras recientes. En Basilea III los principios que son límites al apalancamiento, mayor capital, cocientes de liquidez, están diseñados para primero reducir el tamaño de los bancos, en el sentido de que se apalanquen menos, y en segundo lugar que sean más seguros. Por ejemplo, la regla Volcker, para regular las actividades de banca de inversión y de trading. Que al hacer apuestas con los dineros del banco, esto esté fuera de la red de seguridad que, en última instancia, es responsabilidad de los ciudadanos y de los contribuyentes.

Lo que está buscando el Dodd-Frank Act, no separar totalmente estas actividades, pero hay una disposición que refleja este concepto de Volcker en el cual la supervisión requiere aislar la banca del trading.

¿Estos límites cómo afectan a Banorte?

Yo creo que hay que distinguir entre los países desarrollados donde la banca tuvo una expansión extraordinaria y posiblemente una sobrecapacidad de la infraestructura, y países en desarrollo donde la penetración financiera no destaca todavía y donde hay mucho espacio para crecer. En el caso de México, yo creo que la banca está bien capitalizada y Banorte cumple ampliamente.

Tenemos índices de capitalización que exceden Basilea III, buena capacidad de generación de utilidades que se están reinvirtiendo, al contrario de lo que está pasando con los bancos extranjeros ubicados en México que están utilizando los dividendos para capitalizar sus matrices, y esto es información pública. En el caso nuestro, los dividendos que estamos repartiendo están en torno al 18% de las utilidades y el resto se reinvierte, así que tenemos capacidad.

YUNUS PIDE CAMBIOS
La regulación ahoga la microfinanciera que Muhammad Yunus fundó con Grupo Carso en México, dice el fundador de Grameen Bank.
Es el gran misterio de las finanzas mexicanas: ¿qué pasó con la microfinanciera que fundaron Inbursa, de Carlos Slim, y Grameen Bank, de Muhammad Yunus, en México en 2008 con un capital de 45 millones de dólares? Grameen tiene hoy 10,000 clientes en Oaxaca y quiere llegar pronto a los 15,000, pero un problema regulatorio está frenando el desarrollo de la asociación. “Hay problemas de lograr fondos, hay reglas de que no podemos tomar depósitos y dárselos al banco, alguien más tiene que recolectarlos. Eso es un problema que discutiremos con las autoridades para ver cómo podemos simplificar nuestro trabajo y estar dentro de las reglas”, dice Muhammad Yunus, fundador del Grameen Bank y premio Nobel de la Paz 2006. Al haber tenido su origen en una fundación de Carlos Slim, no se puede tomar depósitos como haría un banco, y eso está frenando su crecimiento.
Yunus se hizo famoso al difundir el concepto de microcrédito, en el que un grupo de mujeres de los poblados más míseros de la Tierra recibe crédito con la solidaridad grupal como garantía. Él empezó en Bangladesh con un concepto que otros, como Compartamos, aplicaron en México.
Yunus se reunió con el presidente Felipe Calderón en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, para solicitarle que México incorpore al país más pobre de cada continente a la mesa del G20 y la convierta en el G25.
“Fuera de la vista, fuera del pensamiento. Cuando estén en la mesa, no olvidarán que existen”.
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