Camaleones de empresa

Experto del EGADE Business School explica que el nuevo panorama empresarial exige liderazgos con competencias transversales.
Delia Angélica Ortiz

Han pasado cinco décadas desde que Robert Tannembaum y Warren Schmidt plantearon cuatro estilos básicos de dirección que aún están vigentes, a pesar de la globalización en los negocios y los retos que representan las turbulencias financieras. "Hay competencias, habilidades y talentos que se mantienen a través del tiempo y que solamente se adaptan a las circunstancias", sentencia Juan Sherwell, director del EGADE Business School, campus Estado de México.

Los teóricos consideran que el estilo de dirección no debe buscarse en el temperamento individual, pues el liderazgo no es cuestión de personalidad sino de estrategia. Como catedrático de la escuela de graduados del Tec, Sherwell considera que los mejores líderes son hábiles en diferentes tipos de gestión y saben mudar de uno a otro, dependiendo del momento que vive la empresa y de los factores externos que ésta enfrenta.

Con diferentes matices en la práctica, existen cuatro modelos tradicionales de management: el director autocrático concentra la toma de decisiones; el líder democrático hace que los empleados sean parte de las mismas; el paternalista es dictatorial, pero toma en cuenta lo mejor para su equipo; por último, el estilo laissez faire permite la total creatividad de la gente, pues, como indica su nombre en francés, "deja hacer".

La influencia de las técnicas de inteligencia emocional en los negocios incluyen también al líder afiliativo para quien la gente va primero a pesar de los resultados y al coach que se preocupa por el desarrollo de sus empleados.

"Los nuevos líderes son capaces de tener la sensibilidad del afiliativo, la inclusión del democrático, el acompañamiento del coach, pero con el liderazgo y la decisión del autoritario", advierte Sherwell. "Al final, la empresa debe generar utilidades, porque ése el mejor beneficio para la organización, es lo que mantiene los trabajos. Eso implica que se deben tomar decisiones incluso difíciles".

¿Cuál es el mejor tipo de liderazgo?

Las competencias no son necesariamente excluyentes. Se puede escuchar a la gente, tomarlos en cuenta y, aun así, tomar las propias decisiones. El líder debe saber cambiar de un estilo a otro. En el corto plazo, puede ser democrático y afiliativo, especialmente cuando toma el liderazgo de la empresa, para escuchar a todos; luego, irá mudando a un liderazgo más autoritario, a veces, incluso autocrático, pero siempre con coaching.

¿Se mantienen vigentes los tipos de dirección planteados por Tannembaum y Schmidt?

Siguen vigentes en el sentido de que hay líderes que se comportan de esta manera. El líder autocrático es muy común, con niveles desde el que escucha hasta el que es dictatorial. Existen todavía en la práctica. Lo que cambian son las organizaciones, las formas cómo se hace negocio y las tecnologías que se utilizan para hacerlos más eficientes. Al cambiar los modelos de negocio, el líder también debe evolucionar. Debe adaptarse. Estar consciente de que el mundo es cada vez más globalizado en capital humano y financiero.

¿Hay una situación para cada modelo?

No todos los modelos funcionan igual para todo tipo de empresas. No hay un modelo perfecto que sea transversal. Por ejemplo, cuando la toma de decisiones es muy compleja y requiere de un alto grado de conocimiento técnico, la decisión colegiada es muy buena. Genera comunicación. La satisfacción del trabajador tiende a ser buena. Si levantas una encuesta en ese ambiente, suelen salir calificadas como mejores lugares para trabajar. El trabajador sabe quién es el líder. La desventaja es que la responsabilidad se diluye. En ese caso, la ventaja de un liderazgo autocrático es que la toma de decisiones es muy rápida y eficiente. No hay burocracia. La responsabilidad es muy clara, la tiene el líder.

Otro ejemplo. El liderazgo laissez faire confía en su gente y delega mucho, es un líder que no sólo delega las tareas, sino su propia responsabilidad. La ventaja es que deja actuar a la gente que es productiva y que no necesita una motivación externa, pero la desventaja es que esa misma libertad también se le da a los que no son tan buenos y quienes necesitan que alguien esté constantemente detrás de ellos. Este estilo es común y efectivo en las áreas de ventas, porque se da total libertad a los ejecutivos para llegar a la meta, pero no funciona en las líneas de producción de las plantas manufactureras donde la seguridad del trabajador incluso podría quedar comprometida.

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¿En tiempos de crisis conviene la mano dura?

El liderazgo autocrático puede funcionar en diferentes situaciones y esto puede ser independientemente del ciclo económico. La diferencia es que el democrático sí va a tomar en cuenta la opinión de los demás, sin que esto signifique que el autocrático no pueda motivar a la gente. Lo que sucede es que en tiempos de crisis hay que tomar decisiones que no son populares, como los paros técnicos que debieron implementar las armadoras hace dos años; no aumentos de sueldos e, incluso, la desaparición de algunos puestos dentro de la empresa. Son decisiones que no son democráticas ni afiliativas, en el corto plazo. Sin embargo, en el mediano plazo, el líder sí está pensando en el beneficio de la empresa, porque para sobrevivir es necesario tomar decisiones difíciles. Entonces, no siempre las decisiones democráticas son las mejores en tiempos de crisis, son momentos en los que las decisiones muchas veces tienen que ser autoritarias.

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