Teoría del caos, otra vez

La incertidumbre parece asentarse y no tener fin. Es el nuevo ‘orden’ al que las organizaciones tienen que acostumbrarse.
Luis Miguel González

Un espíritu flota en el aire: la visibilidad es reducida, las dudas, crecientes. Las certidumbres son material inadecuado de construcción para los edificios del futuro. Vivimos en una modernidad líquida, en el que los productos, las relaciones y las instituciones no duran suficiente tiempo como para solidificarse, de acuerdo con el sociólogo polaco Zigmunt Bauman.

Are you flux?, se pregunta Robert Safian en un reportaje de Fast Company. El término es difícil de traducir. Se refiere a un estado mental que define a una generación que está tomando por asalto el mundo de los negocios. Flux generation. Son los líderes del futuro. La gente a la que hay que seguir, aunque ellos no sepan dónde estarán en cinco años. Están orgullosos de su inconstancia. Son profesionales camaleónicos.

Flux es todo lo contrario a estable, sólido o constante. Estos adjetivos se resignifican con una connotación favorable. ¿Es posible pensar en la inestabilidad y la volatilidad como algo positivo? Es difícil, pero necesario en momentos en los que la constancia no goza de la mejor de las reputaciones. La velocidad del cambio se acelera. Los ciclos son más cortos. Los negocios deben sincronizarse al tiempo en el que viven. La planeación de la propia carrera profesional, también. La habilidad más deseada es la de adquirir nuevas habilidades. Los títulos universitarios cuentan, pero no bastan para prosperar en un entorno que cambia más rápido que la forma de las nubes. ¿Dónde enseñan a leer los labios del viento?

No es desorden, sino orden sin predictibilidad. Chaordic, le llamó Dee Hock, fundador y ex presidente de Visa International. Caórdicas son organizaciones con capacidad de encontrar el crecimiento en un entorno incierto. Lo dijo hace 20 años, pero suena como si hubiera sido pensado ayer. Se trata de aprender a amar el caos tanto como lo odiábamos antes, según Tom Peters en Thriving on Chaos. Confiar en las intuiciones. No hay tiempo para esperar grandes diagnósticos. Tomar decisiones en un parpadeo, en palabras de Malcolm Gladwell. Esperar a tener todas las piezas del rompecabezas es absurdo, cuando las consigues, el mapa ya cambió.

La teoría del caos en los negocios está de vuelta. Tuvo su primer momento de éxito a finales de los 80. Eran los días de hablar del efecto mariposa, la geometría fractal y los modelos de predicción del clima. Entonces se especulaba qué pasaría cuando en cada hogar hubiera una computadora personal. El regreso es por la puerta grande. La realidad superó los pronósticos más alucinados de entonces. La tecnología está llevando a sus últimas consecuencias su naturaleza disruptiva. Hay una destrucción creativa de grandes proporciones. Para explicarlo podemos pensar en internet, las redes sociales y los dispositivos móviles, entre otros.

No se trata de renunciar a la construcción de escenarios de futuro. El reto es distinguir lo que se puede predecir y lo que no. Lo más importante es identificar cuando las cosas son caóticas y cuando no lo son, comenta DJ Patil, un miembro de la Flux generation.

No es el fin del orden, sino otra vuelta de tuerca en la redefinición de la relación entre lo estable y lo caótico. "El reto es preservar la sustancia, cambiar la forma. Conocer la diferencia", como dice Dee Hock. Todos los sistemas ordenados sienten el llamado seductor del caos, pero ahora tienen más razones que nunca. Facebook vale más que Bank of America. Twitter puede generar más olas que la BBC. "El mundo está de cabeza. Para sobrevivir es necesario adoptar prácticas revolucionarias", señaló Tom Peters. La frase llama la atención, entre otras cosas, porque la escribió hace 23 años. Es un visionario, más allá de eso. El mundo ha seguido avanzando en una dirección y nos habíamos olvidado de ello. Fast Company vuelve al tema con el artículo de Robert Safian en este 2012. "Tratar de reproducir lo que funcionó en el pasado te hace vulnerable", dice. Lo retro está también en las teorías de negocios. El coqueteo con el desorden está de vuelta.

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El autor es director editorial del periódico El Economista.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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