La ruta de internet se mueve

El incremento de dispositivos móviles y la capacidad de conexión en aparatos generarán mayor mayor tráfico de datos.
Aura López

Si te dijeran que el primer episodio de la reciente temporada de Mad Men se va a estrenar en México, vía streaming por internet, de forma legal y simultánea que en Estados Unidos, con calidad HD y descargable en cuestión de segundos, ¿te interesaría?¿Y si tuvieras que pagar 10 dólares extra, aparte de tu renta mensual por el acceso a internet? Probablemente sí, si la premisa ofrece inmediatez y calidad. Pues esta misma idea hace ruido en la mente de las proveedoras de servicio de internet, que invierten grandes cantidades en el mantenimiento de su infraestructura, por la que pagan lo mismo si se usa en horas pico o en horas muertas (desaprovechando su eficiencia en ambos casos: por exceso y por falta de demanda). Por ello, están buscando nuevos modelos de negocio que resuelvan las necesidades del usuario (como tener su contenido a toda hora), pero que también beneficien el bolsillo de la operadora.

La forma más simple de explicar el funcionamiento de las redes de telecomunicaciones es compararlas con el flujo vial. Imagina que la carretera (infraestructura/red) está saturada de coches (tráfico de datos) y el embotellamiento (velocidad de conexión lenta) impide el paso (descarga de contenido). Si bien algunas de las ISP que expusieron su punto de vista en el Mobile World Congress de Barcelona están de acuerdo en mejorar su infraestructura (y coincidieron en que, en la percepción del usuario, ellos eran los ‘villanos', por ejemplo, cuando un video no descarga a tiempo), también solicitan implementar un impuesto de uso. Como si fuera una carretera de cuota, se preguntan quién debe pagarlo: el usuario, ávido consumidor de contenidos, o las compañías de internet de donde éste los descarga; otra opción que expusieron es la de cobrar el uso de conexión por servicios premium.

Los parámetros se establecen junto con la polémica, pues estas ideas podrían afectar la neutralidad de la red, estructura que permite el libre paso de la información por internet, sin importar el formato o el peso de un archivo y, sobre todo, sin ser intervenida o censurada a conveniencia de las ISP. Para los partidarios del concepto, el uso de servicios premium no sería equitativo para la gente, gobiernos, compañías y organizaciones no gubernamentales sino una especie de apartheid virtual para los que no pagaran el sistema, quienes estarían sujetos al ancho de banda que ‘les queda' de aquellos que sí podrían pagarlo; mucho menos están de acuerdo con la idea de que las empresas tengan que pagar para la distribución de su contenido. A la par, los conglomerados podrían hacer alianzas con símiles y el negocio quedaría en manos de las grandes compañías estableciendo, probablemente, para el consumidor, tarifas elevadas para acceder a este tipo de contenido. En Estados Unidos, el tema lleva dando vueltas varios años, desde el caso Comcast en 2006, cuando bloqueó el acceso a los servicios peer-to-peer, hasta el surgimiento de propuestas de ley que han sido rechazadas. Pero el tema sigue presente, y cada vez, con más relevancia.

Cuando pregunté si pagarías una cuota extra por ver el episodio estreno de Mad Men realmente era de forma hipotética. Primero, porque las telecomunicaciones en México avanzan lentamente (este año América Móvil hará su migración del cobre a la fibra óptica ofreciendo hasta 10 MB de conexión en casa u oficina); segundo, porque lograr el streaming simultáneo de una serie requeriría horas de reuniones y disputas de licencias entre creadoras y distribuidoras de contenido. Y en nuestro país, el primer paso que hay que dar es el avance de la agenda digital.

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Coordinadora editorial de tecnología de Grupo Expansión.

Comentarios: opinión@expansion.com.mx

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