Señor Q (1089)

Una aprendiz incómoda, un soñador y el dilema de la vieja escuela.

ESTIMADO SEÑOR Q:

Soy una jefa reciente, estoy aprendiendo a manejar personas (tampoco manejo muchas personas: son seis) y todavía me siento insegura cuando alguna de ellas me dice algo o sugiere que no estoy preparada para el puesto. Además, soy muy perfeccionista: me gusta que el producto de nuestra oficina sea el mejor posible, y también sé (o sospecho) que por eso me ascendieron a esta posición, para dirigir con el mayor rigor posible la operación del equipo. Me quedé pensando el otro día cuando una de mis subordinadas, una chavita joven y bastante despierta, me pidió que no la corrigiera tanto o con tanto énfasis cuando cometía un error. Me dijo que si la corregía siempre que se equivocaba, nunca iba a aprender. Yo pensé que era al revés: que sólo corrigiéndola "siempre que se equivocaba", ella iba a aprender. ¿Cuál es su lectura? Rigurosa

Querida Rigurosa:

Lo que tu empleada probablemente quiso decir es que los jefes no deben valorar a sus empleados por cada error que cometen, sino por su desempeño general. Por ejemplo, si un empleado, dedicado a una tarea específica, hace esa tarea específica 19 veces bien y una vez mal, no tiene sentido que el jefe se apersone en su escritorio y le recuerde, en frente de todo el mundo, que ha cometido un error. Un jefe debe saber si el empleado ha aprendido bien los procedimientos y aceptar los errores ocasionales, que son inevitables. Si un profesionista o empleado sólo ve la cara de su jefe cuando se equivoca, entonces no tendrá una buena opinión de su jefe o se sentirá incomprendido, y su contribución al equipo será inferior a la deseada. El Señor Q, por otra parte, lleva varios años desconfiando de las personas que se definen a sí mismas como "perfeccionistas", porque el precio de su perfección es a menudo solventado por quienes están a su alrededor. La perfección no es sólo evitar los errores, sino también generar un clima de trabajo donde todo el mundo se sienta cómodo para proponer ideas y mejorar procesos. Eso es lo que quizás quiso decirte la chavita despierta: "Déjame en paz, sé perfectamente lo que hago". Ex chavito Q

ESTIMADO SEÑOR Q:

Un viejo proverbio del mundo de los negocios dice: "Haz lo que amas y el dinero vendrá solo". ¿Está de acuerdo? Ex emprendedor

Querido ex emprendedor:

Otro proverbio del mundo de los negocios, tan de moda como el tuyo, dice lo contrario: "No hagas lo que amas, sino que ama lo que haces". Las implicaciones de esto son filosóficas: ¿Qué debemos intentar hacer con la vida: esforzarnos por cumplir nuestros sueños o aprender a disfrutar "las pequeñas cosas de la vida"? ¿Pelear hasta el final o aprender a conformarnos con lo que nos ha tocado? Lo mismo, en otro nivel, pasa con los dilemas de los emprendedores: si realmente sientes una pasión especial por un tipo de negocio y crees que puedes llevarlo adelante, entonces arrójate con todo hacia él. Si, por el contrario, tu pulsión emprendedora es abstracta y agnóstica (tu pasión es la aventura del start-up por la aventura misma), entonces busca un sector del cual enamorarte. Si realmente tienes el adn necesario, te enamorarás rápido. Pero no busques más allá de donde puedas encontrar, ni te sientas despistado por despreciar las opciones a tu alrededor. Amado Q

ESTIMADO SEÑOR Q:

Usted parece de la vieja escuela, como yo. ¿No cree que las redes sociales e internet en general han traído más ruido que otra cosa y que el "saber hacer" de otras épocas ha quedado despreciado debido a modas pasajeras? Antigua

Querida Antigua:

El Señor Q es viejo, pero no de la vieja escuela. Algunas de las modas internetianas se le escapan, pero mantiene el optimismo sobre internet y las redes sociales. Intenta no caer en el antiguo vicio de criticar los modos de la juventud, señal inequívoca de vejez espiritual. Nuevo Q

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