Llega la nueva revolución industrial

Con las tecnologías actuales, lo único que necesita un emprendedor es una idea brillante, asegura el editor de Wired, Chris Anderson.
1092 picf028a  (Foto: César S. Manjarréz)
Aura López

Chris Anderson, el editor de la revista Wired, tenía un hobby: volar pequeños aviones automatizados. Su curiosidad lo llevó a crear DIY Drones, un sitio de internet donde los interesados comparten su conocimiento en diseño, electrónica y desarrollo de códigos para la navegación de estos dispositivos.

Una idea lo llevó a otra. Primero, hizo una comunidad y después, notó que en ella había un mercado en potencia. Lo logró visualizar hace cinco años cuando un joven mexicano de Ensenada, Jordi Muñoz, lo contactó para mostrarle su trabajo.

A sus 21 años, Muñoz esperaba una visa para Estados Unidos, donde quería estudiar y trabajar. Mientras, se entretenía fabricando tableros de control, experimentado con el software de código abierto Arduino y volando su helicóptero desde un control de la consola de videojuegos Wii

Anderson decidió invertir una pequeña cantidad de dinero para que Muñoz produjera 40 tableros. Se vendieron en un día y así nació 3D Robotics, una compañía en la que son socios y que espera lograr 4.8 millones de dólares de ganancias este año. Formada por 20 empleados y con Anderson como CEO, la empresa vende accesorios electrónicos para los aviones a control remoto a un precio accesible.

Justamente, el potencial de que los emprendedores se sumen a la industria manufacturera es un tema que Anderson trata en su tercer libro, Makers: The New Industrial Revolution (‘Hacedores: la nueva revolución industrial'). La obra, que se publicará en octubre, llega después del exitoso The Long Tail, que propone vender menos unidades de más productos, y Free, que dice que regalar producto puede ser la manera de ganar.

En diálogo con Expansión, Anderson asegura que, gracias a la industrialización del Do It Yourself (Hágalo usted mismo o DIY), las plataformas de código abierto y la creación de productos personalizados, los emprendedores hoy pueden impulsar el crecimiento económico y competir contra los grandes corporativos a nivel mundial.

La cultura DIY está teniendo éxito. ¿Hacia dónde crees que va esa tendencia?

Estamos viendo lo mismo que pasó hace 20 años en el ámbito digital. La introducción de la computadora personal, las impresoras de escritorio e internet le dio a la gente la habilidad de crear y alcanzar un mercado global. Cualquier persona con un navegador puede hacer negocio, como Facebook. Todas las compañías que conoces ahora empezaron con una persona y una computadora portátil. A eso se le llama democratización cultural y básicamente significa que estás reduciendo la barrera para entrar (al negocio), pero eso sólo ha pasado en el ámbito digital. Treinta años después, estamos haciendo lo mismo pero en un ambiente físico. En vez de tener impresoras de escritorio, tenemos impresoras 3d, en lugar de tener sólo internet, tenemos manufactura basada en la web, y en vez de las computadoras personales, tenemos manufactura personalizada. Todo lo que empezó en el ámbito digital que está hecho en un modelo de colaboración abierta en la red ahora se está extendiendo a un mercado más grande, con bienes físicos. Estamos viendo la industrialización del movimiento Do It Yourself. Las empresas que inician en dormitorios y garajes tienen el poder de convertirse en manufactureras. Ya no necesitas mucho dinero, ni tener una compañía o acceso a una fábrica, pues el modelo de internet le ha dado a todos la posibilidad de hacer esto físicamente. 

¿Cómo se evitarán las guerras de patentes de los grandes corporativos con estas nuevas empresas?

El modelo en el que yo he creído desde hace nueve años es open source (de código abierto al público), pero hay que aclarar que no es el único que existe. Puedes tener una colaboración abierta o hacer crowdfounding (recolectar fondos en internet) basado en diferentes modelos de propiedad intelectual o diferentes licencias. Por ejemplo, muchos de los proyectos (del sitio de recaudación de fondos) Kickstarter no son open source y está bien, porque la parte abierta es recaudar fondos.

Lo que se construye alrededor de un producto es el tipo de comunidad, no la propiedad intelectual. En efecto, mientras estas compañías crezcan, les caerán demandas judiciales porque han infringido alguna patente. Eso pasa, pero sólo existen tres opciones para resolverlo: o innovan, es decir, cambian la tecnología para no infringir una patente, o pelean y defienden el uso de sus patentes, o pagan una licencia. Mientras más crezca este movimiento, esto será cada vez más común.

¿Y qué hay de la guerra entre las start-ups por crear productos similares?

En mi compañía usamos licencias diferentes a Creative Commons, pero en ambos casos están hechas para ser reutilizadas comercialmente. Cualquier persona puede apoderarse legalmente de nuestros conceptos, fabricarlos, venderlos y convertirse en nuestra competencia. Y está bien, pero no queremos que suceda así. Lo que esperamos es que las empresas tomen nuestra tecnología, la mejoren e innoven y hagan un mejor diseño para vendernos un producto superior. Pero como nuestra licencia especifica que "todo lo que esté basado en nuestra tecnología también debe de ser abierto", el día en que otras empresas mejoren nuestros diseños y los regresen al mercado, nosotros podremos usar sus archivos. Y así es como debería funcionar. Pero, en la realidad, lo que sucede es que los chinos nos plagian. ¿Es ilegal o no? Para ellos es totalmente legal, pues no cumplen con las licencias y no liberan sus diseños. Sabíamos que iba a pasar, pero no es un gran problema porque nuestros costos son muy bajos, nosotros no cobramos por la propiedad intelectual. Compramos la producción de robots al mismo precio que los chinos compran la suya, nuestra manufactura es en México, así que el precio no es tan diferente al de China, y tenemos algo que ellos no tienen: una comunidad. Pueden copiar nuestros productos, pero no pueden copiar nuestra comunidad. Y existe una tendencia de apoyo (al producto) de la comunidad. Por supuesto no estoy hablando de toda la gente en China, pues existen algunos que sí se integraron a la comunidad.

Éste es uno de los temas que tratas en tu próximo libro, The Makers.

Sí, básicamente trata sobre cómo estamos aplicando el modelo de innovación de internet a la manufactura. En el mundo real, los países fabrican cosas y la economía real está ahí. Tan revolucionario ha sido el modelo de innovación de la web en el espacio digital que pienso que con eso podemos hacer cosas en Occidente, pues acá creemos que sólo China puede fabricarlas y no es verdad. Creo que la manufactura digital es la respuesta al futuro en Occidente, es la forma en que cualquier país podrá competir con la mano de obra de otros países y regresar el proceso de manufactura cerca de donde están los consumidores. Lo que lo hace más rápido, ágil y mejor que romper la conexión entre el consumidor y productor.

Y sobre 3D Robotics, ¿cómo escogiste trabajar con Jordi Muñoz? ¿Crees que existe una fórmula para escoger a un emprendedor o es sólo por corazonada?

Es sólo una corazonada, pero en realidad él me escogió a mí. Yo nunca dije "voy a ser un entrepreneur".Más bien, encontré algo interesante en robótica aérea y porque soy una persona que viene de internet pude hacerlo de forma pública al crear esta comunidad (DIY Drone), a la que se unieron otras personas que se sintieron identificadas y que empezaron a compartir sus ideas en el sitio.

Justamente, una de ellas fue este chico que me impresionó realmente. Empecé a aprender cosas de él, sobre el software Arduino y sensores. A esa altura, era claro que había una gran oportunidad de hacer algo. Pensé: "Esto es lo que hago, formo compañías". Le dije a Jordi: "Fundemos una empresa", y en ese momento me habló de él y resultó que era un adolescente de Ensenada. Pero nada de eso importaba, el punto es que él era la mejor persona en el mundo [para el trabajo] y me encontró a mí porque fui yo quien creó la comunidad en la que hablamos de ese tema.

Precisamente, notamos que estás muy interesado en las impresoras 3D, una tecnología que de alguna forma te ayudó a impulsar ambos proyectos. ¿Cuál es tu visión sobre ella?

La impresión en 3D será un gran suceso, al menos en la forma en que lo pienso yo. Creo que es similar al concepto de desktop publishing (que digitalizó la formación de las páginas de libros, publicaciones y otros documentos).

Antes de la llegada de la Macintosh y la impresión láser, la gente no podía imprimir y es impresionante como ahora todos pueden hacerlo. De la misma forma, hoy puedo hacer manufactura: concibo algo en la pantalla y sale un objeto físico. Si bien las impresoras de hoy no son las mejores, pues son ruidosas, lentas y sólo usan un color, funcionan con la misma tecnología que las impresoras de papel, así que evolucionarán más rápido. No sé con exactitud para qué las usaremos.

Por ahora yo las uso con mis hijos para hacer juguetes. Y si eres una empresa de juguetes, ríndete, pues los hacemos mejores, más baratos, más rápido y se adecúan a nuestras necesidades.

Creo que existe una oportunidad para las impresoras 3D en las escuelas. ¿Qué pasaría si combinas las clases de computación y de arte con una clase de diseño? Donde los niños aprendan a usar (software de diseño) CAD y tengan la habilidad de diseñadores digitales, que si juegan videojuegos entiendan perfecto los espacios tridimensionales. Considero que esta tecnología puede formar a toda una generación que piense que puede crear cosas y revolucione el diseño de productos.

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Alguna vez dijiste que tus CEO favoritos son Reed Hastings, de Netflix, Jeff Bezos, de Amazon, y Elon Musk, cofundador de SpaceX y Tesla Motors. ¿Qué admiras en ellos?

Todos son muy diferentes. Reed Hastings tiene una cultura corporativa excelente, la entiende perfecto. Jeff Bezos, por su mente económica, realmente entiende las oportunidades del mercado. Y Elon Musk, porque fabrica cosas grandes para el espacio y los coches y toma proyectos difíciles sin miedo alguno.

CÓMO SER FABRICANTE
En un reciente artículo en Wired, Chris Anderson postula que “los átomos son los nuevos bits” y llevarán a la “próxima revolución industrial”. Aquí están sus recomendaciones para crear un producto a través de un modelo que puede aplicarse a una pequeña fábrica o a un emprendimiento independiente.
1. Inventa: deja de quejarte por la falta de creatividad de los productos e inventa uno propio. Para eso, Anderson aconseja verificar la existencia de patentes, pues es necesario asegurarse de que nadie más ha tenido la misma idea antes que tú.
2. Diseña: el uso de herramientas gratuitas de software como Blender o Google SketchUp ayuda a crear modelos tridimensionales de tus prototipos. El autor también sugiere descargar diseños de otros creadores, si son de código abierto, y reinventarlos con tus ajustes.
3. Prototipo: cada vez es más fácil tener acceso a las impresoras 3D, para crear prototipos físicamente. Es el caso de MakerBot, una impresora que cuesta menos de 1,000 dólares, que reconoce tu archivo digital y transforma una idea en capas de plástico ABS. Éstas al final se convierten en un producto físico.
4. Manufactura: hay sitios como Alibaba.com que facilitan la búsqueda de outsourcing en caso de que quieras hacer una producción más grande.
5. Vende: distribuye tu producto de forma directa a tus consumidores a través de la tienda en línea SparkFun u otros sitios de comercio electrónico, como Yahoo o Web Studio.
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