El reino del desempleado

La preferencia por dar empleos a los extranjeros está causando un gran malestar entre la juventud árabe que no sólo pide trabajo, sino también diversión.
1093 picf033  (Foto: Susan Baaghil / Reuters)
Donna Abu-Nasr / Bloomberg

Hace 11 años tres hombres sauditas se conocieron en la escuela y soñaban llegar a los 25 años con trabajos bien pagados, una casa, un carro nuevo y quizás una esposa. Hoy, los tres siguen viviendo con sus padres, les piden dinero para sus gastos y están desempleados en Riyadh, la capital del mayor exportador de petróleo crudo del mundo.

A sus 25 años, los tres hombres dicen que sienten resentimiento cuando observan las tiendas de electrónica, muebles y ropa de diseñador en las principales avenidas del país, o los autos brillantes y los restaurantes de lujo de chefs italianos o franceses. La mayoría de estos negocios son dirigidos por expatriados que a menudo vuelven al país con dinero para poder pagar una casa, auto y esposa, aparentemente logrando mayores beneficios que algunos de los habitantes locales.

Hussein al-Ghamdi dice que a donde quiera que va las empresas quieren a alguien con experiencia, cuando él no la tiene. "Por eso traen a extranjeros con experiencia y nos niegan la oportunidad de empezar y de probarnos. Me molesta muchísimo", explica.

Los jóvenes de menos de 30 años como al-Ghamdi y sus amigos constituyen 66% de la población saudí, grupo que también tiene la mayor tasa de desempleo. Alrededor de 27% de la mano de obra saudí de entre 20 y 29 años está desempleada, según datos del Departamento Central de Estadísticas e Información, casi al mismo nivel de España, donde 36.4% de la población de entre 16 y 29 años estaba desempleada en el cuarto trimestre de 2011, la tasa más alta en la Unión Europea.

‘Saudizarse', la solución

Durante años, el gobierno intentó abordar este problema con su sistema de ‘saudización' en que las empresas tenían que emplear al menos a 30% de ciudadanos sauditas en sus puestos. Hasta ahora sólo se ha logrado un tercio del objetivo, según el Ministerio del Trabajo de Arabia Saudita.

De los 28 millones de personas que habitan allí, 8.6 millones son extranjeros e integran la fuerza laboral del país. Sólo 4.3 millones de los casi 19 millones de sauditas eran parte de la fuerza laboral en 2009.

El desempleo en esa nación es un tema central luego de los levantamientos populares que derribaron los regímenes de Túnez, Egipto, Libia y Yemen y que han sacudido Siria y Bahrain, vecino de Arabia Saudita. En todos estos países el alto índice de jóvenes desocupados contribuyó a desatar el caos. "Los jóvenes desempleados son una bomba de tiempo para Arabia Saudita", dice Jean-François Seznec, profesor del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos de la Universidad de Georgetown en Washington.

El rey Abdullah respondió anunciando en 2011 un plan por 130,000 millones de dólares para generar empleos, construir viviendas subsidiadas y respaldar las instituciones religiosas que apoyaron la prohibición del gobierno de realizar protestas en el país. En mayo de 2011 el ministro del Trabajo, Adel Faqih, anunció un programa para reducir el desempleo llamado Nitaqat, que recompensa a las empresas que emplean a un porcentaje mayor de sauditas. "Lo que ha hecho el gobierno para desacelerar cualquier reacción a la Primavera Árabe es darle dinero a las personas, con cierto éxito", dice Seznec.

¿Una nueva primavera?

Si bien hay esfuerzos informales para generar actividades que van desde clubes de comedia a ligas femeninas de basquetbol, la juventud saudí tiene pocos lugares  permitidos para divertirse, lo cual aumenta las frustraciones por el desempleo. "Estamos hablando del riesgo de que estas frustraciones se canalicen a través del activismo político", dice David Butter, director regional de Oriente Medio de la Unidad de Inteligencia de The Economist.

Cualquier tipo de inestabilidad en Arabia Saudita tendría repercusiones en todo Oriente Medio, advierte Butter. Es poco probable que Arabia Saudita tenga su propia Primavera Árabe en poco tiempo, dice el activista social Abdullah Hamidaddin. Por una parte, argumenta, no existe una masa crítica de personas en dificultades económicas, porque las sólidas redes familiares garantizan el apoyo financiero para los desempleados, y la generosidad del gobierno saudí hace que las personas estén interesadas en mantener el statu quo, explica.

El gobierno está pagando 2,000 riyales (530 dólares) por mes a más de 700,000 desempleados sauditas por un año mientras les ayuda a capacitarse para obtener empleo.

En caso de alguna discordia, los partidos políticos están prohibidos y no existen redes en el país para que la gente se movilice. Arabia Saudita, con su monarquía  absoluta, es el país menos democrático de Oriente Medio, según el Índice Democrático 2011 de la Unidad de Inteligencia de The Economist.

Gobierno obsoleto

Los gobernantes árabes están envejeciendo. El rey Abdullah, hijo del fundador del país, el rey Abdul-Aziz Al Saud, cumplirá 88 años este 2012, el príncipe heredero Nayef tiene 78 años y no existe un candidato para gobernar el país entre los nietos varones de Abdul-Aziz.

Lo mejor para la familia gobernante es que no haya conflictos en el traspaso del poder, dice Theodore Karasik, director de investigaciones del Instituto para el Análisis del Cercano Oriente y Análisis Militar del Golfo, con base en Dubai. "Casi todos coinciden en que un proceso de sucesión sin inconvenientes garantizará la estabilidad", señala.

La familia Al Saud continúa en control con el beneplácito de los líderes religiosos. El reino sigue una línea del islam que surgió en 1700 basada en las doctrinas de Muhammad bin Abdul-Wahhab. Los principales cargos religiosos siguen en manos de sus descendientes, permitiéndoles influir en la política del país. Debido a este pacto, la familia gobernante se encuentra constantemente intentando equilibrar su acceso a la modernidad con la tradición religiosa.

Rompiendo barreras

Pero este equilibrio puede estar al borde de la incongruencia: hasta hace poco las leyes que prohibían a las mujeres trabajar en centros comerciales para hombres y mujeres hacían que tuvieran que ser atendidas por un hombre. En junio, el rey Abdullah decretó que se debía sacar a los vendedores hombres de las tiendas de productos "necesarios para la mujer", abriendo una oportunidad de empleo para ellas.

"Este trabajo es fantástico", dice Lulu al-Mihdar, de 23 años, recientemente contratada por Nayomi, una tienda de lencería en una plaza comercial de Jeddah.

La generación de menos de 30 años se enfrenta a una gran brecha entre sus expectativas y sus posibilidades reales de empleo, dice Ibrahim Warde, profesor adjunto de comercio internacional en la Escuela de Derecho y Diplomacia Fletcher de la universidad de Tufts. "Los jóvenes sauditas sienten que no están recibiendo la parte que les corresponde de la riqueza nacional", precisa el académico.

Un 90% de la mano de obra del sector privado en Arabia Saudita es de origen extranjero. Es difícil encontrar a un mesero o a un obrero de la construcción que sea saudí. La razón es que ellos prefieren los trabajos de dirección en una oficina. Mohammed al-Mushayqeh, uno de los tres ex compañeros de escuela de Riyadh, dejó su trabajo como asistente administrativo en una empresa privada hace dos años porque no lograba ser ascendido. Con sólo un título de escuela secundaria, al-Mushayqeh, de 25 años, recibió dos ofertas de trabajo en una feria del empleo organizada por el gobierno: cajero en una tienda o empleado de supermercado.

"Eran ofertas tontas -cuenta-. Quiero algo de más prestigio". A pesar de la vergüenza de depender financieramente de sus padres, está esperando una mejor oferta de trabajo.

Lo mismo sucede con Abdul-Rahman Abdullah quien abandonó su trabajo como supervisor en una empresa de telecomunicaciones hace tres años porque no soportaba las 10 horas de trabajo. "No tenía tiempo para hacer otras cosas", dice.

Abdullah, a sus 27 años, sólo tiene un título de secundaria en que respaldarse, y comenta que le ofrecen trabajos ‘malos' como mesero, guardia de seguridad o cajero. "En mis trabajos anteriores, solía sentarme en mi escritorio en mi oficina. Quiero el mismo nivel de empleo".

Una nueva relación con el gobierno

El Ministerio del Trabajo está intentando hacer que la contratación de sauditas, incluyendo los que no tienen títulos, sea más atractiva para las empresas. Bajo el nuevo programa Nitaqat de ‘saudización' las empresas obtienen una calificación con base a si cumplen o no con el cupo de contratación de trabajadores locales.

Las que califican como ‘verdes', o excelente, podrán obtener una serie de beneficios como la extensión de visas o la emisión de nuevas. Las calificadas como ‘rojas', no. Si bien los programas anteriores establecían un cupo de 30% de sauditas en todas las empresas, el programa Nitaqat basa el cupo en el tipo de trabajo, la cantidad de personas que aplican para el empleo y el tamaño de la empresa.

"Nitaqat es un avance con respecto a los esfuerzos anteriores", dice Paul Gamble, director de Investigaciones de Jadwa Investments con base en Riyadh. "Es irracional pensar en el mismo cupo para el sector de la construcción y para el de servicios financieros, como sucedía anteriormente".

El Ministerio del Trabajo consultó a los ejecutivos de las empresas antes de dar a conocer el nuevo sistema de cupo. En el pasado, "aquellos que cumplían con el cupo no obtenían nada a cambio", dice Lama al-Sulaiman, vicepresidenta de la junta directiva de la Cámara de Comercio de Jeddah. Ahora, el gobierno ofrece un acuerdo a los ejecutivos: "Empleen a los ciudadanos del país y verán cuánto mejor será su relación con las agencias de gobierno", explica.

Para que la contratación de trabajadores locales sea más atractiva, el gobierno ayuda a las empresas a pagar la capacitación de estos empleados para sus nuevos trabajos, en algunos casos, para cargos que nunca soñaron tener. Antes de ingresar al Instituto Politécnico de Riyadh el año pasado, Abdul-Karim al-Saeed, de 24 años, pensaba que su única opción de empleo era ser jefe en una empresa privada. Después aprendió a soldar en el instituto y se dio cuenta de que era un trabajo que le agradaba.

Abdallah Obeikan, director de Obeikan Investment Group (OIG), fabricantes de productos educativos y de envoltorios, fundó el Instituto Politécnico de Riyadh (IPR) en 2009 en sociedad con Technical and Vocational Training, una agencia del gobierno que brinda infraestructura y acreditación.

Otra institución del gobierno, Human Resources Development Fund, financiada con cuotas que pagan las empresas para traer empleados extranjeros, paga 75% de los costos de capacitación y de salarios. OIG cubre los 15 millones de riyales restantes de los gastos del instituto.

El programa de dos años está orientado a alumnos con promedio de C (eximido);  comienza con clases intensivas de inglés y de habilidades en comunicación. Luego de ocho meses de participar en el programa, los estudiantes eligen una de las 18 especialidades necesarias en las  fábricas de OIG, como impresión y envolturas, ventas y finanzas. Dentro de la empresa, los pasantes son tratados como empleados.

Moayyed Hisham fue contratado en octubre de 2010 y no tenía experiencia ni idea sobre el tipo de trabajo que le gustaría realizar. Obeikan le paga  1,500 riyales por mes, además de prestaciones; lo matriculó el IPR, donde ahora estudia electromecánica, con lo cual podrá obtener un empleo como operador de maquinaria o técnico de calidad o mantenimiento.

"Empecé sin hablar inglés y  sin  formación", cuenta Hisham, de 20 años, "hoy siento que tengo un futuro". Hisham y al-Saeed dicen que también han logrado ventajas personales con las clases de inglés. Al-Saeed puede ahora ver películas sin subtítulos mientras que Hisham ya conversa con los visitantes extranjeros.

Obeikan dice que su empresa ya ha excedido su cupo de ‘saudización' de un 20% y está empezando a gozar de algunos beneficios como menos burocracia. "Si usted está en la zona roja, pierde a todos sus empleados no sauditas porque no se les renuevan sus residencias", relata. De los 3,600 empleados que tiene Obeikan en el reino, 34% son sauditas.

El gobierno no sólo está capacitando a graduados de escuela secundaria. Ha destinado 169,000 millones de riyales, aproximadamente un cuarto del presupuesto de 2012, para educación y capacitación. El dinero se invertirá en la construcción de 742 colegios, 40 universidades y para crear planes de estudio para preparar graduados con habilidades relevantes para el mercado laboral.

Aproximadamente 20,000 millones de riyales se han destinado a más de 120,000 estudiantes sauditas que se forman en el extranjero para pagar sus estudios, seguros de gastos médicos, viáticos y un pasaje para volver al país una vez al año. El gasto de Arabia Saudita en educación es el más elevado de Oriente Medio, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

No sólo es trabajar

Algunos sauditas dicen que por más exhaustivos que sean los planes para mejorar el desempleo, se necesita hacer más por los jóvenes. Casi no hay lugares para que se diviertan: están prohibidos los cines, los fines de semana los centros comerciales no son aptos para hombres que no vayan acompañados por una mujer, y hasta los restaurantes están segregados. Muchos jóvenes varones van al desierto para escapar de tantas restricciones.

Un viernes por la tarde se puede ver a los jóvenes en el desierto de Thumamah, en las afueras de Riyadh, con sus tradicionales pañuelos a cuadros en rojo y blanco sobre sus hombros, manejando vehículos todoterreno a través de las dunas de arena. Cada tanto se detienen y presionan el acelerador para hacer girar sus ruedas. La finalidad es ver quién logra levantar más arena en el aire.

Si bien todos los hombres usan túnicas blancas y todas las mujeres se cubren con sus tradicionales abayas negros, los sauditas no son un grupo tan homogéneo como parecería a primera vista.  Algunos son liberales que quieren más libertades y otros son conservadores que pugnan por mayores restricciones. Para poder sobrevivir, los jóvenes liberales viven en un mundo paralelo, subterráneo, donde pueden experimentar la libertad lejos de la mirada de la policía religiosa que tiene a su cargo, entre otras cosas, garantizar que hombres y mujeres no convivan.

Las películas en casa compensan la falta de cines, las largas conversaciones telefónicas son el medio para tener una cita y los que quieren celebrar el día de San Valentín -prohibido en el país- pueden encontrar tiendas que venden cojines de terciopelo rojo, gatos con corazones que maúllan cuando se los aprieta o mascotas que abrazan un corazón que dice "te amo".

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El humor también ha atraído a cientos de miles de espectadores a algunos espectáculos en línea, como los dos producidos por Kaswara al-Khatib, el creativo director de Full Stop Advertising, que satirizan la burocracia del gobierno y algunos aspectos de la vida cotidiana, tales como las compras desmedidas durante el Ramadán. "En vez de estar en la calle, ahora tienen algo para hacer", dice al-Khatib, de 42 años, al hablar sobre sus espectadores.

En un restaurante en una terraza en Jeddah, Khaled Yeslam, de 29 años, no tiene mucho de qué reírse.  Suelta una bocanada de humo de una pipa llena de un agua color roja y luego lanza una diatriba sobre las restricciones que enfrentan los jóvenes. Yeslam, un estudiante árabe en Nueva York, expresa su frustración a través de Twitter, donde sus publicaciones y comentarios tienen más de 21,000 seguidores. "Quiero ver que mis hijos se enamoren, que puedan salir con sus parejas", dice Yeslam. "Realmente espero que la próxima generación sea normal, como en el resto del planeta".

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