Al amparo del secuestro

Las compañías que ofrecen seguridad contra este tipo de crímenes aumentan alrededor del mundo.
David Wallis / New York Times News Service

Cuando los secuestradores lo encadenaron de los pies y lo esposaron de las manos, Edo de Ronde logró reprimir sus temores. El consultor en mercadotecnia holandés quien fue secuestrado el año pasado en Sudáfrica, conservó la calma durante su cautiverio, recuerda, hasta que le pusieron una pistola en la cabeza. De Ronde entonces se preguntó: "¿Qué dirán en mi funeral?"

Su horrible odisea empezó cuando un compañero de la empresa comercial china con que trabajaba respondió a un anuncio falso para comprar chatarra y aceptó pagar 42 millones de rands (5.3 MDL) por rieles ficticios de ferrocarril. La empresa china le pidió a De Ronde, en los Países Bajos, que se reuniera con los vendedores en Johannesburgo.

Antes de su desafortunado viaje, De Ronde pidió revisar los estados financieros de los vendedores así como un informe elaborado por algún servicio independiente de verificación. Los artífices de la estafa proporcionaron los documentos solicitados, los cuales resultaron ser falsificaciones "muy, muy profesionales", indicó De Ronde.

El modus operandi

Un chofer contratado por los secuestradores recogió a De Ronde en el aeropuerto de Johannesburgo. Cuando se dirigían al hotel, personas que se hicieron pasar por oficiales de policía detuvieron el automóvil y ordenaron a De Ronde que se desvistiera. Pensé que era sólo una revisión de rutina", dice de Ronde.

Después, la verdadera policía sudafricana le dijo que los secuestradores habían utilizado un falso retén de tránsito para revisar sus pertenencias y recabar información de inteligencia.

A la mañana siguiente, otro conductor llevó a De Ronde al lugar de su ‘reunión', una casa de huéspedes local que se convirtió en su prisión.

"Después me di cuenta de que no debí hacer eso y que sólo hay que reunirse en lugares públicos", asegura De Ronde.

Su empresa rápidamente pagó un rescate de más de 30,000 dólares logrando su liberación después de casi dos días de terror. Pero al regresar a su casa en Rotterdam, de Ronde tuvo que enfrentarse a otra sorpresa: las insistentes llamadas de vendedores. Compañías dedicadas a la venta de diversos servicios para prevenir el secuestro que lo veían como un cliente potencial.

Asesores en seguridad indican que, por lo general, los secuestradores se enfocan en víctimas más vulnerables que los viajeros de negocios, ya que es usual que éstos limiten sus estancias en destinos peligrosos y sigan programas irregulares. Sin embargo, en ocasiones, incluso este tipo de viajeros se ven arrastrados por la creciente ola del crimen internacional.

Muchas empresas ofrecen ayuda para enfrentar esta situación, entre ellas, aseguradoras internacionales, consultores secretos especializados en el manejo de situaciones de retención de rehenes y propuestas locales, como cursos para prevenir el secuestro. Como señala la página web de Chartis, empresa líder en el campo de los seguros contra secuestros, "el secuestro no es un evento poco común; es un gran negocio".

Una industria al alza

Esta actividad está creciendo y no es ajena a ningún  país. En 2011, el gobierno mexicano registró un incremento de más de 300% en este tipo de crimen con respeto a 2005. La página web del Departamento de Estado de Estados Unidos, la cual sigue las tendencias criminales en todo el mundo, advierte que se observan "aumentos alarmantes" en los casos de secuestro en Venezuela e indica que los raptos en Pakistán "siguieron incrementándose de manera dramática en todo el país".

Pero la recolección de estadísticas es muy difícil y es muy probable que se subestime el número de víctimas. Muchos rehenes liberados se niegan a denunciar el crimen, otros temen atraer a más criminales que intenten secuestrarlos otra vez, mientras que el resto desconfía de la policía corrupta que podría estar coludida con los secuestradores. En Venezuela, por ejemplo, el Departamento de Estado calcula que aproximadamente cuatro de cada cinco secuestros no se denuncian.

Gran negocio para otros

"El secuestro y el rescate son un negocio muy rentable para las aseguradoras", manifiesta Ana Paula Menezes, una veterana agente de seguros.

Las pólizas de los seguros antisecuestro, por lo general, incluyen los servicios de los equipos de reacción que orientan a las familias de las víctimas sobre todo tipo de temas, desde las pruebas para asegurarse de que el secuestrado sigue con vida hasta los precios del rescate que las pólizas rembolsan.

"Por lo general, la familia tendrá a alguien a su servicio en un lapso de 24 horas", dice Jeff Green, director de Griffin Underwriting, especialista en seguros de secuestro y rescate.

Para Green, el proceso de negociación en un caso de secuestro es una negociación comercial en la que alguien trata de vender algo que sabe que se lo comprarán porque el familiar del secuestrado tiene que hacerlo y ésa es una ventaja para el secuestrador, explica, porque al ser el único comprador "lo que quieren venderle no tiene valor para nadie más", dijo.

Algunos consultores especializados tratan directamente con clientes que desconocen y carecen de la cobertura de un seguro contra secuestro.

"Le costará por lo menos 3,000 dólares diarios y el pago deberá ser por adelantado", indica Christopher T. Voss, profesor adjunto en la Escuela de Ciencias Empresariales McDonough de la Universidad Georgetown y ex negociador internacional antisecuestro del FBI en Estados Unidos.

Al mismo tiempo, varias compañías de seguridad ofrecen entrenamientos antisecuestro. Por 650 dólares, Risks de Miami, por ejemplo, promete enseñar a los estudiantes "¡el verdadero mundo del terrorismo, el secuestro y el rescate!".

También hay una aplicación antisecuestro. Brick-House Security, un emporio de seguridad y vigilancia, vende el software Executrac (por 29.95 dólares y una mensualidad de 19.95 dólares), "es una aplicación invisible y poderosa que convierte cualquier BlackBerry o teléfono inteligente en un rastreador GPS encubierto con un botón de pánico de emergencia".

Sin embargo, Voss pone en duda el valor de la tecnología de rastreo, para él, hoy en día, los secuestradores "están cada vez más conscientes de que el teléfono puede ser rastreado", señala, por lo que ofrece un consejo a los viajeros que visitan países de alto riesgo: "Primero, aléjense del punto X, éste es el lugar en donde los secuestradores intentarán llevárselo".

El académico también señala que si es posible, huir de los secuestradores puede tener sentido. "Los secuestradores por lo general no persiguen", diceVoss. "No son corredores y tampoco van a disparar, desperdiciarían balas y de todas formas lo más probable es que fallen", y dice haber llegado a esta polémica conclusión cuando un antiguo entrenador de las fuerzas especiales de la Marina de Estados Unidos, ex compañero suyo de la Escuela de Gobierno Kennedy de Harvard, le dijo honestamente que cuando los militares (Navy Seals) realizan aprehensiones y trasladan personas en secreto de un país a otro "lo que estamos haciendo, de hecho, es secuestrarlas". 

Esto, dice Voss, nadie lo hace mejor que Estados Unidos, para muchos, el país más organizado donde, según Voss, ni una persona tiene instrucciones de ir en persecución de nadie. "Si nosotros no somos perseguidores entonces los malos tampoco son perseguidores", asegura y también insta a los viajeros de negocios a variar sus rutinas, incluso si esto significa llegar tarde intencionalmente a sus citas.

Al acecho

"Un buen hombre de negocios es puntual y consistente", dice Voss y tiene claro que a muchos empresarios les horroriza la idea de romper esa costumbre, pero enfatiza que, si cambian su programa de trabajo unos 10 o 15 minutos, "podrán despistar suficientemente a los criminales como para que decidan buscar a alguien un poco más preciso", asegura.

En el  libro Seguridad internacional: Protección personal en un mundo Incierto, de Orlando Wilson, un asesor de seguridad, el cual está próximo a salir, el autor sugiere a los viajeros otra estrategia de sentido común. "No llame la atención. Fíjese en lo que usa y maneja, no haga ruido ni pelee. Y no hable mucho sobre usted con extraños", dice Wilson.

Esto es un reto en la era de internet. Marivel Andreu, de la aseguradora Celedinas Insurance Group de Miami, advierte que no debemos revelar en Facebook nuestros planes de viaje o nuestros planes para almorzar. Sus clientes,  acaudaladas familias de América Latina, explica, intercambian todo tipo de información de viaje como dónde van a viajar, en dónde están, en dónde no están y "desafortunadamente, los secuestradores están utilizando esta información en su contra", dice la aseguradora.

En el informe ‘Gestión de riesgos para expatriados: Secuestro y rescate', elaborado por Richard A. Posthuma, profesor de Administración de la Universidad de Texas en El Paso, descubrió que el tiempo que los secuestradores mexicanos emplean vigilando a sus víctimas se ha visto reducido por el despliegue de "técnicas de vigilancia más sofisticadas", como el control de las redes sociales.

Julie Mulligan, de Drayton Valley, Alberta, reconoce que mantuvo un perfil elevado cuando realizó un viaje de intercambio del Club Rotario a Kaduna, Nigeria, en 2009. Apareció en un programa de televisión y poco después sus secuestradores la sacaron violentamente del automóvil de su anfitrión. 

Mulligan estuvo en cautiverio durante casi dos semanas, caminando de un lado para otro con los zapatos de tacón alto que traía cuando la raptaron.

Hubo momentos en que consideró la posibilidad de escaparse y escondió unas llaves de la casa en donde estaba retenida. La persona que la vigilaba descubrió las llaves y montó en cólera. "Levantó el brazo para golpearme y me llamó ‘mujer'", recuerda Mulligan. Antes de eso, "me había estado diciendo ‘tía' como señal de respeto a una mujer mayor", cuenta la víctima del secuestro.

A pesar de las cicatrices psicológicas que deja el cautiverio. "Cualquiera que haya sido secuestrado durante más de 24 horas, pierde la vida que conocía. Se va, termina", señala Voss. Mulligan, en cambio. considera que, en realidad, esta experiencia enriqueció su vida.

"Empecé a escribir una lista de las personas que formaban parte de mi vida", manifiesta Mulligan, quien por días escribió la lista en un trozo de cartón hasta que se detuvo en 472 nombres.

"Cuando regresé a casa me di cuenta de que la lista pudo haber sido mucho más larga", menciona.

Mientras luchaba por sobrevivir, comiendo sólo un poco de arroz blanco, atacada por innumerables mosquitos y amenazada por guardias de la edad de sus hijos, se sintió "conmovida" cuando se enteró de que las iglesias de su pueblo se habían unido para celebrar una ceremonia interreligiosa de oración.

"Debo decir que lo más grande que descubrí es la bondad, la bondad innata de la gente" señaló.

De Ronde, el empresario holandés víctima de secuestro, está de acuerdo en que incluso los brutales secuestros pueden resultar, de manera extraña, ser muy liberadores.

"Podemos sentir las cosas que no estamos haciendo bien en nuestra vida", indica De Ronde, quien antes de su viaje a Sudáfrica planeaba con su esposa comprar una casa grande en Rotterdam pero, después del secuestro, cancelaron el contrato.

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La pareja se fue de vacaciones y se preguntó qué era lo que realmente quería hacer en la vida. "Una de las cosas era seguir trabajando, trabajando, trabajando. Pero, como estoy casado con una mujer china, decidí que quería experimentar más su cultura" explica De Ronde.

De Ronde y su familia se mudaron a China. No dijeron a dónde.

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