El mecenas

Pedro Aspe y seis empresarios mexicanos más financiaron las operaciones de Endeavor por seis años. Ahora está listo para abrirle paso a nuevas generaciones.
1093 picf035  (Foto: Duilio Rodríguez)
Daniela Clavijo López

Pedro Aspe

Sonó el teléfono de la oficina que Pedro Aspe, ex secretario de Hacienda, tiene en Protego, su fondo de capital privado. Era Susan Segal, una banquera de inversión estadounidense a quien conoció cuando ella dirigía la división de mercados emergentes del Manufacture Hanover Trust, hoy jpMorgan.

La llamada tenía el objetivo de convencer a uno de los hombres más influyentes de México de darle una cita para hablar de emprendedores. Aspe aceptó.

Era marzo de 2002, cuando a Protego llegaron Segal y Linda Rottenberg, fundadora de Endeavor. Tenían una hora para explicarle al economista cómo funcionaba su asociación sin fines de lucro.

Endeavor tenía presencia en Argentina, Chile, Uruguay, Brasil y EU. México era la quinta parada, y Aspe tenía los recursos y contactos para entrar. Abrir en un nuevo país requiere que Endeavor localice a una persona como Aspe para que junte un grupo que financie la operación, sin esperar nada a cambio.

Al mes, Aspe aceptó. "Si me dicen: ‘Todo esto es lo que tienes que hacer y además, cáele con lana' tal vez mi respuesta hubiera sido un no", bromea el empresario que dedica 15% de su tiempo a la filantropía.

Aspe revisó su agenda y escribió los nombres de los empresarios a los que invitaría a la asociación: Emilio Azcárraga, de Televisa; Elías Cababie, de Gicsa; Carlos Sales, de Cuasar Capital; Lorenzo Zambrano; de Cemex; Alexis Rovzar, de White & Case; Carlos Fernández, de Grupo Modelo, y Guillermo González, de Taller de Empresa.

"Somos la única ONG que hace esto, ayúdanos", les decía como parte de su argumento. Todos aceptaron y aportaron 10,000 dólares cada uno para arrancar.

La exigencia aumenta

Dos veces al año, Azcárraga preside las juntas del consejo de administración de Endeavor México donde participan 17 empresarios como Alberto Torrado, de Alsea, y Agustín Coppel, de Almacenes Coppel. Por un par de horas, revisan los números de la ONG, los planes de expansión y los nuevos negocios.

Son ellos quienes aportan 7.5% de las donaciones  a la red (que a su vez representan 89% de los ingresos totales), convencen a otros empresarios del interior del país para fundar oficinas locales y vigilan la administración del director general en turno.

Su petición es que, en 2020, Endeavor México tenga presencia nacional, seleccione a 20 emprendedores al año (hoy elige a 13) y reduzca aún más el peso de sus donaciones. En un año, Pilar Aguilar, tercera directora de la red en el país, logró parte de la petición: en 2011, la aportación del consejo bajó 12.5 puntos porcentuales respecto de los niveles de 2010 (20%).

Aspe tiene una petición adicional: que los directores de Endeavor México institucionalicen procesos como la sucesión del director o del presidente del consejo. Aspe ya piensa en su salida: "Hay que renovar el Consejo y traer nuevos empresarios para que se renueve la sangre".

7.5% de las donaciones recaudadas por  Endeavor México en 2012 fueron aportados por el consejo de administración.

38.5% de los ingresos donados a la red provienen de los emprendedores y el esquema de  ‘aportaciones voluntarias'.

54% de los donativos que recibe Endeavor México provienen de proyectos especiales, como la ‘Gala' anual

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