China quiere consumir

Las empresas mexicanas podrían exportar más al gigante asiático, que apuesta a su mercado interno para crecer.
Andrés Bermúdez Liévano, desde Beijing

México fue tradicionalmente uno de los países latinoamericanos más cercanos a China, pero la calidez de las relaciones entre los dos nunca se tradujo en un intercambio económico significativo. Pese a que todos los presidentes mexicanos desde Luis Echeverría visitaron Beijing, durante los últimos 20 años la ausencia de una estrategia definida hacia China impidió que las relaciones bilaterales prosperaran. En los últimos años, de hecho, se deterioraron, especialmente por la respuesta china al brote de la influenza ah1n1 en 2009 y el encuentro en Los Pinos entre el Dalai Lama y el presidente Felipe Calderón en septiembre.

China se convirtió en el segundo socio comercial de México hace ya nueve años, pero en la realidad esto se traduce en una balanza desequilibrada. En 2011, México exportó 5,965 millones de dólares (MDD) a China pero importó 52,248 MDD, según la Secretaría de Economía. La relación fue de 9 a 1 y el déficit comercial, de 46,000 MDD.

"El déficit comercial representa un problema comercial, económico y político que requiere una solución bilateral", dijo el economista Enrique Dussel, quien lidera el Centro de Estudios China-México de la UNAM, durante una conferencia en la Universidad Tsinghua de Beijing. Para Dussel, la poca sustentabilidad de esta situación requiere un diálogo serio y refleja la incapacidad de las élites económicas mexicanas de poner estos temas sobre la mesa.

No es el único dato preocupante. En la última década, las exportaciones mexicanas hacia China viraron desde productos con valor agregado hacia materias primas, un fenómeno que Dussel llama la creciente "latinoamericanización" del comercio con el gigante asiático, debido a que las ventas chinas de casi todos los países de la región giran en torno a minerales, hidrocarburos y alimentos. Si en 2000 las exportaciones mexicanas estaban concentradas en un 85% en productos electrónicos y automotrices, el año pasado 52% de éstas fueron materias primas, lideradas por el petróleo y el cobre.

Por otro lado, la inversión directa de China en México ha sido baja: apenas 151,9 MDD desde el año 2000, lo que representa menos de 0.01% de la inversión total atraída por México, según Economía.

Consciente de esta situación, México lanzó en 2009 un grupo de trabajo bilateral de funcionarios, empresarios y académicos. Entre sus 29 recomendaciones, hay varias aún pendientes, como mejorar la infraestructura portuaria en el Pacífico e identificar cadenas de valor que puedan canalizar inversión china, como la electrónica y la de autopartes. México logró destrabar la entrada de la cerveza, el tequila y la carne de cerdo, pero su canasta exportadora a China sigue siendo poco diversificada.

México puede aprovechar el Plan Quinquenal chino de 2011, que busca cambiar el modelo económico para depender menos de las exportaciones e importar más bienes de consumo para una población con ingresos crecientes, dice Wu Guoping, de la Academia China de Ciencias Sociales.

"Nuestro crecimiento económico desde la crisis ha dependido de la inversión pública, en áreas como el ferrocarril, y del sector inmobiliario -señala Wu-. Ahora, China quiere basarlo en el consumo interno".

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