Confusión al cuello

La corbata es un accesorio controversial: ¿hay que usarla, eliminarla o llevarla al extremo de la formalidad?
Mónica Isabel Pérez

La vestimenta masculina de negocios pasa por un periodo de confusión. Mientras Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, aparece en jeans para dar el banderazo de salida a su cotización en la Bolsa, las firmas de moda presentan colecciones influidas por la formalidad americana de principios de los años 60. Los pupilos de Steve Jobs se enfrentan a la nostalgia sesentera de la serie televisiva Mad Men y cuando todo indicaba un adiós a las corbatas, hasta el moño regresó.

Las tendencias pueden convivir cuando el estilo es coherente con el contexto. En Japón, Alemania y en Chile, el verano es la circunstancia que valida la política "sin corbatas" para los empleados del sector público, pues ante una medida de ahorro energético en sus países sólo tienen autorizado encender el aire acondicionado de las oficinas cuando la temperatura ambiente alcanza los 28°C.

Otros comenzaron a soltarse la corbata en pos de la libertad de estilo: los suecos Hans Vestberg, CEO  de Ericsson, Karl-Johan Persson, CEO de Hennes & Mauritz, y Börje Ekholm, CEO de Investor AV, han renunciado a este accesorio y ya hasta la Cámara de Comercio Sueco-Americana  se refiere a ellos como la tieless business community (los descorbatados de los negocios).

"Mientras mayor sea la posición jerárquica es más fácil romper las reglas", explica Ana Vásquez Colmenares, especialista en diseño personal de imagen. "Viste para el puesto que deseas y no para el que tienes. En dado caso, ve cómo se viste el jefe, pero no cualquiera puede ir en pijama a una junta o sin corbata a Wall Street, porque eso va a demeritar la propia imagen. Proyecta menos autoridad". Aunque vestir sin corbata tampoco significa perder gallardía, dice.

Usar traje casual proyecta accesibilidad. Es un atuendo aceptado en el día a día de la vida corporativa, incluso en México. Pero la corbata -accesorio de origen militar usado por los jinetes del ejército croata- es aún requerida para las ocasiones formales.

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En defensa de su sobrevivencia en el guardarropa, el escritor estadounidense Glenn O'Brien apunta en su libro How to Be a Man que las corbatas son el único accesorio masculino que tiene enemigos reales. "A mí me gusta su inutilidad. En su ornamental sinsentido, tienen el potencial de proyectar pertenencia, alianza, solidaridad o también, según el estilo, absoluta individualidad y excentricidad".

Con información de Delia A. Ortiz

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