A la sombra de Pemex

En México, la iniciativa privada impulsa más la producción de energías limpias que el gobierno. La petrolera y la CFE no ayudan.
miguel angel alonso accionaenergiaenmexico  (Foto: Larha Baca)

En 2010, los habitantes de Santa Rosa Lomalarga, en el municipio veracruzano de Hueyapan de Ocampo, por primera vez observaron el interior de sus casas iluminarse con focos y no con candiles. Santa Rosa era la primera comunidad rural a la que Iluméxico, una empresa creada por seis emprendedores, dotó de electricidad mediante paneles solares.

Llevar el fluido eléctrico a sitios apartados es un reto mayúsculo incluso para el gobierno. La infraestructura tradicional no alcanza. Por ello, la vitrina de las oficinas de Iluméxico en el Distrito Federal está repleta de reconocimientos nacionales e internacionales. El sistema creado por la empresa, que lleva electricidad a lugares recónditos que el gobierno no alcanza, cuesta 2,000 pesos por vivienda e incluye paneles solares, una batería y dos lámparas LED (diodos emisores de luz).

Iluméxico recibió 2.4 mdp del Fondo de Transición Energética de la Secretaría de Energía para la instalación de sistemas solares. Pero eso sólo alcanzó para poco más de 1,000 hogares en un país donde 513,000 viviendas aún carecen de electricidad.

El potencial solar y eólico en México es enorme y está desaprovechado debido a la insuficiencia de incentivos y políticas. Los progresos e innovaciones provienen de empresas pequeñas como Iluméxico o de grandes corporativos que producen su propia energía para reducir costos, incrementar ganancias y cumplir con los compromisos de reducción de contaminantes que asumen al ser firmas internacionales.

Durante las campañas presidenciales, las energías limpias quedaron prácticamente fuera de la agenda. A excepción de la plataforma de Gabriel Quadri, del Partido Nueva Alianza, las propuestas de los candidatos se enfocaron en la explotación petrolera -especialmente las de Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador-. Si bien el plan de la panista Josefina Vázquez Mota citó la necesidad de una matriz energética sustentable, fue una propuesta genérica que no explicaba cómo crearla.

Si la próxima administración quiere detonar el sector de las energías renovables, debe generar mejores normas, incentivos fiscales más atractivos y empujar a que los dos principales participantes, Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), se vuelquen a las tecnologías limpias para la producción de combustibles y energía.

Las buenas intenciones no bastan

En 1992, una reforma legal abrió el mercado al capital privado y disparó la producción eléctrica. Ese año, el sector privado generó 3,380 megavatios, equivalentes a la demanda energética de 216,320 hogares durante 12 meses. En 2011, la generación privada fue suficiente para abastecer a 1.8 millones de hogares (28,793 megavatios, de los que 2,480 se exportaron).

Las energías limpias más usadas en el país son la geotérmica, la eólica, la hidráulica en presas pequeñas y la solar, que en conjunto generaron 2.1 gigavatios en 2011. Las más productivas son la geotérmica, proveniente del vapor subterráneo, y la eólica, generada por las corrientes de aire.

Aunque desde hace una década el sector privado puede participar en la producción de energía, apenas hace unos años la posibilidad de participar se conjuntó con los incentivos para hacerlo y el interés de los inversionistas. A diciembre de 2011, la CFE había extendido 612 contratos de interconexión de fuentes renovables, de los cuales 591 son de pequeña escala y 21 de escala mediana. Jalisco acapara la mayoría -215-, seguido por Guanajuato -78- y Baja California -72-. Del total, 604 corresponden a la generación solar y el resto, a biogás y energía eólica.

"México está muy bien en energía renovable hoy. En 2006 era complicadísimo realizar proyectos en este sentido", dice Miguel Ángel Alonso, director general de Acciona Energía en México, una compañía de creación, promoción y gestión de energía limpia.

Alonso ve tres buenas señales en la industria: compañías grandes y medianas optan cada vez más por el diseño de proyectos de energía renovable para satisfacer su necesidad energética. Además, los productores independientes ya pueden participar en licitaciones para obras de pequeña escala y la banca de desarrollo y la privada apuestan a estas iniciativas. "Vemos a Banobras y Nafinsa que apuestan por proyectos", dice el directivo. "De parte de la banca privada, están Santander y BBVA Bancomer".

El financiamiento sigue siendo insuficiente, pero, aun así, el sector privado avanza más que los esfuerzos gubernamentales. "Esta oferta proviene de fondos de organismos internacionales que orquestan programas verdes con fuerza", dice Luis Aguirre Torres, presidente de GreenMomentum, una firma de inteligencia de mercado especializada en el desarrollo, implementación y financiamiento de tecnologías limpias en América Latina.

El creciente interés del sector privado por las energías limpias obedece también a que el autoabastecimiento permite independencia del distribuidor oficial, explica Aguirre. Además, al operar con energías limpias, las empresas obtienen puntos adicionales que mejoran su calificación en los rankings globales de competitividad.

El interés de las empresas por reducir su impacto ambiental es cada vez mayor. Algunas buscan mejorar una reputación de grandes contaminantes y a otras, como Cemex, les interesa protegerse contra posibles barreras comerciales a productos con una fuerte huella de carbono.

Durante la administración de Felipe Calderón avanzaron las disposiciones legislativas y regulatorias para la generación de energías limpias, dice Carlos Flores, secretario de Asuntos Industriales de la Asociación Nacional de Energía Solar (ANES).

Entre otras medidas, la Ley para el Aprovechamiento de Energías Renovables de 2008 destinó 7,000 mdp a la investigación tecnológica y la Secretaría de Hacienda decidió eximir del impuesto general de importación o exportación a componentes como turbinas aéreas y celdas solares.

Pero la falta de capital impide que despegue el sector. Entre 2006 y 2011, México atrajo inversión en energías verdes por 5,800 mdd, mientras que en Brasil se invirtieron 70,000 mdd, de acuerdo con Climascopio, el primer índice anual sobre energías limpias en América Latina y el Caribe.

La inversión en energías limpias sufrió una caída dramática en el país. Se invirtieron 608 mdd en 2008, 1,402 mdd en 2009 y una cifra histórica de 2,418 mdd en 2010. Pero en 2011, la amenaza de una nueva crisis financiera provocó que la inversión cayera a 340 mdd, de los cuales 294 mdd se invirtieron en energía eólica y 46 mdd en solar.

Incentivos torcidos

El istmo de Tehuantepec, en el estado de Oaxaca, no sólo atrae el viento a una velocidad de 8.5 metros por segundo. Recientemente atrajo una inversión de 14,000 mdp para la construcción de Mareña Renovables, que será el parque eólico más grande de México.

FEMSA, la firma detrás de la iniciativa, quiere que a partir del tercer trimestre de 2013, 85% de sus operaciones en México utilicen energía eólica. El proyecto abastecerá durante los próximos 20 años a OXXO, Coca-Cola FEMSA, FEMSA Insumos Estratégicos y a la cervecera Cuauhtémoc Moctezuma.

Desde 2006, 81% de la inversión en el sector se ha destinado a energía eólica, como consecuencia de las licitaciones de temporada abierta de la CFE, un mecanismo ejecutado desde 2009 en Oaxaca en que el gobierno se compromete a instalar líneas de transmisión a cambio de que los desarrolladores privados construyan proyectos eólicos.

Las compras nacionales de insumos en la industria eólica podrían llegar a 12,400 mdd en los próximos cinco años. Si la producción de estos insumos se realizara localmente se podrían generar más de 50,000 empleos, según estimaciones de ProMéxico, pero la mayoría se importa.

Es el único segmento de la industria eléctrica mexicana con un claro predominio de los inversores privados transnacionales, como Acciona y Gas Natural Fenosa, de España, y EDF, de Francia.

La lógica detrás del impulso a la energía eólica es que sus costos son más bajos. Para generar un kilovatio a través de fuentes eólicas, el costo es de 1,988 dólares. En geotermia, es de 2,070, y en energía solar, 3,000.

Sin embargo, Flores, de la ANES, aclara que no es sólo cuestión de costos. "Lo eólico requiere de grandes inversiones, en comparación con lo solar", dice.

"En nuestro país viene el momento de invertir en energía solar, porque tiene características apropiadas para este tipo de energía y está cambiando la dinámica del mercado de las renovables", agrega.

Sin embargo, nada incrementaría más las inversiones y proyectos en el sector que la participación de dos instancias gubernamentales: Pemex y la CFE.

Rodolfo Lacy, coordinador de Programas y Proyectos del Centro Mario Molina, que investiga temas energéticos y de medio ambiente, dice que ambas organizaciones se han encargado de inhibir la generación de energías limpias en el país, en lugar de fomentarla.

"México necesita de una industria de la energía", dice. "Ya no es posible seguir con una industria eléctrica y una petrolera. Necesitamos un conjunto de industrias que abastezcan de energía limpia, barata y sustentable a toda la población".

En 2010, el primer borrador de la Ley de Cambio Climático incluía un capítulo dedicado a las prácticas de eficiencia energética en la CFE y Pemex. Sin embargo, ese apartado se desechó.

La ley, aunque promueve las tecnologías limpias, no obliga a la CFE o a Pemex a transitar a fuentes de energía menos contaminantes. En consecuencia, ninguna de ellas promueve la innovación o la investigación en la materia.

"Sólo desarrollan aplicaciones sobre tecnologías convencionales, pues por mandato constitucional tienen que hacer inversiones al menor costo posible",  explica Lacy.

Sin plan maestro

En su laboratorio de Temixco, Morelos, Roberto Best juega con datos, aparatos y escenarios para probar los usos de la energía solar en la dotación de aire acondicionado a casas y empresas.

En 2011, el investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México concluyó el desarrollo de un sistema de aire acondicionado solar, financiado con 8.5 mdp durante dos años por la Comunidad Europea y el Conacyt.

En un año más, un prototipo se probará en una población costera del país. El reto es obtener el capital y la estructura comercial para dar el salto del laboratorio a la producción masiva.

Best considera que México aún carece de un plan maestro en energías limpias que fije metas y nichos prioritarios. "Debe haber un plan de apropiación de tecnología nacional -dice-. Pero ha prevalecido la idea de dejar todo en los mercados, como el eólico, que depende de tecnología importada".

Actualmente, el control del Estado mexicano sobre las reservas fósiles ha frenado la participación del sector público en el desarrollo de la infraestructura y la tecnología necesarias para generar energía limpia, según el Climascopio.

"Las renovables son uno de los componentes de una transición hacia un modelo de sociedad diferente, pero se tiene que planear, no va a ocurrir espontáneamente", dice Flores, de la ANES.

Para que crezca el número de proyectos de generación de energías verdes es necesario crear incentivos fiscales y financieros.

"Los proyectos grandes van a venir del sector privado para el consumo de empresas y autoabastecimiento. En la microgeneración y la descentralización hay una ventana de oportunidad muy interesante", sostiene Mónica Santoyo, abogada del área de energía del despacho Santamarina y Steta.

Un primer paso es la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles, como la gasolina y el gas licuado. Un litro de gasolina sin subsidio tendría un precio de 12 pesos por litro, el valor que ronda hoy el combustible en Texas.

Si se eliminan o se reducen los subsidios a las gasolinas, "instantáneamente se hacen más competitivas las energías renovables que tradicionalmente se perciben más caras, lo cual se debe a que no tienen subsidio", dice Mauricio Avilés, representante en México de la compañía Yuanda Wind Power y miembro de la Asociación Mexicana de Energía Eólica.

El subsidio más importante históricamente ha sido el eléctrico, que representa en promedio 1% del PIB anual. John Scott Andretta, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas, explica en un estudio que los subsidios a los energéticos en México se concentran en forma desproporcionada en grupos de ingresos medios y altos. Por ello, entre los principales beneficiados están las industrias, lo que apoya la competitividad.

La Estrategia Nacional de Energía plantea como meta que 35% de la electricidad en México sea renovable en 2026. Es decir, en 14 años se tendría que quintuplicar el peso de las renovables en la matriz energética nacional.

Para lograrlo, hay dos caminos: uno es que Pemex y la CFE apuesten al uso de tecnologías limpias y no únicamente a las que resultan más baratas. La otra vía es atender el creciente interés de la iniciativa privada por generar energías renovables, que se incrementen los estímulos fiscales y las posibilidades de financiamiento y que los subsidios fomenten una competencia equitativa entre la energía que se produce a partir de energías fósiles y la que proviene de fuentes renovables.

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Con información de Lourdes Contreras y Leticia Gasca.

EL ESPEJO AJENO
El año pasado, los proyectos y empresas ligados con las energías limpias recibieron 280,000 MDD en inversiones, la mayoría en Europa, Estados Unidos y China.
América Latina permaneció en el rezago, ya que capturó menos de 5% del total.
México es el sexto país con mejor desempeño en energías limpias en América Latina y el Caribe, detrás de Brasil, Nicaragua, Panamá, Perú y Chile, de acuerdo con el índice sobre energías limpias Climascopio.
El país va a la zaga en materia renovable, afirma Hugo Ventura, jefe de Energía y Recursos Naturales de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. “En México tenemos un desfase comparado con la media latinoamericana en cuanto al impulso de energías renovables”, argumenta.
En Costa Rica, el monopolio estatal Instituto Costarricense de Electricidad ejecutó un programa piloto que permite a los consumidores residenciales instalar sistemas fotovoltaicos y vender la capacidad excedente a la red nacional. Desde los 70, Costa Rica se percató de su potencial geotérmico y logró inaugurar su primera planta en 1988. A partir de ese hito, formó sus propios cuadros, adquirió tecnología de punta y adoptó nuevas modalidades, como el aprovechamiento del vapor de pozos ácidos.
En el ramo eólico, Brasil ha hecho bien la tarea: organiza subastas inversas para contratos, promueve incentivos fiscales, aporta financiación local barata y forjó una sólida cadena de valor en tecnología del viento.
Perú también usa subastas de energía verde y tecnologías limpias en los programas de electrificación rural, además de estructurar un sector de energía no regulada favorable a los nuevos generadores de energía sustentable. De hecho, es el único país de la región que consiguió incluir con éxito paneles fotovoltaicos conectados a la red en el sistema de pujas.
España empezó a fijarse en el potencial del viento y el sol en los años 80 y actualmente cosecha los beneficios de haber desarrollado tecnología y fomentado la creación de empresas en esos sectores. Por eso, no sorprende que compañías ibéricas, como Acciona y Gas Natural Fenosa, aprovechen la experiencia e incursionen con éxito en el mercado mexicano.
Hasta 2011, los generadores alternativos ibéricos recibieron primas generosas por producir energía con paneles fotovoltaicos que se inyectaba en la red tradicional. En 2010, esos pagos ascendieron a 128,000 MDP, cercanos a los 200,000 MDP que el gobierno mexicano gasta anualmente en subsidiar los combustibles.
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