Señor Q (1096)

El porqué de las preguntas, cómo llamar la atención y el periodismo.

ESTIMADO SEÑOR Q:

He notado que a menudo usa citas de otros autores para ilustrar sus consejos. ¿Por qué lo hace? ¿Lo hace acaso porque el Señor Q no confía en su propia autoridad y recurre entonces a nombres más famosos? (Sin Citas)

Querido Sin Citas:

El ensayista estadounidense Ralph Waldo Emerson (1803-1882) es uno de los campeones mundiales de las citas. El Señor Q lo admira y elige una de sus frases favoritas: "Odio las citas -escribió Emerson-. Dime lo que sabes". ¿Has visto? ¡Emerson te da la razón! ¡Un pensador debe usar sus propios argumentos para convencer a sus lectores! Es cierto. Pero también es cierto que recurrir a las citas es una manera de reconocerse a sí mismo como parte de una tradición. Nuestros pensamientos nunca son del todo originales: siempre le debemos una parte de lo que sabemos a alguien que ya lo pensó antes. El Señor Q utiliza citas para mostrar que tus problemas son menos originales de lo que crees y para señalar que hay una abundancia de pensamiento disponible para ayudarte. (Apócrifo, Q)

ESTIMADO SEÑOR Q:

¿Cuál es la mejor manera de llamar la atención de un jefe que se resiste a ver mi trabajo? Llevo semanas esperando infructuosamente una respuesta de parte de mi jefe de equipo. Cumplo mis tareas asignadas con eficacia y a tiempo, sin necesidad de supervisión. Cuando se necesitan ideas para superar un obstáculo, doy mis opiniones en las reuniones de grupo. A veces, algunas de mis sugerencias son incorporadas al proceso de trabajo, pero nunca recibo una señal de gratitud. Me quejo no sólo porque la indiferencia de mi jefe me pone triste, sino porque estoy esperando un cambio de categorización que me supondría un aumento de salario de 16.5%. Me merezco el ascenso de categoría: he cumplido todos los requisitos y las etapas pero para mi jefe soy invisible. Preferiría no tener que hablar con él (porque además es bastante desagradable). ¿Qué puedo hacer? (Supervisada)

Querida Supervisada:

La mejor manera de llamar la atención de alguien es, precisamente, llamándole la atención. Es decir, golpeando a su puerta, marcando su número de teléfono o enviándole un correo electrónico. Una de las viejas máximas del Señor Q es que trabajar bien siempre sirve. Aunque creas que nadie te ve o que nadie nota tu esfuerzo, siempre habrá algo en tu energía y en tu disposición que beneficiará tus perspectivas de empleo. Esta máxima, sin embargo, tiene un límite temporal, porque hay jefes que son verdaderamente tercos y se niegan a apreciar el talento, la imaginación y la perseverancia de sus empleados. Para estos jefes, lo único que queda es agarrarlos de las solapas y sacudirlos hasta exigir una respuesta. Por más desagradable que te resulte, deberías empezar a pensar en una conversación cara a cara con él. Pero no para confrontar ni para pelearte, sino para preguntarle, como si fueras un ángel, por qué no has sido promovida aún. Te sorprenderá ver lo fácil que es encontrar respuestas cuando se hacen buenas preguntas. (Máximo, Q)

ESTIMADO SEÑOR Q:

Mi hijo quiere estudiar Ciencias de la Comunicación. ¿Cómo hago para disuadirlo? Tengo una pésima imagen de los periodistas, y además están condenados a la pobreza. No sé qué opinará usted. (Contador)

Querido Contador:

El Señor Q ha dejado de ser periodista, pero da fe: los periodistas forman (formamos) un gremio destinado a la bancarrota moral y económica. Aun así, si tu hijo desea genuinamente estudiar Ciencias de la Comunicación (o cualquier otra licenciatura), entonces no te quedará más remedio que aceptarlo. El problema de los hijos es que vienen con su propia mente independiente. (Reportero, Q)

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