En control de la balanza

Carla Juan Chelala logró dar un espacio a su vida personal y mantener el éxito profesional.
Ximena Cassab
Carla Juan Chelala
Directora de marketing Banorte-Ixe
Posición 26 en el ranking

Un mes después de ser contratada como directora de Mercadotecnia en Banorte-Ixe, un día de diciembre de 2007, Carla Juan Chelala estaba en un salón privado sentada en una mesa de madera con dos lugares puestos para comer: uno era el suyo, el otro, del director general del banco, Roberto González Barrera. Desde el comedor de su jefe podía ver los edificios de Santa Fe que la rodeaban mientras conversaba con él sobre temas de trabajo, aunque podía intuir que ése no era el objetivo de aquella junta.

"Me preguntó por mi vida personal -dice Chelala-. Yo inmediatamente puse mi caparazón, al que estaba acostumbrada y me funcionaba de maravilla". Dentro y fuera de la oficina era la misma, una mercadóloga que sólo veía publicidad hacia donde volteaba. Así era feliz.

"Bájale tres rayitas, tienes todo para ser feliz, pero te hace falta un compañero para completarte", recuerda Chelala que le dijo su jefe. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Estaba acostumbrada a escuchar el comentario por parte de sus padres, pero cuando se lo dijo él, fue muy duro.

Chelala admira mucho a González Barrera. Por eso decidió escuchar y seguir su consejo. El 31 de diciembre, durante la fiesta de fin de año, se acercó a Mauricio Domínguez. Lo conocía desde hace cinco años pero nunca se había relacionado con él. Comenzaron a salir. Cuando González Barrera lo conoció, le dijo: "Ése es, hija, ése es el muchacho". Un año después, Domínguez se convirtió en su esposo y el compañero que la apoya hasta hoy.

Balance a prueba

Después de conocer a su actual marido, Chelala logró dar un espacio a su vida personal. "Desde que fuimos novios, nos organizamos alrededor del trabajo para que la relación fluyera -recuerda Domínguez-. Saliendo del cine mandaba mails, pero podía con las dos (actividades)".

El cambio mayor llegó con su primera hija, María José. Por primera vez, Chelala se preguntó si podría seguir con el trabajo y con la familia.

"Tuvo conmigo una plática a los 40 días de parir y me preguntó: "¿Qué hago?" -dice su madre, Sylvia Juan Chelala-. Yo le dije que no la veía en casa y que nosotros y sus hermanas le podíamos ayudar, que no dejara su trabajo". Chelala en ningún momento quiso retirarse, lo que la hacía dudar era lo impredecible que resulta tener un hijo.

Chelala demostró que sí se puede. Se despierta muy temprano cada mañana para convivir con su hija dos o tres horas y desayunar juntas. Después se va al trabajo. Vive cerca del corporativo de Banorte-Ixe, así no desperdicia tiempo en el tráfico. Antes, sentía que ese tiempo lo podía utilizar para temas laborales, hoy le duele por no poder aprovecharlo con su hija. "Carla come todos los días con su familia", dice Alejandro Garay Espinoza, director general de Administración en Banorte-Ixe y compañero de Chelala. Esta flexibilidad le permite tener mayor balance en su vida.

Distribuir el tiempo en una mitad para el trabajo y otra para la vida personal es imposible, considera Alejandro Vázquez Ríos, profesor de Dirección de Personal del IPADE. Tampoco se trata de fusionar, sino de dar espacios a cada parte. "La adaptación depende de las prioridades que tenga la persona", dice.

Después de la pausa por maternidad, Chelala se sintió feliz de poder volver al trabajo. "Poder salir de tu casa, tener espacio para tus necesidades es muy sano para cualquier hombre o mujer", dice.

Chelala se esfuerza para estar en casa con su hija por la mañana y por la noche. Y revisa la agenda con su esposo para asegurar que siempre uno de ellos esté disponible.

"Buscar apoyo es la mejor manera de encontrar balance, sin importar si viene de la pareja, un familiar o una guardería", dice Norma Araiza, presidenta de la Asociación Mexicana de Mujeres Ejecutivas.

Federico García, director general adjunto de Mercadotecnia en Banorte-Ixe, considera a su jefa un buen modelo a seguir. "Su balance se basa en la eficiencia dentro de sus tareas y proyectos para poder tener tiempo para su vida personal -dice García-. Que ella tenga buen balance nos permite cuestionarnos si nosotros lo tenemos e intentar obtenerlo".

Inicia una pasión

"Carla no era muy buena en la escuela -dice su padre, José Juan Chelala-, hasta que encontró su vocación en la universidad: la mercadotecnia". Su madre siempre insistió en que sus cuatro hijos, tres mujeres y un hombre, estudiaran una carrera.

Cuando Chelala terminó sus estudios, sabía que quería trabajar en un banco. Comenzó en Bital y le encantó. "Me volví loca de trabajo", recuerda Chelala, quien desde los 22 hasta los 33 años invirtió todo su tiempo y energía en él. "Los hombres no me interesaban -dice-, pensé que si le dedicaba 100% de mi vida al trabajo, no le podía dedicar el 20 o 30% a ese otro tema porque me iba a distraer". Además, se dio cuenta de que las mujeres a su alrededor que decidían formar una familia dejaban de lado el trabajo. Para ella, aún no era el momento.

Cuando Bital se convirtió en HSBC, en 2004, la carga de trabajo de Chelala aumentó. Trabajaba alrededor de 15 horas diarias y viajaba mucho.

Tres años después, la llamaron de Banorte. En su nuevo empleo ya no tenía que pasar tantas horas en la oficina. Sus padres consideran que esto, junto a la conversación con González Barrera, probablemente fue un detonador para que su hija le diera un espacio a su vida personal.

Hoy, Chelala espera a su segundo hijo. "Estoy convencida de que existe un balance en mi vida y todas la mujeres podemos tenerlo -dice-. Habemos mujeres que podríamos aportar mucho más a la sociedad sin dejar a un lado el importante rol de ser mamá".

Profesionalización
Un logro de Carla Juan Chelala en Banorte-Ixe fue profesionalizar el área de mercadotecnia.
“Yo estoy orgulloso por tener una jefa mujer —dice Federico García, director general adjunto de Mercadotecnia—. No sólo aprendo del lado laboral, sino también de intuición y liderazgo de una mujer como ella”.
Cuando llegó, Chelala revisó de los puestos de trabajo y las capacidades de sus colaboradores para asegurarse de que cada uno de ellos estaba en el área correcta. Si no lo estaba, lo asignó a una tarea de acuerdo con su perfil.
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