Tradición vs innovación

Comex rompe el paradigma de que sólo las empresas jóvenes y las no familiares pueden ser innovadoras. Claro que también ha tenido que pagar los costos.
Los editores

Hace más de medio siglo, una pequeña fabricante de pinturas quiso empezar a competir por el mercado mexicano. En ese tiempo, el país se estaba urbanizando y había una buena oportunidad de crecer ofreciendo lo necesario para la construcción. En las zonas urbanas, las pinturas se vendían en tlapalerías, así que el fundador fue a estos establecimientos para ofrecer su producto.

Los dueños de las tlapalerías se rehusaron a recibir sus pinturas. Si lo hacían, confesaron, ya no podrían vender el producto de los que entonces eran los principales fabricantes. El emprendedor decidió entonces instalar sus propias tiendas, en donde sólo vendería su pintura y lo que hiciera falta para aplicarla.

El negocio mejoró, pero el crecimiento se lograba muy lentamente, pues la gente seguía acostumbrada a comprar la pintura en tlapalerías, además de que no había tantas ‘pinturerías' disponibles.

Cuando el emprendedor se dio cuenta de esa barrera, decidió ofrecer en venta sus propias tiendas a los empleados que las atendían. El acuerdo para quienes aceptaron fue que sólo se quedarían con el dinero suficiente para vivir, para que el resto de las ganancias amortizara la deuda. Así, la empresa se capitalizó y bajo ese esquema pudo crecer hasta desarrollar la red de pinturerías más extensa del país. Creó al mismo tiempo a una generación de empleados que se transformaron en emprendedores.

Ésta es, quizá, la historia que más cuentan los Achar, la familia fundadora de la empresa más grande de pinturas y recubrimientos en México, Comex. Tienen más anécdotas del crecimiento. Muchas. Por ejemplo, recuerdan cómo en los 80 aprovecharon las dotes de oradora de Josefina Vázquez Mota, hija del principal distribuidor de Comex en Chihuahua, para animar a las esposas de los distribuidores a que entendieran el papel de sus parejas en la empresa.

No todas son historias buenas. También hay anécdotas tristes, como un incendio que destruyó la fábrica en los 50. O historias de fracaso: hubo algunos intentos fallidos y costosos de entrar a nuevos mercados, como el de Estados Unidos. Pero a lo largo de seis décadas, la familia logró inyectar en el ADN de la empresa las ganas de intentar cosas nuevas y una resiliencia que usa cuando las cosas no salen bien.

Saber cómo lo han logrado y cómo mantienen vivo ese espíritu por 60 años es uno de los objetivos de la historia de portada de esta edición de ExpansiónCEO. Marcos Achar, el CEO de la empresa y parte de la segunda generación de la familia, nos mostró cómo Comex combina los valores tradicionales con la búsqueda permanente de la innovación, dos términos que pocas veces se ven en una misma empresa.

Descubrimos que mucho de lo que han desarrollado en seis décadas tiene su origen en la intuición de la familia: por ejemplo, la innovación para ellos no es una cuestión de mejorar el retorno del capital de un trimestre o de un año. Más bien, es lo que les permitirá en el largo plazo mantener ese liderazgo en mercados como el mexicano, pues el consumidor preferirá siempre el mejor producto con el mejor precio. Y para ellos, más les vale que estos productos se vendan en la tienda Comex.

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En esta misma edición tenemos a un editor invitado que ha estado en el ojo del huracán en las últimas semanas: Carlos Fernández, el CEO de Grupo Modelo y última generación de mexicanos en el control de la principal cervecera nacional.

Los textos que eligió nos permiten conocer los valores con los que dirigió la emblemática compañía durante más de una década. Será muy interesante ver qué inversiones hará Carlos después de que entregue las riendas de Modelo a AB Inbev. Por lo pronto, dice que aún no decide a qué se dedicará cuando llegue ese día.

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