Estudiar rinde frutos

Un puñado de empresas encontró un nicho de negocio al prestar a los jóvenes que no pueden pagar la universidad.
Francisco Vizcaya expansion 1099  (Foto: Larha Baca)
Ilse Santa Rita

En 2006, Francisco Vizcaya renunció a una oficina elegante, a las prestaciones de una firma internacional y a la dirección de Banca Institucional de Santander. Había detectado una oportunidad.

A Vizcaya le había tocado analizar la posibilidad de que Santander comprara Sofes, la primera iniciativa mexicana de créditos universitarios, que estaba en problemas financieros. Tras hablar con un representante de la empresa, creada por 39 universidades privadas, quedó convencido de su impacto social.

"Me explicaron cómo estaba el problema -dice Vizcaya-. Que todos los años hay cientos de miles de jóvenes que son rechazados por la universidades públicas y que, si no tienen dinero para ir a una universidad privada, ya no fueron a la escuela y se quedan sin estudiar".

El mercado de estudiantes que necesitaban un crédito era enorme, pero Sofes tenía demasiados problemas. Después de nueve meses de investigación, el banco decidió no comprarla. Sofes había iniciado actividades en 2000 con una línea de crédito de 150 millones de dólares (mdd) del Banco Mundial y en seis años había dado 27,000 préstamos. Pero llegó a tener una cartera vencida de 45%.

"Hicieron todo lo que no se debe hacer cuando se da crédito -dice Vizcaya-. No había criterios de otorgamiento homogéneos y tenían sistemas de cobranza muy deficientes".

Tras 25 años de experiencia en finanzas, Vizcaya renunció para fundar Finae. La financiera fue pionera entre un puñado de empresas sociales que apuestan a los jóvenes que necesitan ayuda para seguir estudiando, un nicho de mercado con gran potencial de crecimiento en el país. La competencia se amplió pronto: Finem nació ese mismo año, Lumni (de origen colombiano) llegó en 2008 y Laudex abrió en 2009. Entre los bancos, el propio Santander terminó por sumarse al segmento en 2010, como parte de su estrategia de responsabilidad social, y ya hay otras entidades que preparan su entrada.

Estas empresas ofrecen tasas de interés elevadas, lo que atribuyen a la falta de competencia y escasez de fondos. A diferencia de un banco, necesitan recurrir a inversionistas privados -en su mayoría, extranjeros- para fondearse. Éstos participan motivados por el impacto social, pues el retorno financiero -15% en promedio- es menor al que obtendrían en otras firmas.

En México, hay casi 10 millones de jóvenes entre 19 y 24 años, pero poco más de un tercio está en la universidad. Este año, sólo 10% de 121,970 aspirantes obtuvieron un lugar en la Universidad Nacional Autónoma de México, lo que generó protestas de los llamados "rechazados". El mercado es grande y las cuatro empresas apenas llevan otorgados menos de 9,000 créditos desde 2006.

Vizcaya dice que las firmas deben mirar el ejemplo de Sofes. La fallida iniciativa no buscó generar utilidades entre el costo de los fondos y el crédito otorgado y eso, asegura, fue un error clave.

"El mercado del financiamiento estudiantil debe ser rentable -dice-. Sólo de esa forma va a crecer".

Al estilo Bowie

Al igual que Vizcaya, los colombianos Felipe Vergara y Miguel Palacios eran conscientes de la oportunidad latente en los préstamos educativos cuando se conocieron en 2001 en Estados Unidos. Pero ellos se inspiraron en David Bowie.

En 1997, el músico británico recaudó 55 mdd por la venta de los llamados Bonos Bowie. Ofrecía pagarlos en 10 años con regalías de los primeros 25 álbumes de su carrera. Así, pudo financiarse con los ingresos futuros que esperaba por sus obras más populares.Palacios, un académico que estudiaba los sistemas de financiamiento estudiantil en Estados Unidos, y Vergara, un ingeniero industrial que buscaba oportunidades en el sector, arrancaron en 2002 en Chile una empresa para financiar a estudiantes de alto desempeño. Como en el caso de Bowie, la condición era que, luego de graduarse, el estudiante pagara un porcentaje de su salario durante un número prefijado de años.

Lumni recaudó de inversionistas más de 15 mdd para financiar a estudiantes en Chile, Colombia, México y Estados Unidos. La empresa descuenta a sus financiados entre 8 y 15% de su salario en un plazo máximo de cinco  años, dice Kirsha Carretero Rivera, directora general de Lumni México. A diferencia de las financieras con las cuales compite, no exige un fiador.

Finae, Finem y Laudex siguen un modelo de crédito más tradicional.

Ofrecen un préstamo a tasa fija en el que el alumno realiza un pago mensual -menor al de la colegiatura- durante sus estudios. Al graduarse, tiene un periodo de gracia de seis meses mientras busca trabajo y el plazo para liquidar es de hasta el doble de tiempo del que duraron los estudios.

"Con los pagos que el alumno hace desde que está estudiando, la empresa detecta tempranamente si no cumple con los pagos, antes de que se le haya financiado toda la carrera", dice Armando Chacón, director de Investigación del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

Estos esquemas, agrega Chacón, suavizan los pagos al dar un plazo extendido. Mientras el alumno estudia, su familia absorbe parte del costo de la matrícula. El resto le toca al graduado cuando empieza su vida laboral.

La ventaja de las financieras frente a Lumni es que prestan más. Finae, Finem y Laudex cubren hasta 100% de la matrícula, mientras que aquélla sólo aporta hasta 30%.

Además, Lumni no busca aumentar su escala y tiene un escrupuloso sistema de selección. "No queremos volvernos masivos -dice Carretero, de Lumni-. Queremos crecer, pero no perder la sensibilidad personal".

Desde 2008, Lumni financió a 215 estudiantes de posgrado en el país. Laudex colocó 1,500 créditos en tres años. Desde 2006, Finem otorgó 3,500 préstamos y Finae, 3,000. El otro participante del sector, Santander, dio unos 600 créditos desde 2010 bajo el sistemas de garantías de la estatal Nacional Financiera, según datos de ésta.

La demanda podría dispararse en los próximos años, dice Ricardo Estrada, autor del libro Profesionistas en vilo y ex investigador asociado del Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC).

Sólo tres de cada 10 personas en edad universitaria cursan estudios superiores, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía y la Secretaría de Educación Pública. De 3,270,000 estudiantes universitarios, 30% asiste a una institución privada.

"Si el número de estudiantes que ingresan a escuelas de nivel superior continúa creciendo a tasas de 6% anual como lo ha hecho de 2000 a la fecha, en 2018 México tendrá 4.2 millones de universitarios, un millón de estudiantes más desde los 3.1 que hay actualmente", estima Estrada.

Así como crece el número de universitarios, es posible que haya más estudiantes rechazados en las instituciones públicas. A ellos, deben sumarse los alumnos que logran un lugar en la universidad pero, eventualmente, abandonan sus estudios. El 50% de la deserción universitaria es por problemas financieros, según el INEGI.

El origen del dinero

Pese a que el potencial del sector es claro y las inversiones con metas sociales son cada vez más relevantes a nivel internacional, a los inversionistas nacionales les cuesta perder la aversión al riesgo.

La inversión de impacto es aquélla que busca un retorno social además del financiero, explica Erik Wallsten, cofundador de Adobe Capital. Con 20 mdd, éste arrancará en septiembre como uno de los primeros fondos de inversión de impacto mexicano.

"Se buscan proyectos que generen ventas, que sean rentables, pero, además de eso, que exista un beneficio social -dice-. Generalmente son proyectos relacionados con salud, educación y vivienda".

Firmas como Promotora Social México (PSM), Spectron y Toniic apuestan a este sector. PSM invirtió 3 mdd en Laudex y Toniic, una red de inversionistas de impacto con base en San Francisco, 2.5 mdd en Lumni. Finae recibió 2 mdd del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y consiguió recursos de fondos extranjeros como Bamboo Finance y Social Alpha Investment Fund. Finem utiliza mayormente fondos de Nacional Financiera, aunque en sus inicios otorgó créditos con capital privado.

"Por una inversión de este tipo esperamos un retorno de 15% anual, que es un retorno atractivo pero es bajo para la industria", explica Gerardo Ramos, jefe de inversiones de PSM. "Las inversiones de venture capital, que son para empresas en etapa de crecimiento, buscan un retorno de 20 a 25%". Lumni estima que el retorno para sus inversionistas va de 10 a 15%.

Finem, Finae y Laudex tienen un reto a la hora de levantar capital, pues existe la probabilidad de que el estudiante no liquide la deuda, no encuentre trabajo o reciba un salario menor al estimado. Los inversionistas consideran el riesgo alto, pero las empresas lo califican como controlado.

Francisco Maciel, director general de Finem, afirma que su cartera vencida está por debajo de 4%, y Francisco Cordero, director general de Laudex, asegura que en dos años y medio de operaciones, la firma no tiene casos de impago. Si un alumno no paga, primero la empresa prevé pedirle que cumpla su compromiso y, de ser necesario, seguir luego la vía judicial, como con cualquier otra deuda.

Morgan Simon, CEO de Toniic, no está preocupada por el impago, pues los estudiantes tienen un perfil que garantiza que lograrán colocarse en un buen empleo. "Después de la graduación, todos tienen que buscar trabajo para sobrevivir. En ese sentido no es riesgoso", afirma.

Una manera en que las sociedades financieras -Finem, Finae y Laudex- reducen sus riesgos es pedir a los estudiantes que presenten un aval que tenga un bien inmueble.

Maciel, director general de Finem, sabe que el requisito limita el acceso al financiamiento. "No es porque no queramos dar crédito, pero de otra forma nos sería imposible prestar sin un soporte", dice.

Dinero caro

Algunos estudiantes que ya financiaron sus carreras a través de estos préstamos señalan como su principal desventaja las altas tasas de interés, que pueden ser de casi el doble que la tasa bancaria.

El crédito educativo de Santander tiene una tasa de 9.9%. Finem ofrece tasas de 13.9%, Finae, de 17%, y Laudex, de entre 17 y 19%.

Sergio Figueroa, que estudió Economía en el ITAM, necesitaba un crédito para una maestría, pero no tenía un fiador con inmueble. Optó por Lumni, que le prestó 12,000 de los 120,000 dólares que costaba su matrícula.

El trato era descontar 14% de su salario por tres años. "Con el salario estimado que yo tenía (4,160 dólares mensuales), me iban a descontar aproximadamente 600 dólares mensuales", detalla. Así, al final del plazo, habría pagado 21,600 dólares, 9,600 dólares más que el préstamo original.

Sin embargo, cuando terminó su maestría en Administración Pública en la Universidad de Columbia, Nueva York, consiguió un puesto con un sueldo tres veces mayor al estimado. Pudo liquidar su financiamiento de forma anticipada por poco más de 14,000 dólares.

"Ir a la universidad sí sigue siendo una de las mejores inversiones y hubiera sido mucho más difícil sin Lumni", dice Figueroa, quien vive en Nueva York y tiene planes de regresar a México a trabajar en la administración pública.

Tras sondear las opciones en el país, Karla Gallardo decidió que el mercado privado no era la mejor opción para estudiar un MBA en Holanda. "Me parecía muy caro -dice-. "Mi única opción fue la del Fiderh, el financiamiento del Banco de México".

El Fondo para el Desarrollo de Recursos Humanos no busca rentabilidad: presta a tasas cercanas a 3% y se parece a una beca por su sistema de selección y seguimiento estricto del desempeño del alumno.

Gallardo acordó hacer pagos trimestrales de 6,000 pesos por 10 años. Así, pagará 240,000 pesos por un préstamo de 200,000 pesos.

Las financieras justifican las tasas altas en las dificultades que enfrentan para levantar capital.

"Estamos muy por debajo de las tarjetas de crédito", dice Cordero, el director general de Laudex. El emprendedor, de 32 años, agrega que las hipotecas ofrecen  tasas menores porque son un crédito  menos riesgoso al tener un inmueble como garantía.

Vizcaya, de Finae, coincide. "Si a nosotros nos prestaran más barato -dice-, podríamos ofrecer tasas más bajas".

Competencia escasa

Las altas tasas de interés son consecuencia de un mercado poco competido que no obliga a bajar los precios, pero sobre todo responden a la escasez de fuentes de fondos, confirma Chacón, del IMCO.

Finae, Laudex y Finem son sofomes, sociedades anónimas cuyo objeto social principal es el otorgamiento de crédito, pero que tienen prohibido captar recursos del público ahorrador.

Rebeca Pizano, directora general adjunta de Fomento de Nacional Financiera (Nafin), explica que Santander puede ofrecer una tasa más baja por dos razones: no necesita pedir dinero porque tiene suficientes recursos del público ahorrador y además sus préstamos tienen garantía del gobierno federal a través de Nafin.

"Si el estudiante no paga, nosotros le pagamos (80% del crédito) a Santander -dice-. Eso reduce considerablemente el riesgo, lo que permite tener tasas de 10%".

Aunque mantuvieron pláticas, Finae y Laudex no lograron un acuerdo con Nafin. Finem, de Francisco Maciel, es la única que lo logró y por eso ofrece una tasa de interés más baja.

Aun así, la colocación de créditos de Santander es baja, probablemente porque éstos no son un negocio para el banco.

"Este producto es de responsabilidad social", dice Alejandro Carriedo, director de Santander Universidades. "No estamos buscando ganar, por eso la diferencia en la tasa entre nosotros y las empresas financieras".

Mientras tanto, hay bancos que ya lanzaron programas piloto de financiamiento universitario, como HSBC y Afirme. Bancomer y Banorte están desarrollando sus propios productos para este sector, asegura Pizano.

Ante la escasez de recursos, las financieras ya exploran otras formas de nutrirse.

Finae planea recaudar 600 millones de pesos (mdp) en tres años a través de la bursatilización de su cartera, dice su director de Finanzas, Enrique Prieto Flores. La empresa cederá parte de su cartera a un fideicomiso, que emitirá títulos al público inversionista.

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Finae estima que los títulos rendirán 6.7%. En la primera de varias etapas, espera recaudar 150 mdp en noviembre.

PEDIR PRESTADO EN ESTADOS UNIDOS
Para Beatriz Muñozcano, lo más difícil no fue que la aceptaran en New York University para hacer su maestría en Derecho. El auténtico reto fue conseguir financiamiento para poder cursarla.
“Visité todos los bancos grandes y me sorprendió darme cuenta de que no tenían créditos estudiantiles. Pero escuché que había posibilidad de pedir crédito a un banco estadounidense y lo hice”, cuenta vía telefónica desde Nueva York.
Beatriz pidió a un primo que tenía una propiedad en Estados Unidos que fuera su aval y en 10 días ya tenía aprobado un crédito de Citibank por 30,000 dólares a tasa variable de 6%.
Para quienes no tienen un aval, las opciones son todavía más limitadas. Antonio Surisadai Gómez, investigador del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, explica que la población objetivo de estos créditos está acotada a los grupos de mayores ingresos.

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