Cambiar o morir

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Didier Ramírez

El cruce de Benjamín Franklin y Revolución, en el poniente de la Ciudad de México, albergó por décadas a Ford Alden, una concesionaria de autos. Pero en 2011, la distribuidora de más de 16,000 metros cuadrados cerró sus puertas. Ahora despacha a unos cuantos metros de allí, en un local cuatro veces más pequeño.

La venta de vehículos en México no se ha recuperado de la crisis financiera de 2008. Ese año se vendieron 1.03 millones de autos nuevos, mientras que el año pasado sólo se comercializaron 905,886 unidades. Esto ha obligado a los distribuidores a cambiar su modelo de negocios.

Las distribuidoras de autos en México tuvieron que hacer sus operaciones más eficientes, reducir sus estructuras, diversificar sus negocios e incrementar su rentabilidad, dice Guillermo Prieto, presidente ejecutivo de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA). Por ejemplo, desde 2008, Grupo Alden se planteó como meta reducir sus costos de operación 5% por año.

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Hoy, el mercado de autos está mucho más competido. Hay 52 marcas con una oferta de casi 1,500 modelos, dice Armando Soto, presidente de la consultora automotriz Kaso & Asociados.

Pero incrementar el volumen de venta de autos no sólo depende de los distribuidores, según dicen ellos. Prieto, de la AMDA, pide que el gobierno diseñe programas como el de garantías crediticias de Nacional Financiera, que contempla 100 millones de pesos para incentivar el crédito bancario automotriz.

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