Equilibrio precario

Un fallo inesperado, la corrupción y las deudas de los operadores ponen en vilo a la telefonía móvil en India.
Por James Crabtree / Financial Times

Su acento es inconfundiblemente ruso, pero Vsevolod Rozanov enfrenta uno de los trabajos más difíciles en los negocios indios.

El presidente ejecutivo de Sistema Shyam TeleServices recibió la noticia de que el tribunal supremo canceló, abruptamente, las licencias de su compañía de telefonía celular este año, junto con las de otros operadores extranjeros, incluido Telenor, de Noruega. Ambos grupos, así como el británico Vodafone y el líder del mercado, Bharti Airtel, ahora deben elegir si desean participar en noviembre en una subasta organizada apresuradamente, en la que quizás tendrían que ofrecer más de 140,000 millones de rupias (2,500 mdd) para recuperar sus licencias.

El hombre de 41 años y voz profunda se enfrenta a una decisión particularmente dolorosa. Después de  invertir más de 3,000 mdd en el ferozmente competitivo mercado de las telecomunicaciones, ¿su compañía debería doblar la apuesta o regresar a casa?

Mientras Rozanov considera sus opciones, dice que empresas como la suya enfrentan un problema aún más grande con los reguladores y los políticos que no reconocen lo turbulento que se ha vuelto el sector de la telefonía móvil de India.

"Todavía creen que estamos viviendo en una época anterior, cuando los operadores celulares se estaban enriqueciendo mucho", refiriéndose a algunos de los funcionarios con los que se ha reunido en las últimas semanas mientras busca una compensación por sus licencias canceladas.

Después de un inicio vacilante en la década de los 90, el sector de la telefonía móvil creció a partir de mediados de la última década, convirtiéndose en el más grande después de China, con más de 900 millones de conexiones. Posteriormente vino una profunda transformación económica y social a medida que la penetración apuntaló el crecimiento y puso las comunicaciones modernas en manos de millones de personas.

Pero ahora ese crecimiento se desaceleró, los ingresos se estancaron y las deudas aumentaron en medio de guerras de precios, regulación imprevisible e investigaciones de corrupción de alto perfil.

El resultado hizo mella en la confianza de los inversionistas, dañó la imagen de India como una economía de rápido crecimiento y planteó preguntas incómodas sobre el futuro de esta joven industria -y la incapacidad de un gobierno cada vez más disfuncional para alimentar uno de sus sectores más admirados-, al mismo tiempo que la desaceleración del crecimiento nacional necesita un impulso.

La revolución de las telecomunicaciones móviles está a mitad de camino: cientos de millones de consumidores potenciales, especialmente en las zonas rurales, siguen sin conexiones, mientras que los lucrativos servicios de datos están por despegar, por lo que operadores como Sistema y Telenor parecen dispuestos a quedarse en la India.

Mientras tanto, los inversionistas internacionales y los maltratados operadores extranjeros están atentos a señales que indiquen que los reguladores y los operadores nacionales puedan moverse rápidamente para revertir el deterioro de un sector que sintetizó, más que cualquier otro, la transición de India de una economía cerrada a superpotencia.

Sector en apuros

Los líderes de la industria advierten que una de las historias de éxito más celebradas de cualquier mercado emergente en las últimas décadas enfrentará un futuro cada vez más peligroso.

"India fue, en algún momento, el niño ejemplar de las telecomunicaciones globales, pero en los últimos tres años se ha convertido en el adolescente problemático", dice Marten Pieters, director ejecutivo de Vodafone India, el segundo mayor operador del país. "Esta industria está en problemas. Usted va a ver una sacudida".

Los problemas comenzaron en 2008, cuando el gobierno destinó más licencias celulares 2G, o de segunda generación, que ofrecen servicios básicos de voz y de texto, para impulsar la competencia.

El plan funcionó demasiado bien: los típicos mercados tienen tres o cuatro operadores, pero India se amplió a 15, lo cual creó un mercado famoso por las batallas de tarifas que dejaron por el suelo los precios para los consumidores.

Esto resultó desastroso para la industria, cuya rentabilidad cayó rápidamente. "Debido a la cantidad de competidores, hay una deformidad estructural que se ha establecido", dice Sanjay Kapoor, director ejecutivo de Bharti Airtel. "La consolidación tiene que suceder, y al final sólo unos cinco jugadores van a sobrevivir". Sin embargo, las regulaciones desfavorables han puesto en suspenso esta sacudida. Es sólo una parte del problema de la reglamentación impredecible en Nueva Delhi. La queja más frecuente de los operadores es que se ha puesto a disposición un espectro inadecuado: China Mobile, el mayor operador de telefonía celular por abonados, posee 70% más que la suma de todas las empresas de telecomunicaciones de India.

Después está la corrupción. Las licencias de 2008 las entregó Andimuthu Raja, el ex ministro de Telecomunicaciones, hasta hace poco en prisión en espera de juicio por prácticas abusivas en esa venta. Los auditores del gobierno alegaron irregularidades generalizadas y miles de millones en ingresos perdidos, lo cual echó a andar el proceso que llevó a la Corte Suprema a promulgar sus cancelaciones en febrero.

El fallo tomó por sorpresa la industria y desató una nueva serie de discusiones con Delhi. Éstas eran, en parte, sobre la justicia de la decisión del tribunal: Telenor está en disputa con sus socios de India por la pérdida de la licencia, mientras que Sistema insiste en que la decisión no debe aplicarse en su caso.

Pero la mayor queja fue sobre el precio de las licencias que se subastarán. Pese a los problemas financieros del sector, el gobierno dio a conocer el mes pasado un precio de reserva aproximadamente 10 veces superior al que cobró en 2008, lo cual genera dudas entre analistas acerca de si el proceso funciona.

Hasta el momento, Rozanov no ha dicho si su grupo va a participar, aunque tanto Sistema como Telenor han declarado que les gustaría quedarse en India. Pero otros grupos extranjeros ya empacaron las maletas: Etisalat, de los Emiratos Árabes Unidos, tiró la toalla este año, con lo que perdió la mayoría de los 1,000 millones de dólares que costó su aventura india.

De cualquier manera, la subasta tendrá implicaciones importantes para el sector, incluidos grupos como Bharti y Vodafone, que ni sufrieron cancelaciones ni parece probable que participen.

Esto se debe a que el precio que se pague en noviembre casi con seguridad será la base de la cuenta que deban cancelar cuando renueven sus propias licencias de telefonía móvil a 20 años a partir de 2014.

Las decisiones que se adopten en los próximos dos meses, por lo tanto, juegan un papel crucial para darle forma a la industria de telefonía móvil de India, y la capacidad del sector para profundizar aún más su alcance en el país.

"El teléfono celular es, en mi opinión, el instrumento más emblemático de la transformación de la India en los últimos 20 años", dice Shashi Tharoor, un político y autor de The Elephant, The Tiger and The Cell Phone (‘El elefante, el tigre y el teléfono celular'), sobre el crecimiento económico del país.

Tharoor recuerda un mundo donde pocas personas tenían líneas fijas y las que existían rara vez funcionaban. Recuerda, cuando era estudiante, tener que agendar llamadas entre diferentes ciudades con horas de antelación, aunque los que podían pagar tarifas premium podían optar por una conexión ‘relámpago' que sólo tomaba 30 minutos. "En India, hasta un relámpago tardaba mucho tiempo en impactar", apunta.

Revolución celular

A principios de 1990 la liberalización barrió con esos problemas y creó en su lugar un modelo indio de negocio único. Iniciado por grupos como Bharti, ofreció una eficiencia despiadada, outsourcing y reparto de infraestructura, además de la caída de los precios.

En el proceso, las telecomunicaciones modernas alcanzaron no sólo a las empresas lastradas por la tecnología anticuada, sino también a millones de personas que carecen aún de electricidad o agua corriente. "Esta revolución móvil perdurará porque les dio poder a las clases bajas de India en una forma en que 45 años de conversaciones sobre socialismo nunca lo hicieron", dice Tharoor.

Es fácil ver el efecto de esta revuelta de bajos precios en Mumbai, la capital financiera. "Si un barrendero o un wallah (vendedor) de plátanos puede escuchar la radio FM, las canciones de Bollywood, ver el cricket y multimedia en un teléfono celular  chino  de imitación de 19 dólares, ¿por qué no habría de hacerlo?", dice Santosh, un vendedor de celulares.

"En estos días llamar, internet, hacer descargas, todo está disponible por un precio muy barato", añade. Los líderes de la industria lo saben muy bien: sus esperanzas están puestas ahora en persuadir a los clientes de la clase media de rápido crecimiento en tiendas como ésta de que sigan usando sus teléfonos, incluso a medida que suben los precios, a la vez que se adaptan a servicios de datos más avanzados y  caros.

"Hay momentos en que [los precios] suben, ya sea que los impuestos suban o que uno obtenga menos tiempo de conversación por el mismo precio", dice Naveen Jain, de 37 años, que dirige otra de las pequeñas tiendas de celulares que inundan la ciudad.

La propiedad de varias sim significa que quizás sólo unos 600 millones de personas en realidad poseen un teléfono, lo que deja a la mitad de los 1,200 millones de habitantes aún pendientes de conectarse, la mayoría en zonas rurales.

Kapoor, director ejecutivo de Bharti, la califica como "la mayor oportunidad de mercado en el mundo", con el argumento de que la población abrumadoramente joven acudirá a una gran cantidad de nuevas ofertas potencialmente lucrativas, desde banca móvil hasta juegos.

Si lo hace, eso solucionará parcialmente otro problema: las precarias finanzas del sector. "La deuda total de la industria está cerca de 2 billones de rupias (38,186 mdd), que es una cifra extraordinaria", dice Pieters, de Vodafone. "Los balances de muchos de los jugadores han sido completamente destruidos". Pero la subasta de noviembre empeorará la situación, con una deuda total ajustada a más del doble, hasta 92,601  mdd en sólo un año.

"La industria va a ser golpeada por una crisis de financiamiento", dice Mohammad Chowdhury, de PwC en Mumbai. Señala que muchas empresas ya redujeron los gastos de capital, lo que pone en peligro planes de despliegue en zonas rurales. "Muchas empresas casi con seguridad tendrán que vender participaciones o hacer algún tipo de cotización en bolsa". Frente a esta crisis, Bharti ya anunció planes para sacar a bolsa los negocios de repetidoras.

Vodafone también planea una emisión, aunque está a la espera de la resolución de una larga disputa de impuestos. Los niveles de deuda también hacen más apremiante la consolidación, dado que es poco probable que los ingresos aumenten hasta que la competencia haya disminuido. Sin embargo, la industria dice que necesita una mayor claridad regulatoria sobre cuestiones relativas a la asignación futura de espectro y las fusiones. Detrás de las preocupaciones y dilemas yace un problema de negocios más convencional, argumenta Chowdhury.

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"Estas empresas se han hecho un nombre al adquirir millones y millones de suscriptores y construir redes muy rápidamente", dice. "Pero ahora que se acabó la euforia inicial sobre el crecimiento, tienen que demostrar que son capaces de innovar y crear nuevos modelos de negocio que den buenos rendimientos a los accionistas".

Si lo consiguen, asegura, el futuro de este gran mercado será tan emocionante como sus abundantes primeras dos décadas: "Para la revolución de las telecomunicaciones de India, la fiesta podría haber terminado, pero la diversión apenas comienza".

LA FAMILIA AMBANI
Pocos en India dividen las opiniones como Mukesh Ambani, presidente de Reliance Industries. Ahora, el empresario multimillonario divide también a los analistas, en momentos en que tanto los expertos en telecomunicaciones como sus preocupados competidores intentan adivinar si el hombre más rico del país participará en la subasta de telecomunicaciones en noviembre, lo que podría preparar el terreno para un enfrentamiento con su distanciado hermano menor, Anil.
Hay una lógica detrás de semejante jugada: aunque la mayor parte de la fortuna de Ambani proviene del petróleo, el gas y los petroquímicos, también es propietario de una licencia nacional para los servicios superveloces de datos 4G. Sin embargo, la mayoría de los analistas piensa que este negocio enfrentará problemas si no viene acompañado de una oferta de voz.
También podría comprar un operador y la potencial adquisición más tentadora es también la más controvertida: Reliance Communications, el endeudado operador que se llevó su hermano menor como parte del acuerdo en 2005 en el que los dos dividieron el conglomerado familiar. Ese acuerdo inició la contienda familiar más famosa de los negocios indios.
Cualquier atisbo de interés por parte del acaudalado hermano mayor mantendría a flote el alicaído precio de las acciones de RCom, al tiempo que encendería las especulaciones sobre una unificación de las dos mitades del imperio que su difunto padre, Dhirubhai, construyó de la nada.
En cualquier escenario, es probable que el regreso del hombre de negocios más poderoso de India al mercado de la telefonía móvil cree un periodo incómodo, tanto para los competidores como para sus familiares.
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