Se vale reír y llorar

Mostrar emociones en el trabajo no hace poco profesional a un empleado, dice Anne Kreamer.
Ximena Cassab

La era en que ocultar los sentimientos en el área de trabajo era muestra de buen desempeño y profesionalismo quedó atrás. La vida personal y la laboral están tan interconectadas que resulta imposible separar una de otra. Además, no se puede tomar ninguna decisión sin involucrar los sentimientos, dice Anne Kreamer, autora de It's Always Personal (‘Siempre es personal').

Ahora, el reto para los directivos es identificar qué causa ciertas reacciones en su equipo, como el llanto o la furia. "Los directivos podrían verlo como una oportunidad para tratar un problema subyacente que requiere atención", explica Kreamer.

¿Qué papel desempeñan los sentimientos dentro del entorno laboral?

A lo largo de la historia se consideró que el trabajo de una persona pertenecía solamente al ámbito racional, mientras que las emociones quedaban relegadas únicamente a la vida personal. Sin embargo, sin las emociones no podríamos ni siquiera elegir qué queremos comer y mucho menos tomar decisiones estratégicas dentro de una compañía.

La gestión organizacional está en un periodo de transformación. Estamos pasando de la perspectiva general de que el entorno laboral no debe tener emociones involucradas a entender el valor real que las emociones tienen dentro de las organizaciones. Particularmente las emociones consideradas positivas, como la compasión, la empatía y la alegría.

¿Cuál es el tabú que se ha generado en torno a estos sentimientos en el ámbito laboral?

El tabú de las emociones en el trabajo se remonta a finales de los años 60, cuando las mujeres comenzamos a entrar al mundo laboral en Estados Unidos. Cada vez éramos más, pero los hombres aún eran la fuerza dominante. Para poder ser exitosas, teníamos que adoptar el comportamiento y las normas de la fuerza dominante: hacernos ‘las machas' y no permitir que nos vieran llorar por nada del mundo.

Ahora comenzamos a comprender que existen diferencias neurobiológicas que podrían ayudarnos a adoptar una perspectiva distinta respecto de los tabúes. Conocer esta información es útil para estar conscientes de la regulación de las emociones en el entorno laboral.

Los condicionamientos sociales ya no son como antes. Hace tiempo una persona iba al trabajo y estaba en el ámbito de lo racional. Después, al llegar a casa, cambiaba al ámbito de lo personal. Ya no existe tal cosa. Ahora los directivos llevan parte de su vida personal al trabajo. Sus familias y amistades les mandan mensajes al celular, correos electrónicos, chatean con ellos y están en contacto constante. De la misma manera, cuando están en casa, la empresa espera que estén disponibles 24/7 para cualquier asunto laboral. La distinción entre estos ámbitos ha desaparecido.

Nos encontramos en un punto de inflexión en el que intentamos descifrar cómo ser nosotros mismos de manera más consistente en todos los ámbitos. Ya no podemos separarlos.

¿Involucrar los sentimientos personales en el trabajo hace un equipo menos profesional?

No creo que en la actualidad se pueda argumentar que las emociones en el trabajo hagan que una persona sea poco profesional. Es difícil decir que hay que dejarlas de lado, pues son como un reflejo muscular o como la respiración, no puedes pararlas. No puedes tomar decisiones, como la aprobación de un plan de trabajo, sin un componente emocional.

De acuerdo con la investigación que realicé, 60% de los empleados ha visto a su jefe enojado alguna vez durante el año. Muchos hombres creen que el enojo es una estrategia adecuada. Con base en mi trabajo, puedo decir que el enojo dirigido hacia un individuo nunca es productivo, hace sentir a la persona devaluada y menospreciada. El enojo en el entorno laboral no es una emoción eficaz.

Un buen ejemplo es Jim Cramer, conductor del programa Mad Money, en CNBC, y un excelente gestor de fondos de cobertura. Cuando era gestor de fondos era una persona muy explosiva. Al notar que esto no era una virtud sino que lo convertía en mal jefe, buscó apoyo para lidiar con su explosividad y descubrió que era bipolar. Gracias a esto pudo tratarse y hoy es mucho mejor gestor.

Aprender cómo manejar las emociones negativas es una habilidad básica entre los directivos. También es importante no juzgar tan severamente, especialmente en el caso de que alguien en el trabajo llore. Las lágrimas son ocasionales y son oportunidades para dialogar y avanzar en la solución de los problemas, no para poner en duda la habilidad de una persona para manejar su flujo de trabajo.

¿Cómo pueden promover los directivos un ambiente abierto a los sentimientos?

Es muy importante reconocer las necesidades de la vida laboral en este mundo tan conectado a nivel global en el siglo XXI. Pueden implementar programas de orientación para que los empleados manejen mejor sus emociones. Un ejemplo es la meditación. También pueden establecer objetivos y pautas claras que ayuden a las personas en el proceso de toma de decisiones.

Cuando yo trabajé en Nickelodeon había un gran énfasis en la gestión de equipo. Teníamos a una especie de terapeuta corporativo que nos ayudaba a lidiar con nuestras barreras emocionales para que no se interpusieran en nuestras metas y estrategias.

¿Trabajaste con empresas en México?

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No. Los países del extranjero con los que trabajé son China y Rusia. Pero creo que esto es un fenómeno global. Obviamente hay diferentes culturas y éstas tienen distintos niveles de tolerancia ante la expresión de los sentimientos.

Todos operamos de acuerdo a nuestra cultura, ésta nos da los matices. Pero es importante recordar que estamos interconectados a nivel global y que esto genera una sensibilidad. A final de cuentas, todos somos seres humanos y vivimos problemas similares.

SECTORES Y SENTIMIENTOS
Ciertas industrias se prestan más a la apertura sentimental que otras, dice Anne Kreamer.
“En el sector de gestión de fondos, todo mundo espera que los agentes sean expresivos y dinámicos, mientras que en un despacho tradicional de abogados o un banco comercial éste no sería el caso. Las diferentes industrias requieren distintos niveles de expresión”.
“Las fuerzas que mueven la nueva economía y están alrededor de la industria de servicios deben adoptar la compasión, pues ésta también es un conductor del éxito individual. Cuanto mayor sea el grado de entendimiento que tienes sobre las personas y entre mayor lo uses como una ventaja o una cualidad, mayor será la probabilidad de éxito. Algunos negocios son muy analíticos, otros, no tanto”.
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