Un mundo plano

Las ejecutivas pagan más por caminar con comodidad, porque los zapatos a ras del suelo tambié garantizan una imagen empresarial en el entorno laboral.
Julia Robson / Financial Times

El diseñador español Manolo Blahnik regresó de Moscú con noticias impensables hace un año: las mujeres rusas -famosas por su afición a los tacones altísimos- empiezan a amar los zapatos de piso.

"¡Querían cualquier zapato bajo que les mostrara!", dice Blahnik. "Desde mis inicios, en todas las temporadas, siempre he incluido modelos de piso, pero los tacones eran los ganadores. Sin embargo, hace dos temporadas, noté un cambio. Al igual que con ciertos tacones, cualquier estilo sin tacón que hiciéramos se terminaba siempre".

Durante el verano, las sandalias Esodo Capri de Blahnik, en rojo y azul, no sólo volaron en Rusia, sino que se agotaron en todas partes, desde la tienda de lujo Liberty en Londres hasta Plum Concept en Beirut.

Ahora, la apuesta del español es repetir la hazaña con el modelo que diseñó para la temporada otoño/invierno, un calzado de piel con agujetas llamado Bath que viene en rojo o negro y cuesta 10,000 pesos.

Blahnik  no es el único maestro del calzado que atestigua ese aumento en la preferencia por los zapatos de piso. "En esta primavera/verano, muchos diseñadores mostraron sus colecciones en pasarela con ese tipo de zapato, especialmente Christopher Kane y Stella McCartney", comenta Ruth Chapman, directora y cofundadora de la boutique británica de lujo Matches. "Existe una tendencia a la comodidad de los zapatos sin tacón a la que responden los clientes y vemos esos cambios en los gustos".

La sabiduría popular del consumidor ya no dicta que hay que ser alto para ser tomado en serio. Hasta la cantante estadounidense Beyoncé compra lo que llama "tacones más bajos". "A Jay-Z le encanta cuando uso flats", dijo a principios de este año, quizá más motivada por la maternidad que por las reglas de la moda internacional.

La marca brasileña de sandalias Havaianas lleva el fenómeno al extremo con una estadística alucinante: asegura que vende seis pares de sandalias por segundo, lo cual significa que si formara una hilera con cada uno de los pares de chanclas vendidas en los últimos 50 años, le daría la vuelta al mundo 40 veces. En 2011, vendió 190 millones de pares (casi dos veces la población de México).

La preferencia por los zapatos de piso también ha impactado en los sitios de ventas en internet. De hecho, la tienda virtual Net-a-Porter tiene una sección entera dedicada a 82 variantes del calzado tipo zapatilla de ballet, mientras que su rival Luisaviaroma tiene 117. Esto sin contar 151 modelos de calzado deportivo de diseñador que vende a un precio promedio de 6,500 pesos y otros 41 estilos distintos de mocasines.

No es extraño que los diseñadores de calzado de moda que alguna vez fueron famosos por sus tacones, como las británicas Charlotte Olympia y Tabitha Simmons, ahora abogan por los zapatos de piso para la temporada otoño/invierno, en especial cuando el tacón bajo cuesta más que sus rivales de altura.

Por ejemplo, Kitty, unos zapatos estilo pantuflas masculinas de Olympia, lanzados por primera vez el otoño pasado, vienen en terciopelo o satín con la cara de un gato bordada en dorado y cuestan 11,500 pesos. Los mocasines de la francesa Chloé, decorados con puntas doradas, rondan el mismo precio.

Cuando las marcas conocidas por sus tambaleantes tacones de aguja adquieren una nueva fama por sus modelos sin tacón  -como el francés Christian Louboutin y el malayo Jimmy Choo-, claramente algo pasa. Los modelos bajos del italiano Giuseppe Zanotti cuestan 17,000 pesos, mientras que sus zapatos de gamuza de 15 centímetros de tacón con plataforma y abertura en la punta valen la mitad. Los clásicos Pigalle de Louboutin, de piel negra, están en 5,000 pesos, pero su modelo Havana de charol con agujetas casi duplica ese precio (9,000 pesos).

Los zapatos bajos desaparecieron durante tanto tiempo que su sola aparición en el desfile del escocés Christopher Kane, en el Festival de la Moda de Londres, en septiembre de 2011, provocó polémica. En 2007, recuerda Chapman, fue la última vez que los diseñadores trataron el tema, cuando la casa francesa Lanvin lanzó la emblemática zapatilla tipo ballet.

¿Pero el surgimiento de los zapatos sin tacón anuncia el fin de los tacones? ¿O ambos pueden coexistir?

Ruth Lockwood, responsable de compras de New Look, cuyo modelo de mayor venta en este momento es un tipo zapatilla de ballet de 170 pesos, dice que el cambio radica en que ahora los zapatos de piso son una alternativa al vestir, y ya no sólo "para tenerlos en la bolsa para un cambio rápido".

Claro que la preferencia por la altura del tacón también está vinculada con razones de presencia y postura. "Con los tacones muy altos adoptas una actitud teatral. Caminas diferente", advierte el español Blahnik.

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En su propia experiencia laboral y personal como directora en Matches, Chapman comenta que usa zapatos bajos para el día a día, zapatillas para ocasiones especiales y deportivos para viajar. Cuando quiere correr con tacones todo el día prefiere las plataformas o los tacones medios.

 "A nivel internacional y nacional -dice- vendemos flats y tacones para los mismos clientes, pero para ocasiones diferentes. Diría que las mujeres usan ambos y es la ocasión lo que se impone".

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